La electrificación es el futuro pero, tras probarlo, el V8 de 680 CV del Aston Martin Vantage S sigue siendo mágico
Mientras hay coches que nacen para mejorar una fórmula, otros nacen para perfeccionarla. El nuevo Aston Martin Vantage S pertenece claramente al segundo grupo y yo he sido un afortunado por poder ponerme tras sus mandos en una magnífica prueba dinámica que aquí os cuento al detalle.

La generación actual del Aston Martin Vantage ya supuso una revolución para la marca británica. Más potencia, más tecnología, un interior completamente renovado y un comportamiento dinámico que lo situó entre los mejores deportivos de motor delantero del mercado. Pero los ingenieros de Gaydon pensaron que todavía había margen para ir más lejos… y mejor. Bajo esta decisión nace el nuevo Aston Martin Vantage S.
Especificaciones estratosféricas, una puesta a punto aún más radical, mejoras aerodinámicas y un carácter todavía más enfocado al conductor. Sobre el papel, las diferencias parecen pequeñas. En la práctica, son suficientes para transformar la personalidad del coche. Desde la marca lo definen como el Vantage más prestacional jamás fabricado. Toda una declaración de intenciones. Pero como ya os he adelantado, personalmente he podido ponerme a sus mandos para descubrir si realmente merece portar una de las letras más legendarias de la historia de la marca.

Diseño exterior de pura musculatura británica
Sí, el Aston Martin Vantage ya era, en términos de diseño, uno de los mayores aciertos de la marca. Ahora, tras convertirse en un «S», la compañía británica ha llevado varios pasos más allá todos y cada uno de sus puntos clave. No obstante, a priori puede parecer que Aston Martin ha optado por una evolución sutil. A simple vista sigue siendo reconocible como un Vantage, pero basta acercarse para descubrir multitud de detalles específicos.
El frontal incorpora nuevos elementos aerodinámicos, mientras que el capó añade unas características salidas de aire que ayudan a mejorar la refrigeración del motor V8 biturbo. Esto puede estar aderezado con un acabado negro brillante o fibra de carbono. En términos generales seguimos estando ante un coche de 4.495 mm de longitud, 1.980 mm de anchura y 1.275 mm de altura. Es decir, unas cotas idóneas para cualquier deportivo que se precie.
De hecho, podemos decir que tiene los atributos de diseño perfectos: morro alargado, motor central delantero, cabina retrasada y, por adelantar términos mecánicos, tracción trasera «pura y dura». Como digo, es la combinación perfecta y esto no sólo se demuestra en su fisionomía, sino también en su conducción, de la cual hablaremos más adelante.
Pero continuando con el repaso estético, esta versión «S» cuenta las insignias de dicha letra en las aletas delanteras. Sus llantas se pueden encargar de 21 pulgadas con acabado personalizado y unas pinzas de freno pintada en color bronce, creando así un contraste muy llamativo. Las taloneras también han sido perfeccionadas en color negro.
Finalmente, mirando su zaga, aquí cobra todo el protagonismo un pequeño alerón que recorre todo el ancho del conjunto. Pero su finalidad no es sólo decorativa, sino que añade hasta 44 kg de carga aerodinámica cuando circula a velocidad máxima (325 km/h). En el resto del conjunto, siguen destacando sus cuatro colas de escape en color negro y un difusor con el que será imposible pasar desapercibido.
Un interior cómodo para viajar y muy deportivo a la hora de jugar
Echando un vistazo al habitáculo, hay que reconocer que su aspecto sigue siendo bastante continuista a lo ya conocido en la versión «estándar» (por llamarla de alguna manera). En general, el interior mantiene la enorme mejora introducida por el Vantage de nueva generación. Esto supone adoptar una gran consola central que incluye botones físicos (aunque también acabado en negro piano y eso me ha parecido un «pero»).

