“Es la peor de todas las soluciones”: los expertos estallan contra los precios mínimos a los eléctricos chinos
La propuesta de la Comisión Europea de transformar los aranceles a la entrada de coches eléctricos desde China en precios mínimos podría no ser la mejor de las soluciones para el Viejo Continente, aseguran los expertos.

Tras la imposición de aranceles a la entrada de los coches eléctricos chinos a Europa hace ya más de un año, Bruselas afirmó seguir en la mesa de negociación con los fabricantes del gigante asiático para buscar una opción alternativa.
Y esta finalmente se dio a conocer hace unos días: una política de precios mínimos si las marcas chinas quieren vender sus vehículos eléctricos en nuestro territorio. Una medida que los expertos comerciales y económicos no ven con buenos ojos y con la que Europa sale perdiendo.

Las razones por las que los precios mínimos son una mala idea
El “compromiso de precios” al que se quiere empujar la situación significa que el exportador, las marcas chinas, se deben comprometer a no vender sus coches por debajo de un cierto precio mínimo en el mercado importador, Europa en este caso.
Según ha confirmado la Comisión Europea, se establecerá una negociación de las marcas chinas con la UE, una por una, modelo por modelo. Si estas cumplen con el compromiso, podrían evitar pagar los aranceles que, hasta la fecha, llega hasta el 35,3 por ciento en el peor de los casos, que se suman al 10 por ciento que ya estaba instaurado de base.
Ya lo comentamos en su momento: para las marcas chinas este puede ser un movimiento redondo, ya que estas podrán conservar la diferencia entre el precio original y el precio mínimo acordado, en lugar de tener que pagarlo en forma de aranceles a la UE.

El jefe del grupo de investigación de política comercial del Instituto de Economía Mundial de Kiel, Julian Hinz, explica las tres razones por las que «un precio mínimo de importación es la peor solución posible».
En primer lugar, se apunta a que este compromiso de precios no eliminará el exceso de oferta, sino todo lo contrario: lo consolida. «En lugar de reducir la presión del mercado en la frontera, este instrumento incentiva a los fabricantes chinos de coches eléctricos a seguir introduciendo grandes cantidades en el mercado de la UE», afirma Hinz, que asegura que los incentivos para el exceso de capacidad se refuerzan y no se van a sancionar políticamente.
La segunda razón tiene que ver con la «pesadilla burocrática» que supondrá este nuevo instrumento, el cual resulta «muy complejo de implementar y propicia el abuso», asegura Julian Hinz. «Convierte la política comercial en un terreno de juego para los grupos de presión, invita a negociaciones prolongadas y convierte la medida de defensa comercial en un espacio continuo para la regulación y la presión política».
La tercera y última razón va en línea con lo que decíamos antes: cambiar de los aranceles proteccionistas a una política de precios mínimos significa que la UE estará desperdiciando «enormes cantidades de ingresos». Tanto los aranceles como los precios mínimos generan una «cuña de precios», pero los primeros generan ingresos públicos. Los segundos, por su parte, provocan que Europa «asuma los costes administrativos y, en la práctica, transfiera los ingresos a los mismos fabricantes de automóviles a los que afirma dirigirse».
Aunque los aranceles ya tenían divididos a la industria europea cuando se implantaron en 2024, ahora la nueva medida que quiere implantar Bruselas parece más bien pegarse un tiro en el pie. «Si la UE se toma en serio sus instrumentos de política comercial contra las subvenciones a la exportación ilegales según las normas de la OMC, debería apegarse a instrumentos transparentes y basados en el mercado, que suelen implicar aranceles de importación», remata Hinz, en una llamada a la defensa y mantenimiento de los actuales aranceles adicionales.
Fuente: Kiel Institut

