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    7 hábitos con el coche que te hacen perder dinero a diario

    7 hábitos con el coche que te hacen perder dinero a diario
    Conducir con la ventanilla abierta es uno de los hábitos que pueden costarnos más dinero.Freepik.es
    David Plaza
    David Plaza13 min. lectura

    El coste de un vehículo en propiedad no es sólo el que asumes con la compra, sino también el mantenimiento. Pero, aunque no lo parezca, también podemos perder dinero con determinadas conductas al volante.

    Tener un coche en propiedad puede salirte muy caro, pues no sólo tienes que hacer frente a la inversión inicial, sino que debes realizarle un buen mantenimiento para que dure mucho tiempo en condiciones óptimas.

    Da igual si te has comprado un Dacia Sandero, un Volkswagen Golf o un Tesla Model X, el desembolso necesario para adquirirlo es considerable y, una vez que lo tienes, te quedan muchos años por delante de operaciones de mantenimiento y, quizá, reparaciones.

    En este último apartado, nuestra forma de conducir y muchos de los hábitos que tenemos al volante influyen de manera determinante en la vida útil de los componentes del coche, pero también en nuestro bolsillo. Lo cierto es que muchos conductores tenemos manías que, aunque no seamos conscientes de ello, nos cuestan dinero. Vamos a hablar de todo ello para aprender a ahorrar sin necesidad de desembolsos adicionales.

    1. Exigir al coche en frío

      Esta es una de las costumbres más dañinas para la mecánica de un vehículo y, por desgracia para sus sufridos coches, también una de las más habituales entre los conductores.

      Y es que una de las mejores cosas que puedes hacer por tu coche es utilizarlo con mucho tacto y suavidad mientras el motor está frío, evitando sobre todo aceleraciones enérgicas y cambiando de marcha más pronto de lo habitual. Esto, por razones obvias, es aún más importante en invierno, cuando las temperaturas mínimas pueden ser negativas.

      Cuando el motor del coche está frío, lo mejor es ser paciente.- Freepik.

      Ten en cuenta que la temperatura óptima de funcionamiento de un motor convencional ronda los 80/90 ºC. Mientras llega a ese valor, el aceite no lubrica como es debido al no haber alcanzado el índice de viscosidad necesario para ello. Esto hará que las piezas móviles sufran mayor fricción y desgaste.

      Si eres paciente y esperas a que el motor haya alcanzado al menos los 60 grados, estarás alargando mucho más de lo que piensas la vida de los componentes del propulsor. Y eso es dinero que te ahorras.

      2. Apurar la reserva

        Otra de las costumbres de muchos conductores y que puede salir bastante cara, ya que puede dañar la bomba de combustible, los conductos e, incluso, los inyectores.

        Esto se debe a que los combustibles líquidos contienen sedimentos sólidos que se acaban almacenando en el fondo del depósito. Si te acostumbras a apurar la reserva, además de arriesgarte a quedarte algún día sin combustible (algo que también puede provocar un sobrecoste), estarás introduciendo dichos sedimentos en la bomba de combustible y en el resto del circuito de alimentación.

        Es cierto que en alguna ocasión es inevitable apurar la reserva porque hemos calculado mal o por cualquier otra razón. No pasa nada si es puntual, pero en el caso de hacerlo habitualmente, acabaremos pagando una avería costosa.

        3. No apagar el aire acondicionado antes de parar el motor

          Vamos con una costumbre también muy extendida como es la de mantener el aire acondicionado permanentemente encendido en verano. El simple hecho de no apagarlo antes de parar el motor hará que el sistema se detenga bruscamente, sufriendo más de la cuenta y viendo comprometida su integridad.

          Como en el caso anterior, no es algo que vaya a generarte una avería si lo haces sólo de vez en cuando, pero si tienes esa costumbre podrías encontrarte con un fallo en el aire acondicionado. Lo mejor es pulsar el botón de apagado y, a continuación, detener el motor.

          4. No esperar a que el turbo se enfríe

            Este problema es similar al que hemos señalado del aire acondicionado, pero relativo a los motores que incluyen turbocompresor.

            En este caso se debe a que la turbina del mismo (puedes saber más sobre lo que es un turbo y cómo funciona, aquí) gira a decenas de miles de revoluciones por minuto, por lo que adquiere una temperatura muy alta durante su funcionamiento, especialmente en largos tramos a alta velocidad con aceleración sostenida.

            Siempre que tengas un coche con turbo, debes mantener el motor del coche al ralentí durante 30 segundos o un minuto antes de apagarlo, permitiendo así que la turbina deje de girar y baje la temperatura. De lo contrario forzarás los componentes, incluido el eje de la turbina, arriesgándote a una costosa avería en el futuro.

