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Prueba BMW M2 Coupé, potro salvaje

Hemos convivido con uno de los deportivos más deseados del momento, el impresionante BMW M2 y sus 370 rabiosos caballos. En nuestra prueba disfrutamos de la versión con cambio manual, una variante que aporta una mayor exclusividad y una intensa experiencia de conducción.


Carrocería coupé, tamaño compacto, propulsión trasera y cambio manual. Es la descripción ideal de un deportivo siguiendo los cánones más clásicos. Unas características que cumple punto por punto el sensacional BMW M2 Coupé que hemos tenido la oportunidad de probar (y disfrutar) estos días.

Después de tener nuestro primer contacto en su presentación, no veíamos la hora de tenerlo en nuestro poder durante unos días para destapar todas las esencias del último modelo de la gama M de BMW. Una ansiedad justificada ya que se trata, sin ninguna duda, de uno de los grandes lanzamientos del año en el mundo de las cuatro ruedas.

El M2 es el miembro de BMW M más pequeño del momento pero se muestra sin ningún complejo, recordando que las mejores esencias vienen en frascos pequeños. Además, el M2 comparte muchos elementos con el M4, su hermano mayor, y eso es toda una declaración de intenciones.

Una imagen feroz

El modelo alemán en puro músculo. Las líneas tensas de su piel aportan dinamismo allá donde miremos y varios elementos delatan que estamos ante un BMW muy poderoso. Por ejemplo, el paragolpes específico muestra unas entradas de ventilación de generoso tamaño para asegurar el correcto flujo de aire al insaciable motor de seis cilindros que habita bajo el capó. Además, las llantas de aleación de 19 pulgadas y cinco radios dobles son las mismas que las del M3 berlina, el M4 Coupé y el M4 Cabrio.

A pesar de las espectaculares prestaciones de este coupé, atrás no encontraremos un gran alerón sino un discreto spoiler que perfila la tapa del maletero. Sólo hay cuatro colores disponibles para la carrocería, todos bastante discretos. El blanco Alpinweiss de nuestra unidad es el único que no tiene sobrecoste. La Serie 2 es sinónimo de elegancia deportiva en todas y cada una de las versiones, incluida ésta.

El habitáculo resulta sorprendentemente discreto. Tiene un aspecto racing, sí, pero se diferencia muy poco de cualquier otro Serie 2 con paquete M. El aspecto interior es sobrio, denotando que la marca bávara se ha esforzado sobre todo en aportar una atmósfera lujosa: no se puede poner ningún pero en cuanto a calidad de materiales o ajustes.


Los asientos son los mismos que los de cualquier Serie 2. La verdad es que se echan en falta unos asientos de tipo backet, en consonancia con la agresividad del modelo. Además, la tapicería de cuero Dakota Schwarz con pespuntes de contraste en azul tampoco destaca por su suavidad.

El equipamiento de serie es correcto, aunque resulta desconcertante que en un coche de más de 60.000 euros haya que pagar a parte por elementos como el acceso sin llaves (358 euros) o los espejos eléctricos plegables con función antideslumbramiento (396 euros). No puede llevar faros de led, un control de crucero activo o un Head-up Display.

Una consideración importante es que esta unidad lleva una caja de cambios manual y eso le añade un puntito muy interesante. El M2 Coupé está disponible con una transmisión manual de seis marchas o una automática de doble embrague M de siete velocidades. Escoger entre el cambio manual o el automático es una decisión muy difícil. Pero tranquilo, la parte positiva es que siempre aciertas ya que ambos son impecables.


La caja automática convencerá a quien quiera conseguir la mayor efectividad gracias a sus pasos de marcha fulminantes. Es también más eficiente, ofrece la función Launch Control y nos dará un plus de comodidad cuando rodemos con tranquilidad. Por otro lado, el cambio manual satisfará a los más puristas y brinda una experiencia de conducción indescriptible. Además, permite ahorrarse 4.800 euros a la factura, que no es poco. A priori será la opción menos buscada, así que también aporta cierta exclusividad.

La dentellada de la bestia

Donde brilla un miembro del selecto club de BMW M es en el apartado dinámico, evidentemente. El M2 no sólo cumple este rol sino que muestra su ferocidad en todo momento. Buena parte de la responsabilidad recae en el motor de gasolina de 6 cilindros en línea BMW M TwinPower Turbo, un purasagre que entrega 370 CV a 6.500 rpm y un par de 465 Nm a sólo 1.400 rpm. Conteniendo entre ambos valores casi toda la gama de revoluciones, el rango de uso del elástico motor es amplísimo.

