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Prueba McLaren Senna: un homenaje a la altura del nombre (con vídeo)

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McLaren se la ha jugado al usar un nombre mítico en uno de sus coches. Ayrton Senna representaba la pasión por la conducción al más alto nivel y por la velocidad. Valores que el McLaren Senna respeta hasta resultar abrumador. Tanto Senna como McLaren estarían orgullosos de este aparato.

No todos los días se le pone a tiro la prueba de un McLaren Senna, un hiperdeportivo de un millón de euros y con una relación peso/potencia tan ridícula que es mejor no hacer comparaciones si pretendo mantener la calma. La jornada se despierta radiante, presagiando la fiesta que está a punto de empezar.

Sin embargo y a modo de calentamiento, empiezo con su hermano menor, del que derivan numerosos elementos. El McLaren 720S ha sido la reivindicación de la marca de Woking como un fabricante de superdeportivos de primer nivel, a la altura de Ferrari, Porsche o Lamborghini. Sin miedo a nada. Y la verdad es que es un coche que ya asusta con sus 720 CV. "¿Cómo tiene que ser con 80 CV más y 300 kg menos?" Pienso en mi interior con algo de miedo.

McLaren Senna a prueba

La verdad es que me cuesta imaginarlo, ya que sobre el papel me da la sensación que nadie sobre la faz de la tierra necesita algo más rápido que un 720S, con un cero a cien en 2,9 segundos. Pero McLaren decidió dar un puñetazo sobre la mesa y crear un concepto nuevo y revolucionario, algo que quizás el mundo no veía desde el Ferrari F40 de esta prueba. Un coche de carreras con matrícula. Ni más, ni menos.

Prueba McLaren Senna: exageración sobre cuatro ruedas

Por fin está frente a mí y debo decir que el coche es exagerado hasta decir basta. No se puede decir que sea bello, ya que los ingenieros aquí han tenido voz y voto a la hora de esculpir sus líneas con un objetivo claro: ser el más rápido en circuito. Si quieres un coche para lucir elegancia en el Casino de Mónaco, este no es tu coche.

El aspecto del Senna es todo un fuera de serie

Se ve muy ancho y bajo y, debido a sus neumáticos bastante pequeños en proporción, incluso parece más largo de lo que es. Sus formas son raras, súper afilado y con constantes tomas de aire que, por supuesto, aquí sí cumplen una función aerodinámica. Para rematar el cóctel de exageración, el gigantesco alerón trasero culmina una obra de arte aerodinámica capaz de generar 800 kg de downforce y, de paso, se convierte en el elemento más famoso del coche. Un icono, como el del F40.

El coche comparte muchísimos elementos con el 720S, pero uno al lado del otro, parecen coches completamente diferentes. El 720S tiene unas formas muy amables y redondeadas, escondiendo e integrando las tomas de aire en su carrocería, mientras que el McLaren Senna es todo lo contrario. Es como si se hubiese machacado en el gimnasio y hubiese pasado por una sesión de tatuajes. Es exagerado.

Echo un vistazo en el interior y la verdad es que me quedo de piedra. Minimalismo total y un ambiente racing que te traslada a otro lugar, al paddock de cualquier circuito antes de una carrera. Los buckets, montados sobre una pieza de fibra de carbono, son espectaculares pero, aunque parezca mentira, sorprenden por sus comodidad.

Asientos del McLaren Senna

El puesto de conducción es sencillamente perfecto. Estás prácticamente tumbado, con el volante frente a tu pecho en una posición ideal y con todo lo que necesitas cerca de ti. Enfrente, dos pantallas: un cuadro de mandos digital y una pantalla táctil desde la cual controlar la mayoría de elementos del vehículo. Ah, y un detalle curioso: los botones de la transmisión, del 'Launch Control' o de los cuatro intermitentes están anclados al asiento para que siempre los encuentres en el mismo lugar.

La verdad es que el ambiente que se respira en este coche es especial. Nada tiene que ver con el 720S, recubierto de cuero y alcántara y con detalles de auténtico lujo. Aquí todo es muy espartano y la fibra de carbono es protagonista. El volante también merece un comentario: de tamaño y grosor perfectos. McLaren sabe lo que hace y sabe cómo emocionar a un petrolhead.

Se desata la locura

Me lleno de valor y decido empezar la prueba del McLaren Senna. Cierro la puerta de apertura vertical. Coloco la pequeña llave en un hueco bajo el salpicadero y busco en el techo el botón de arranque. Hundo el dedo y el motor V8 M840TR cobra vida con un pequeño bramido para posteriormente relajarse en un sonoro ralentí. Sin embargo, viendo el dramatismo general del coche, el sonido del motor no me emociona en particular.

800 CV para algo más de 1.200 kg

Aprieto el botón 'D' de la transmisión y el coche empieza a rodar. Los primeros metros, a un ritmo muy bajo, pasan con un manojo de nervios en el asiento del conductor. Cuando estás en la carretera te das cuenta de lo bajo que es el coche, prácticamente vas rozando el asfalto y cualquier vehículo que te pasa por el lado queda a la altura del Everest.