            5. Circular con poca presión en los neumáticos

              Este error es muy habitual, pues tendemos a pensar que una vez que inflamos los neumáticos, estos mantienen su presión de manera permanente. Nada más lejos de la realidad, pues los cambios de temperatura, baches y el uso en general del coche hacen que la presión vaya disminuyendo progresivamente.

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              Lo ideal es controlar la presión de los neumáticos una vez al mes. De lo contrario, acabarás circulando con menos de la debida, incrementando la superficie de rodadura del neumático y consumiendo más.

              No es algo que notarás sólo en el consumo de combustible, sino que el neumático comenzará a desgastarse más por los lados de la banda de rodadura, obligándote a cambiarlos antes de tiempo o incluso impidiéndote pasar la ITV cuando te toque.

              6. Circular con las ventanillas bajadas

                Esta costumbre es algo inevitable en coches que no cuentan con aire acondicionado, pues en cuanto llegan los días calurosos la temperatura del habitáculo sube rápidamente cuando el coche es irradiado por el sol.

                Pero, si tienes aire acondicionado, lo mejor es que lo uses. Sí, es cierto que el aire acondicionado resta algo de potencia al motor y eso hará que consuma algo más, pero el rozamiento generado por las ventanillas abiertas incrementa el gasto de combustible todavía más.

                En entornos urbanos esto es algo poco relevante, pero en las vías rápidas o autovías el consumo puede dispararse bastante si circulamos con las ventanillas abiertas. A esto hay que sumarle, además, que pueden entrar insectos en el habitáculo o que, en caso de accidente, estarás menos protegido.

                7. Abusar del punto muerto en movimiento

                  Muchos conductores piensan que circular el punto muerto ahorra combustible, pues el motor gira al ralentí mientras el coche sigue cubriendo distancia. En realidad no es así, pues cuando el motor gira al ralentí debe hacerlo con su propio esfuerzo y sin ayuda ninguna del movimiento del cigüeñal, que a su vez es movido por el giro de las ruedas.

                  Si al bajar una pendiente dejamos una marcha engranada y soltamos el acelerador, eel consumo será equivalente a cero

                  Si bajamos por una pendiente o nos aproximamos a un semáforo en rojo, lo mejor es dejar una marcha engranada y soltar el acelerador. De ese modo, el consumo será equivalente a cero, pues todo el esfuerzo lo hará la propia energía cinética del vehículo (la misma que utiliza el freno regenerativo para obtener energía eléctrica).

                  Si, por el contrario, lo hacemos en punto muerto, además de perder algo de control sobre el vehículo, obligaremos al motor a consumir algo de combustible, unos 0,3 o 0,4 litros por cada 100 km.

                  Otras prácticas que nos cuestan dinero en el coche

                  Aunque hemos destacado siete, hay otras costumbres que pueden ocasionar que utilizar el coche te salga más caro de lo que debería.

                  Una de las más importantes es circular con la marcha incorrecta, tanto por exceso como por defecto. Los motores tienen un rango óptimo de revoluciones en el que consiguen un compromiso ideal entre rendimiento y consumo. Si te pasas, es decir, si lo llevas demasiado alto de vueltas, consumirá más y se desgastará de manera anticipada.

                  Pero si circulas con el motor demasiado bajo de vueltas, por ejemplo en cuarta por un tramo de velocidad máxima de 50 km/h, este no tendrá la potencia suficiente para responder adecuadamente cuando se lo solicites al salir de una rotonda o en cualquier otra circunstancia, y tendrá que realizar un sobreesfuerzo para compensar. En estas situaciones es cuando notamos que el coche tiembla y parece que se ahoga. ¡Es el motor pidiendo auxilio y una marcha más corta!

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                  Por lo general, en un coche diésel debes cambiar de marcha a partir de las 2200/2500 rpm, mientras que en uno de gasolina lo ideal será esperar hasta las 3200/3500 rpm. De ese modo, el coche irá alegre y desahogado, compensando a la larga con una mejor fiabilidad la pequeña diferencia de consumo que puedas ganar cambiando a menos vueltas.

                  Mantener pisado el embrague en parado es otra de esas costumbres que no son aconsejables. Cuando paras en un semáforo o intersección, lo mejor es colocar el punto muerto y soltar el embrague, pues de lo contrario estarás desgastando el mecanismo prematuramente. Lo mismo ocurre cuando descansas el pie sobre el pedal del embrague, pues esa ligera presión desgasta el disco y el cojinete de empuje. Relacionado con esto, te aconsejamos que leas este artículo, en el que te explicamos los inconvenientes del sistema Start & Stop.

                  Más allá de todos estos aspectos que hemos comentado, no podemos terminar este artículo sin incidir en que no respetar los periodos de mantenimiento y sustitución de piezas como los filtros, el aceite, las pastillas de freno o el líquido refrigerante es contraproducente y el ahorro que crees estar haciendo acabará volviéndose en contra en forma de costosa avería.

                  Así pues, ¡buena y sensata conducción!