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Donald Trump amenaza con una nueva oleada de aranceles a China

La guerra comercial entre China y Estados Unidos está próxima a dar un nuevo salto hacia delante. El presidente de EEUU, Donald Trump, amenazó con elevar al 25% los aranceles para todos los bienes que vengan de China, lo cual tendría consecuencias.

Donald Trump en la reunión anual de la Asociación Nacional del Rifle (NRA), el pasado 26 de abril

Han pasado más de 300 días desde que Donald Trump echase leña al fuego con la principal potencia asiática, China, con un aumento de los aranceles de mercancías que vienen de ese país. El viernes recordó en Twitter que durante 10 meses 50.000 millones de dólares en productos chinos han pagado aranceles del 25% y el 10% en 200.000 millones en otras mercancías.

El presidente ligó esos ingresos adicionales a los resultados económicos en EEUU. A corto plazo las políticas de Trump parecen estar funcionando y el paro ha bajado a niveles que rozan el pleno empleo (3,6% de tasa de desempleo). Pero a Trump no le parece suficiente, dijo que a partir de el próximo viernes los productos que pagan ahora el 10% pasarán al 25%, y que los bienes que ahora no pagan aranceles -325.000 millones de dólares- subirán también al 25%.

En otras palabras, Trump quiere que todo lo que venga de China pague un 25% de aranceles

El presidente americano quiere corregir el déficit exterior del comercio estadounidense a base de aranceles. Esto es, los productos que vienen de fuera se inflan de precio para que sean menos atractivos para los consumidores, y así elijan productos nacionales o de países con acuerdos de comercio en EEUU. La doctrina económica establece que el proteccionismo no es eficiente a la larga.

Según los cálculos de Trump -que están un poco inflados- Estados Unidos ha perdido anualmente entre 600.000 y 800.000 millones de dólares en comercio por saldo negativo importador (compra a los demás más de lo que vende). Responsabiliza a China con 500.000 millones de esas pérdidas y se muestra contrario a que eso continúe.

Los negociadores chinos tienen poco margen de maniobra mientras se negocia la relación comercial entre la potencia americana y la asiática. Por otro lado, resulta evidente que si EEUU aplica aranceles a todos los productos chinos, el dragón asiático no va a cruzarse de brazos y habrá una respuesta recíproca.

¿En qué afecta eso a la industria del automóvil?

Ahora mismo China importa desde Estados Unidos más vehículos que en sentido contrario, aunque los grandes fabricantes americanos han hecho como los demás, y producen en China para el mercado local con la ayuda -obligatoria durante años- de fabricantes chinos locales. De China a EEUU apenas están saliendo coches (1.800 millones de dólares), no es como el caso japonés (41.300 millones de dólares) ni de lejos. Solo Alemania exporta 10 veces más valor en coches que China hacia los USA.

El problema para las automovilísticas viene de que pueda haber un enfriamiento del mercado chino. Como en este país las matriculaciones han crecido a un ritmo muy alto durante años, y como los volúmenes son muy grandes, se ha convertido en "El Dorado" para fabricantes generalistas, Premium y de lujo. Todos están trincando del auge de la clase media en uno de los países más capitalistas del mundo -aunque siga siendo dictadura socialista en lo demás-.

Pero tras casi tres décadas creciendo, el mercado chino ya no crece; cae. En el primer trimestre acumula una caída del 11%, según LMC Automotive. Para estimular la demanda, el Gobierno de China ha reducido impuestos a un nivel nunca visto antes. Los coches pagarán un 3% menos de impuesto de valor añadido (como nuestro IVA).

Si el mercado chino empieza a ser delicado habrá que hacer lo mismo que en Europa o Norteamérica, que es reducir márgenes y por tanto los beneficios. En plena carrera hacia el coche eléctrico, autónomo, conectado... y con la presión de las grandes potencias para reducir consumos y emisiones, esto no es nada bueno. Los fabricantes necesitan ganar dinero para afrontar esas gigantescas inversiones.

Producción del Volvo XC40 en Luqiao (China)

Conociendo a Donald Trump, es una incógnita lo que va a pasar el viernes. Si EEUU se blinda ante las importaciones chinas, en el país asiático la actividad industrial se verá afectada y con ello la confianza del consumidor. Los chinos responderán, aún no se sabe cómo, y afectará también a la economía del país americano. A largo plazo las guerras comerciales no son buenas, pero pueden tener efectos cortoplacistas.

Para los fabricantes lo ideal es que haya libre comercio, sin trabas, al ser esto lo más eficiente

Mientras tanto, los fabricantes europeos y americanos siguen comiéndole terreno a los fabricantes chinos. En el caso de BMW, los alemanes quieren quedarse con parte de su socio Brilliance porque China relajó las normas sobre las joint-ventures, y los extranjeros ya pueden tener más de la mitad de esas empresas conjuntas.

En el caso de que la guerra comercial repunte, los fabricantes tendrán que trabajar con menores stocks, producir menos, vender menos, y sacar menos margen por unidad. En los últimos meses ya se ha empezado a ver a marcas Premium compitiendo entre ellas con políticas de descuentos. Antes eso no hacía falta para nada. Se avecinan tiempos más difíciles, aunque, por otra parte, resultaba evidente que China no iba a crecer de forma infinita...

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