La CIA tiene una puerta trasera hacia los coches conectados

Conectar los coches a Internet implica una serie de riesgos, como que un intruso se cuele en el sistema. En el caso más benévolo, solo robaría información, pero si rizamos el rizo, se pueden incluso provocar accidentes remotamente. La CIA trabaja en ello.


Con la Internet de las cosas, los coches serán un gadget conectado más, como móviles, pulseras, relojes, etc

La conectividad se está implantando en los coches, de la misma forma que un día lo hizo la electrónica. Siempre habrá quien quiera resistirse al cambio, pero la industria va en esa dirección. Hay muchos motivos para conectar los coches a Internet, y muy pocos motivos para no hacerlo. Uno de los motivos de esa última lista es la seguridad.

En artículos anteriores hemos hablado de los peligros que supone conectar a Internet algo tan delicado como un vehículo. Ya existen antecedentes en los que unos hackers han demostrado que es posible colarse en un coche y realizar algunas operaciones en marcha. Es muy difícil que ocurra, pero es posible desde el punto de vista técnico.

Wikileaks ha revelado que la CIA tiene entre sus planes asaltar vehículos conectados a Internet para poder quitarse de enmedio a algún elemento incómodo u hostil. Sería algo más sofisticado que el clásico purgado de frenos para que la víctima se estrelle sin remedio, más higiénico, y deja menos huellas. No, no es ciencia ficción, de hecho ya pueden hacerlo.

Los expertos en seguridad informática llevan diciéndolo toda la vida: todo aquel sistema que esté conectado a la red se puede asaltar, es un problema de paciencia y de tiempo. Hasta los sistemas de seguridad lógica más eficaces del mundo disponen de alguna vulnerabilidad. La invulnerabilidad ante ataques no se puede garantizar.

A los fabricantes, obviamente, esto les preocupa, y toman medidas para dificultar los ataques con mala intención sobre sus sistemas electrónicos. Algunos modelos solo permiten un acceso exterior para el sistema multimedia o de infoentretenimiento, por lo que el resto de las funciones del vehículo están a salvo. El problema está en los que permiten una mayor interconexión.

Recientemente conocimos las intenciones de Nissan de que operadores humanos puedan resolver situaciones en las que los coches autónomos no sepan qué hacer. Remotamente, se colocará esos vehículos perdidos de nuevo en la circulación. Problema número 1: si es posible un control total de forma legítima, también es posible -aunque sea muy difícil- que se haga de forma malintencionada.

Más de uno se dirá a sí mismo que no tiene problemas con ninguna agencia gubernamental: no es espía, ni terrorista, ni un peligroso delincuente; un ciudadadano común e inofensivo. Sigue existiendo un riesgo de que malhechores pretendan robar información a bordo -como números de tarjetas de crédito o códigos para abrir la puerta del garaje- o alterar la ruta.

Las posibilidades son infinitas

De lograr la sofisticación adecuada, las mafias que se dedican a robar coches en las autopistas lo tendrían mucho más fácil. También podrían hacerlo los que quieran practicar un secuestro, o incluso robar el propio vehículo. Aunque el riesgo sea del 0,01%, debe preocuparnos.

Todavía se comercializan muchos modelos en los que todo esto es imposible. La gran mayoría de los coches solo son vulnerables si se ha producido una alteración en el propio vehículo, como manipular centralitas para que respondan comandos exteriores, o instalar un módulo OBD sin que se percate el dueño. Unos años más adelante todo se podrá realizar a través de Internet, o a corto alcance mediante conexión WiFi o incluso Bluetooth.

Los fabricantes tendrán que dedicar cuantiosas sumas de dinero para asegurarse que sus sistemas conectados son rocas monolíticas en cuanto a seguridad. Cuando se detecte el menor fallo en la cadena, debe solucionarse. Lo más eficaz es realizar actualizaciones a través de Internet, o a través de discos USB que el propietario ha preparado anteriormente. Esperar a llamadas a revisión es un procedimiento muy lento y poco eficaz si el propietario no se entera.

En los coches autónomos no se podrá recuperar el control manual si los pedales y volante han desaparecido. Sin embargo, aunque a nivel lógico serán menos seguros, lo cierto es que compensarán eso de sobra con una mayor seguridad activa. Pueden reaccionar mucho más rápido que un ser humano y anticiparse a los peligros con la información que tiene la red u otros conductores. El resultado neto debería ser mejor al actual.

Si la CIA investiga en este campo, cabe esperar que más agencias gubernamentales lo hagan. Los terroristas del futuro no tendrán que mancharse las manos tan a menudo, pueden provocar también muchos daños con un portátil que tenga WiFi. Pero no por ello dejaremos de viajar en coche. La seguridad absoluta no existe, incluso no salir a la calle puede implicar un riesgo. Tendremos que aceptarlo, cada tecnología tiene sus pegas.

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