La pantalla central puede llegar incluso a pasar desapercibido. Su ubicación no es la mejor para cobrar protagonismo, sino que se presenta como un mero compañero de viaje. Es decir, cómo deberían de ser en este tipo de coches. Pero, en fin, cuestión de gustos. El panel que sí tiene mayor interés es el de su instrumentación. Este coche cuenta con el sistema operativo de Apple CarPlay Ultra, lo que hace que se controlen todos los parámetros a través del mismo. A mi, personalmente, me ha parecido algo lento de fluidez incluso en momentos donde no debería serlo.
En términos generales, los acabados son realmente buenos, con excelentes ajustes, tapizados en cuero y Alcantara y un tacto sobresaliente de todos los elementos (salvo el ya mencionado negro piano). Recordemos que este es un coche biplaza, por lo que la zona trasera está totalmente ausente de asientos para pasajeros. En Aston Martin ubican aquí un pequeño hueco donde dejar objetos personales.
Al igual que su exterior, el habitáculo se puede personalizar hasta el más mínimo detalle; tapicería, molduras, acabados, etc. Sus asientos también están disponibles en versión «extra deportivos», acabados en fibra de carbono pero más incómodos en largos viajes. Alternativamente, Aston Martin ofrece unos de diseño, quizás, más convencionales pero mucho mejores si se quiere devorar kilómetros a bordo.

Mecánica del Aston Martin Vantage S
Bajo el larguísimo capó encontramos uno de los motores más carismáticos del mercado actual. Este no es otro que el conocido bloque 4.0 V8 Twin-Turbo, desarrollado originalmente por AMG, pero profundamente revisado por Aston Martin. En esta evolución alcanza los 680 CV y 800 Nm de par, convirtiéndose en el Vantage más potente de la historia. Toda la potencia llega exclusivamente al eje trasero mediante una transmisión automática ZF de ocho velocidades. Sí, toda una declaración de intenciones.
Pero más allá de los números, lo realmente especial es cómo entrega esa potencia, y de esto hablaremos más adelante. Hay deportivos más rápidos. Incluso algunos eléctricos aceleran mucho más fuerte. Sin embargo, pocos consiguen transmitir tantas sensaciones como este coche. Es capaz de ejecutar el 0 a 100 km/h en 3,4 segundos, el 0 a 200 km/h en 10,1 segundos y cumplir con una velocidad máxima a 325 km/h. Hora de ponernos tras el volante y hacer frente a su tremendo potencial.
Así es conducir un Aston Martin Vantage S
Probar un Aston Martin. Una frase que hasta hace sólo unos pocos años, para mí, podría haberse considerado un sueño posiblemente inalcanzable. Sin embargo, aquí estoy, dispuesto a contaros mi experiencia tras el volante del Vantage S. Dicha esta confesión personal, vamos a lo que hoy nos trae a esta experiencia.

Pese a su potencia, aspecto o características, hay que hacer inciso en que este Aston Martin es un coche más pensado como «GT». Esto quiere decir que, a pesar de que es capaz de correr como una bestia, también puede ser especialmente cómodo en largos viajes. Por esto, precisamente, sus suspensiones no son tan duras como podría esperar o sus mandos son algo más blandos que otras marcas más enfocadas en la deportividad, como McLaren, la cual ya hemos podido catar aquí en alguna ocasión.
Tras este apunte, nada más arrancar el coche, el sonido se deja oír desde varias decenas de metros de distancia. No es especialmente discreto y esto es algo que mola. Me pongo cómodo, ajusto mi asiento y volante y listo. Todo correcto. La sensación es que la posición de conducción es bastante baja; sus retrovisores quedan casi a la misma altura de los ojos, lo que genera una sensación deportiva como pocos coches lo han hecho antes.
Los primeros metros son bastante calmados a bordo. No deja de ser, como ya hemos mencionado, un coche realmente cómodo. A bajo ritmo no hace movimientos raros, ni tirones por precisar más velocidad. La dirección aunque es muy directa, también tiene un tarado suavizado, al igual que sus mandos principales, como los pedales. Por dejarlo claro, es un coche que se podría usar cotidianamente y no tendrías ningún impedimento.