No necesito ni dos minutos para encontrar las diferencias con el 720S. El modelo de la gama Super Series cuenta con una puesta a punto muy amigable, que te permite utilizarlo a diario o incluso realizar largos viajes con él. Puede parecer una broma pero es verdad, es un coche cómodo y refinado, con una bomba bajo el pedal derecho pero perfectamente utilizable. El Senna no.

El McLaren Senna es duro, a través del volante sientes todo lo que ocurre bajo los neumáticos, cualquier mínima irregularidad del asfalto se traduce en crujidos y en vibraciones en el interior. Para llegar a los 1.198 kg de peso se ha eliminado todo lo que no fuese estrictamente necesario para conseguir prestaciones y velocidad. El aislamiento acústico y los elementos de confort brillan por su ausencia.

Un coche de carreras con matrícula

Esta es probablemente la diferencia más importante con el 720S. El sonido del propulsor V8 que respira tras mi nuca también llega nítidamente al habitáculo y toda la experiencia crece en intensidad conforme aumenta la velocidad. Obviamente, no hay carretera abierta en el mundo que pueda llevar al límite a este coche, pero intento aumentar ligeramente el ritmo para ver qué se siente al conducir un hiperdeportivo. Mi primer hiperdeportivo.

Acudo a una carretera comarcal sin tráfico, pero con algunas zonas sombrías que me hacen estar alerta. El Senna es un coche sensible a los cambios de temperatura del asfalto o de los neumáticos, como un Fórmula 1 vaya, por lo que espero a que todo esté a su temperatura óptima (sí, puedes ver la temperatura y presión de las ruedas en todo momento). Cuando todo está en orden, es el momento.

El Senna traza de una manera absolutamente demencial. El eje delantero responde al instante y da la sensación que podría tragar con cualquier curva, a cualquier velocidad. Voy rápido, pero tengo la sensación que voy muy tranquilo. Necesito controlar el velocímetro: con 800 CV y 800 Nm de par cualquier roce del acelerador supone meterle un buen puñado de km/h.

El coche se siente muy ligero y ágil: no he probado un fórmula pero no debe estar lejos. Enlazo dos curvas y no hay rastro de balanceos y parece que la masa no cambie de ejes. Es voraz y salvaje, las vibraciones, el sonido del motor en el interior y los golpes de la amortiguación están siempre presentes. ¡Está claro que una carretera comarcal no es su hábitat natural!

Sin embargo, decido comprobar el potencial de su mecánica en una zona perfecta para ello. En teoría acelera de 0 a 200 km/h en 6,8 segundos, prácticamente lo mismo que necesita mi querido Golf R32 para alcanzar los 100 km/h. Parece una broma pero no lo es. Me da miedo hundir el pedal derecho conociendo las reacciones del 720S. Pero hay que hacerlo. Es mi trabajo. ¡Vaya por Dios!

Prueba McLaren Senna: corre más de lo que debería

El problema del Senna -y de cualquier McLaren- es que tanta potencia enviada únicamente al eje trasero suele provocar ligeras pérdidas de tracción. Pese a toda la electrónica que incorpora, el Senna, a fondo, titubea en un primer momento cuando hundes el acelerador hasta la moqueta. Claro, un asfalto de carretera abierta y frío no es el escenario ideal, mejor la salida de una curva de cualquier circuito a buena temperatura y con exceso de goma.

Piso el acelerador a fondo y el sonido del motor inunda el habitáculo. Tu cuerpo se pega en un primer instante en el bucket, pero casi ni te enteras porque sufres con la dirección para evitar cualquier sacudida que pueda poner en peligro la integridad del vehículo. El coche patina en primera, en segunda y en tercera. Pero a partir de ahí, la locura. Es increíble cómo sube de velocidad y cómo todo el cuerpo se estremece. El cero a cien quizás no impresione demasiado, pero a partir de ahí, es salvaje. De otro planeta. Bestial.

Asustado, suelto el pedal derecho y respiro. Tengo claro que este coche no está hecho para una carretera abierta. Es un coche de carreras con matrícula y será ahí donde se puede disfrutar. Pero está bien que una marca como McLaren se desmelene y ofrezca un producto único en el mercado: no hay nada que se le parezca, ni por su comportamiento radical ni por su ligereza.

Termino la prueba del Senna con la sensación de haber conducido en la calle un coche solo apto para valientes. Un coche esculpido al viento para conseguir una aerodinámica perfecta, pero cuyo verdadero hogar está en los circuitos. En carretera es demasiado rápido y demasiado radical. Incluso puede llegar a dar la sensación de estar incómodo. Pero lo que está claro es que es una pieza de ingeniería absolutamente emocionante y visceral. Conducir este coche ya forma parte de una de las mejores experiencias de mi vida. Gracias McLaren. Gracias Ayrton Senna por servir de inspiración para crear algo así.

Fotos: Raúl Salinas

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