Su mordedura queda patente especialmente por encima de las 3.000 rpm, zona en la que un pisotón al acelerador es sinónimo de salir catapultado con violencia, arrugando el asfalto y viendo como la aguja del cuentarrevoluciones sube vertiginosamente hasta el área roja del tacómetro. En curva, una alegría excesiva con el pie derecho hará que la electrónica se encargue de mantener todo en su sitio, simplificando las cosas y aportando seguridad.


Cualquiera puede ir muy rápido con este misil bávaro pero ojo, si se quiere extraer al máximo todo el potencial del M2 con los controles desconectados hay que tener muchas tablas. Sin ayudas electrónicas, todo sucede a una velocidad delirante y el tren trasero desliza con facilidad aunque sus reacciones son nobles. Es espectáculo, es diversión, es adictivo. Pero no es para todos los públicos.

El modo M Dynamic del control dinámico de estabilidad (DSC) es un buen punto medio. Así el DSC es menos intrusivo ante cualquier pérdida de tracción y permite jugar con la zaga del vehículo. No interviene de forma instantánea sino sólo cuando nos acercamos a las fronteras de las inquebrantables leyes de la física.

En todo momento, ya sea en las leves aceleraciones por ciudad o yendo a fondo en una sinuosa carretera de montaña, estaremos acompañados del intenso rugido del escape M con dos tubos de escape dobles. El control eléctrico de la válvula de escape reafirma el sonido característico de todos los M tentándonos a bajar las ventanillas cada vez que pasamos por un túnel.


Parece que los BMW M con cambio manual están en peligro de extinción porque perdemos unas décimas de aceleración respecto a la transmisión automática. Tras saborearla en esta unidad del M2 nos olvidamos del cronómetro porque hay que reconocer que la caja de cambios manual es una delicia.

Tiene un tacto deportivo, con desplazamientos cortos y precisos y marchas bien escalonadas. Invita a jugar con ella. Además, en las reducciones emula la maniobra de punta-tacón y minimiza la brusca retención que suele producirse al bajar de marchas. Definitivamente el cambio manual nos recompensa con unas sensaciones únicas, con una mayor conexión del conductor con el coche, un mayor placer de conducción.

Por supuesto, BMW no ha descuidado la frenada, aunque no es el capítulo más sobresaliente. El M2 Coupé lleva unos frenos M Compound con discos perforados y autoventilados de 380 mm en el eje anterior y 370 mm en el posterior. Las pinzas de freno de cuatro pistones delante y de dos pistones detrás permiten dosificar bien la frenada. Cumplen bien su cometido, al menos en carretera, habrá que ver qué tal aguantan el exigente trato en circuito. Aunque eso será en otra ocasión.


Las curvas abiertas se pueden tomar a una velocidad fulgurante. El M2 vira plano, la carrocería apenas oscila gracias a una suspensión de tarado firme que nos pasa factura a la hora de circular por asfalto irregular. También ayuda la confianza que aporta la dirección de tacto directo y muy preciso. Además, el sistema M Servotronic adapta la asistencia de la dirección, ofreciendo más resistencia a más velocidad.

En los giros más cerrados queda patente que el coupé alemán muestra una excelente tracción y agilidad y buena parte de la culpa es del diferencial M activo de serie que reparte el par entre las ruedas traseras con un bloqueo que oscila desde el 0 hasta el 100% a la rueda que tenga mejor agarre.

La experiencia acumulada por BMW M creando algunos de los deportivos de ensueño más idolatrados se deja notar. Todo lo referente al apartado dinámico es formidable. Todo. Su ferocidad queda patente en todo momento, incluso en el modo de conducción más civilizado de los tres que tenemos a nuestra disposición (Confort, Sport y Sport Plus). A diferencia de las versiones estándar de BMW, aquí no hay modo Eco Pro y esta ausencia tiene como consecuencia un consumo de combustible alto.


Quizá recuerdes que con un M2 con cambio automático logramos consumos muy bajos en el marco de un ecorally, pero aquella prueba tiene poco que ver con una conducción ‘real’. La realidad es que, incluso yendo tranquilos, el ordenador de a bordo fácilmente marcará cifras de consumo en torno a los 10 l/100 km. Si queremos extraer la quintaesencia de los seis cilindros este valor crece rápidamente cuanto más nos pese el pie derecho.

Los 62.900 euros que hay que desembolsar por hacerse con el BMW M2 Coupé no suponen un presupuesto apto para todas las economías. Aún así parece un precio razonable si se quiere invertir en diversión con el inconfundible sello de BMW M ¿Te atreves a domar este potro salvaje?

Nota: 8.4

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