Salimos a carretera abierta y seguimos con el modo más calmado y normal posible. El Aston Martin ofrece cuatro modos de conducción: Sport, Sport+, Track y Wet (para climas húmedos). Como se puede ver, aquí no hay nada de «ECO» o «Confort». Sin embargo, ya en el opción más tranquila (Sport) el coche no es nada loco. Al contrario, es bastante sosegado en todo, por lo que llamarlo modo «Normal» o «Confort» no habría sido nada loco, pero este título llama menos la atención, las cosas como son.
Su ganancia de velocidad es más o menos sosegada. Su cambio de marchas lo hace a bajas vueltas. El sonido, al hacer el cambio a pocas reloviciones, no es nada disparatado. En general, como ya hemos dicho, se podría tildar de un coche generalmente tranquilo y muy cómodo. Pero ya es hora de empezar a estirar un poco el juego.
Vamos un poco más allá. Hora de poner el Sport+. Ciertamente sí se nota mucho el cambio hacia esta variante. Sus suspensiones se vuelven algo más rígidas, la dirección aún más directa (también más dura) y sus pedales, aunque mantienen su dureza, sí se tornan más sensibles. Las marchas tardan mucho más en cambiar, con lo que las revoluciones suben con más ligereza.

No obstante, quizás para pasarlo bien en una carretera de curvas (como la que nosotros pudimos disfrutar) es insertar el modo Sport+ y usar las levas tras el volante para los cambios de marchas. Hay que decir que estas son palas bastante generosas de tamaño, pero no son nada duras, como sí sucede en marcas como McLaren o Lamborghini. Aquí tienen un recorrido más largo y algo más blando. Curioso.
Una vez que haces esta combinación perfecta para mí, se nota que el Vantage S saca las garras y se vuelve una auténtica bestia. Gana velocidad con una solvencia pasmosa, al igual que lo hacen también sus revoluciones. El sonido del motor está más presente que en ningún momento y, en caso de superar las 6.000 revoluciones y soltar el acelerador, el «Aston» te lo compensará con unos petardeos audibles con bastante claridad.
El coche traza las curvas como el conductor quiera. Pese a ser tracción trasera, el coche se siente bastante estable, por lo general. Su zaga sí se vuelve algo más «juguetona» cuando se exprimen las revoluciones del motor o cuando se sale de una curva y se le buscan un poco las cosquillas. Esto es un claro aviso de «puedo volverme loco, no hagas eso».

Esta sensación de radicalidad se vuelve un continuo en el momento en el que seleccionamos el modo Track. Un par de latigazos hacen que vuelva al modo Sport+ sin dudarlo. No hay que arriesgar. De igual forma, en la forma más extrema, lo realmente diferenciador es su desconexión de controles electrónicos.
Seguimos jugando con él. El sonido se vuelve una pura melodía a partir de las 4.000 revoluciones. Como ya he mencionado, en este modo te permite correr cuando se debe, ser ágil en curva e incluso un poco travieso con la trasera en ciertos momentos, pero nada peligroso. Por carreteras bastante estrechas, el Vantage S se siente ancho. Se come casi todo el asfalto. Sin embargo, igualmente inspira confianza y rápido te haces a sus generosas medidas.

Pero ya es hora de volver al puesto inicial y, por desgracia para mi, devolver las llaves de este coche. Meditando un poco sobre la conducción y la situación que estoy viviendo, miro el consumo medio que ha hecho durante esta prueba. El ordenador de a bordo marca 23,7 litros a los 100 km durante un recorrido de 124 kilómetros. Nada mal, ciertamente. He casi igualado la media homologada, pero sin tener ni un ápice de miramiento al respecto. Aparco el Aston Martin Vantage S tras unas horas que se quedarán grabadas en mi memoria para siempre. Un recuerdo más.
Los rivales del Aston Martin Vantage
P.V.P 143.270 €131.420 €
P.V.P 155.910 €141.239 €




