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    Leasing, ¿qué es y por qué es una buena opción a la hora de adquirir un coche?

    La fórmula del leasing puede ser una opción muy interesante si queremos renovar regularmente nuestro vehículo.

    La Real Academia de la lengua Española lo define muy brevemente como «Arrendamiento con opción de compra del objeto arrendado». Estas pocas palabras tienen detrás un más que interesante sistema para disponer de un vehículo alquilado a largo plazo.

    Y es que podemos resumir el leasing como un sistema independiente de financiación exclusiva para arrendamiento de un bien con unas características muy precisas, que son las siguientes:

    • Contrato mínimo de 24 meses.
    • Opción a compra del bien preestablecido al inicio del contrato, para lo cual se informará en el mismo de todas las cantidades a entregar en los diferentes supuestos (valor residual, si se va adquirir el bien).
    • Posibilidad de renovación del contrato.
    • Obligación de contratar un seguro por parte del usuario según las condiciones del propietario (que seguirá siendo el concesionario o entidad propietaria del bien).
    • Obligación de hacerse cargo de todos los gastos derivados (averías, seguro, multas, impuesto, etc.) por parte del usuario.

    Así es, a grandes rasgos, una operación de leasing, independientemente de si está relacionada con un coche o con otro bien. Y es que el leasing es aplicable no sólo a vehículos, pues actualmente el sector inmobiliario se beneficia de este sistema en otra de sus ramas que se dirige, sobre todo, al ámbito empresarial. Nosotros nos centraremos en la primera: el leasing en el mundo de la automoción.

    ¿Por qué tiene sentido el leasing?

    Aunque nos parece una idea relativamente reciente, fue en la década de 1920 cuando la compañía telefónica Bell Telephone System la que, al darse cuenta de la gran dificultad que experimentaba al intentar vender sus teléfonos, tuvo la idea de cederlos a cambio de un importe mensual en concepto de arrendamiento. El aparato era definitivamente de su propietario cuando éste, al cabo de un tiempo, pagaba un importe final residual de elevada cuantía.

    «Este sistema de alquiler a largo plazo revolucionó el parque móvil de las empresas y su imagen»

    La idea de base es la misma, aunque su radio de acción se extienda a otros objetivos y las características generales hayan cambiado.

    La evolución empresarial nos hace partícipes cotidianos de la entrega de vehículos de representación que son, a menudo, la primera imagen de un directivo, comercial, o autónomo en su día a día, por lo cual la renovación y actualización del mismo es un motivo de desacuerdo entre los departamentos financieros y los de marketing y estrategia de las grandes empresas: si los primeros pueden afirmar sin lugar a dudas que la amortización de la compra de un vehículo debe compensar su uso y el beneficio que éste reporte a la empresa, los segundos no dudarán en matizar que la imagen de los coches de la empresa avanza automáticamente el nivel de desarrollo tecnológico de la misma en el subconsciente del cliente, creando la imagen exacta que se desea entregar y, por tanto, influye directamente en el rendimiento de la misma.

    Ambos tienen razón. Por ello el leasing se lanzó como fuerza imparable en el entramado empresarial: adquirir vehículos en un mundo cuya tecnología avanza a toda velocidad no es rentable si lo que se desea es dar imagen de vanguardia. Este sistema de alquiler a largo plazo revolucionó el parque móvil de las empresas y su imagen, calmando los ánimos del departamento de contabilidad, ya que se pueden deducir las cuotas y suelen contar con un ventajoso interés, al mismo tiempo que satisface con creces las expectativas de imagen actualizada de sus comerciales.

    El leasing para particulares

    Así que tenemos un sistema que ofrece la posibilidad de alquilar un vehículo a largo plazo y que nos ofrece tres opciones:

    • Utilizar el vehículo durante el periodo pactado, nunca inferior a 24 meses y devolverlo al finalizar el mismo.
    • Pagar el valor residual del vehículo al término del contrato para quedárnoslo en propiedad.
    • Renovar el contrato y seguir disfrutando del mismo vehículo.

    A nivel de tejido empresarial, parece una solución óptima, pero ¿lo es para un particular? Todo depende de nuestras expectativas, pero el punto más fuerte de este sistema, también para el particular, sigue siendo el mismo: la opción de cambiar de vehículo a los 24 meses. Por contra, el contrato obliga al usuario a hacerse cargo de todos los gastos y a la contratación del seguro con las características que el concesionario -o la marca- impongan.

    Podemos afirmar que el leasing nació para llenar un hueco que cada vez se ha ido haciendo más amplio en el mercado, ya sea porque tememos comprar un coche «que nos salga malo», porque nos gusta cambiar a menudo, porque nuestra profesión nos exige una determinada imagen, o porque preveamos que nuestra familia vaya a crecer, el leasing es una opción que debería estar en nuestros planes.

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