Mercedes enseña a sus empleados alemanes las cuentas que nadie quiere ver, producir en Rumanía sale un 82% más barato
La industria alemana vive momentos muy complicados. El azote de las marcas chinas está dejando en evidencia un modelo de negocio, y de producción de coches, que no es el mejor del mundo. Mercedes, como otras marcas se ha propuesto ahorrar, mostrando a los empleados cuánto cuesta producir en Rumanía.

La industria alemana estaba convencida de que su modelo de negocio estaba destinado a estudiarse en las mejores escuelas especializadas en economía de empresa, pero se equivocaron, porque el que se está estudiando es el cómo salir de las crisis en las que se sumergen. Unas crisis que cada vez suman más factores, como los coches eléctricos y el azote de las marcas chinas.
Todas las marcas alemanas se están viendo obligadas a instaurar planes de ahorro en casi todos los sectores de la empresa, incluso recortando modelos de las gamas de producto, número de versiones y equipamientos. Pero hay algo contra lo que les está costando mucho más luchar: los costes laborales. Los fabricantes están poniendo dos opciones sobre la mesa de los sindicatos. Bajar sueldos o eliminar plantilla; de ellos depende.

Mercedes convierte una asamblea en amenaza velada
Volkswagen es una de las que ha preferido reducir carga laboral, mientras que Mercedes ha preferido enseñar los dientes de otra forma. Los de la estrella buscan que sus empleados alemanes& se bajen el sueldo para lo que ha utilizado un nuevo método de presión: mostrar diapositivas comparando el coste laboral de sus plantas con las de Rumanía, Hungría y Polonia.
Producir allí resulta hasta un 82 % más barato. La dirección negocia más horas sin subida salarial, con la deslocalización como amenaza sobre la mesa.
El pasado 8 de septiembre, Olaf Schick -consejero del grupo Mercedes y responsable de Integridad, Gobernanza y Sostenibilidad- compareció ante una asamblea de empleados en Alemania con un material que normalmente se queda en los despachos: diapositivas con los costes de personal desglosados planta por planta, comparando los centros alemanes con sus homólogos de Europa del Este y Estados Unidos.
El medio informante, que ha tenido acceso a una serie de fotografías de esas diapositivas tomadas durante la reunión, apunta que los números no dejan lugar a la ambigüedad: producir en Rumanía resulta un 81,7 % más barato que hacerlo en suelo alemán. En Polonia la diferencia es del 76,5 %, y en Hungría del 75%.
Que un miembro del consejo de administración exponga estas cifras directamente ante la plantilla, y no solo en informes internos o reuniones con inversores, es un movimiento inusual, pero bastante calculado: en plena negociación con el comité de empresa y el sindicato IG Metall, Mercedes está poniendo las cartas boca arriba para dejar claro qué hay sobre la mesa si no hay acuerdo.
Lo que Mercedes pide (y lo que amenaza con hacer si no lo consigue)
La propuesta de la dirección, según el mismo informe, no es sutil: recuperar la semana de 40 horas frente a las 35 actuales, sin compensación salarial por esas cinco horas adicionales. Y no queda ahí, porque también estarían sobre la mesa recortes en la paga de Navidad y en la paga vacacional.
Si los representantes de los trabajadores rechazan el paquete, Mercedes desliza una alternativa incómoda: construir una nueva planta en Europa del Este y cerrar alguna de sus fábricas alemanas. El director financiero del grupo, Harald Wilhelm, ha salido a matizar que no existen planes concretos de cierre, aunque sí reconoce que la capacidad productiva en Alemania caerá en unos 100.000 vehículos de aquí a 2028.
Los números que explican la presión
El contexto financiero no ayuda a la plantilla alemana a defender su posición. En el segundo trimestre de 2026, el margen del negocio de turismos de Mercedes cayó al 4 %, las ventas retrocedieron un 8 % globalmente y en China -su mercado más importante hasto hace poco- el desplome fue de en torno al 30 %. Los segmentos más rentables son los que más están sufriendo: la Clase S ha caído un 46 % en ventas en China, y AMG un 33 %.
Con ese fondo de crisis, la comparación de costes laborales deja de ser un simple argumento de negociación sindical y se convierte en el eje central de la estrategia industrial del grupo. Firmas de importantes consultorías como Roland Berger llevan meses advirtiendo de que la brecha salarial entre Alemania y algunos de sus competidores directos en el este de Europa se ha multiplicado por tres o cuatro en los últimos años.

Qué hay detrás de la fuga hacia el Este
Lo que hace especialmente delicado este movimiento es la forma: exhibir datos internos de coste de personal directamente ante los empleados, en lugar de dejarlos circular solo entre dirección y sindicatos, se interpreta como una presión explícita. IG Metall y el comité de empresa ya han calificado la maniobra de «amenaza», y consideran que Mercedes está usando la deslocalización como palanca de negociación más que como un plan real e inminente.
Pero la cuestión de fondo no desaparece por mucho que se discuta su formato: la industria automovilística alemana lleva años perdiendo la ventaja de productividad que durante décadas compensó sus salarios más altos, y plantas como la de Kecskemét (Hungría) ya operan con costes de fabricación hasta un 70 % inferiores a los de sus homólogas alemanas, según cifras del propio grupo.
Las negociaciones salariales del sector se retomarán en octubre, y lo mostrado en esta asamblea marca claramente el tono con el que Mercedes llega a esa mesa.
