Europa no logra una respuesta común contra China, pero aprieta por otro lado: ayudas solo al eléctrico hecho aquí
La Comisión Europea tenía planes de presentar ya una propuesta encaminada a proteger a los fabricantes de coches eléctricos frente a los chinos, al exigir unos umbrales de contenido mínimo local. Sin embargo, el anuncio se ha pospuesto.

Desde hace unos meses, Europa se enfrenta a una encrucijada política y comercial, en un contexto en el que los aranceles han ganado protagonismo, en una y otra dirección. Los coches eléctricos chinos siguen siendo vigilados de cerca por la Comisión.
Tanto, que esta vez en vez de atacarlos directamente, lo que se busca es favorecer a los fabricantes que sí que tienen su asentamiento en nuestro territorio. Aún así, Europa está muy dividida, porque parece que no se ponen de acuerdo en el plan.

Un 70 por ciento de producción mínima europea
Esa es la cifra que maneja la Comisión Europea para una Ley de Aceleración Industrial que se debería haber presentado esta misma semana, pero que el comisario de Mercado Interior de la UE, Stéphane Sejourne, se ha encargado de retrasar unos cuantos días más en el tiempo.
«Esperamos que esta semana adicional de debates internos nos permita consolidar aún más la propuesta», aseguraba para la agencia Reuters. Un mensaje que, en realidad, vuelve a dejar patente la enorme división interna que hay en el Viejo Continente.
Lo vivimos con la aprobación a finales del 2024 de los aranceles proteccionistas contra la exportación de coches eléctricos a Europa desde China, convertidos recientemente en propuestas de establecimiento de precios mínimos.
Países como Francia están a favor de proteger a los fabricantes locales, y ellos mismos se aseguraron de revalorizar estos vehículos al incluir unas cláusulas que, sobre el papel, dejaban a los coches procedentes de China fuera de la elección para las ayudas públicas.

En el lado contrario están no solo marcas alemanas de la talla de BMW o Mercedes, que cuentan todavía con una presencia importante en el mercado local chino y que temen nuevas represalias por parte del gobierno del gigante asiático. Algunos países de la UE tampoco lo tienen del todo claro.
La Comisión quiere imponer una norma (una más) que exija que el 70 por ciento del valor de un coche eléctrico se fabrique en suelo europeo si este quiere optar a ayudas públicas a su compra. En la ecuación se excluye, al menos de la misma forma, las baterías, cuya dependencia de agentes chinos y surcoreanos (sobre todo los primeros) es todavía enorme.
Regiones como Suecia y República Checa consideran que medidas de este tipo pueden llevar a que se desincentive la inversión en suelo europeo, que aumenten los precios de las licitaciones públicas y que la UE pierda competitividad frente al resto de mercados mundiales.
También hay debate sobre los países que deberían estar incluidos en la ecuación para contar como “producción local”. Aparte de los países de la UE y los de la AELC (la Asociación Europea de Libre Comercio), entre los que están Noruega, Suiza, Islandia y Liechtenstein, se está presionando para que se incluyan países como Gran Bretaña y Turquía.
Este último, recordemos, está siendo cada vez más popular entre los fabricantes occidentales y orientales, como puerta a Europa para estos últimos. Por ejemplo, BYD planea iniciar la producción de algunos de sus coches este mismo año, con el objetivo añadido de evitar los aranceles proteccionistas de la UE.
Lo que está claro es que la Unión Europea sigue moviendo fichas para proteger más a su industria local, apuntando ahora a unas exigencias de fabricación con piezas locales no solo en el mercado de los coches eléctricos, también para apuntalar sus economías de baterías, energía solar, eólica y nuclear. El próximo 4 de marzo, en principio, deberíamos tener más noticias.
Fuente: AutoNews

