Las amenazas de Trump ponen en jaque a Alemania y al motor europeo: "Una decisión impulsiva sólo produce perdedores"
Las amenazas del presidente de los Estados Unidos de tomar Groenlandia por una u otra vía llevan a una imposición de aranceles a países como Alemania, lo cual afecta de lleno a la industria europea.

En su línea de gravar con aranceles todo aquello que no baila al mismo ritmo que su música, Donald Trump amenazó ayer a varios países europeos con unos aranceles del 10% en todos los bienes exportados a Estados Unidos a Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia por su apoyo a Groenlandia. Y, por supuesto, esto tendría graves consecuencias para toda la industria del motor en Europa.
Estos aranceles, que de no cumplirse sus caprichos pasarían a ser del 25% a partir del 1 de junio, se unen al 15% que ya en la actualidad pesa sobre todos los automóviles que se exportan desde la Unión Europea a Estados Unidos. En el caso de Alemania no es una cosa trivial, además de ser el mayor fabricante de automóviles en el Viejo Continente (seguido de España).

Las amenazas de Trump afectan a los fabricantes alemanes
Para marcas alemanas como BMW, Mercedes y marcas del Grupo Volkswagen, tanto casa matriz como Audi o Porsche, Estados Unidos ha sido un gran mercado desde hace décadas. Un mercado que le ha reportado muchos beneficios en sus ejercicios anuales, pero con los aranceles actuales ha complicado sus cuentas de manera notable.
Volkswagen ha estimado que, para ellos, el coste de estos aranceles fue de unos 5.000 millones de euros en 2025. Evidentemente, también ha sido un duro golpe para Mercedes y Porsche, así como para BMW - si bien ellos cuentan con su planta en San Luis de Potosí, México.
¿Es siquiera legal imponer aranceles de este modo?
Cabe recordar además dos detalles. El primero, que en el caso de Europa, la política comercial (y más concretamente arancelaria) es competencia exclusiva de la Unión Europea en su conjunto. Es decir, ningún país puede imponer unos aranceles a unos países concretos de la Unión Europea, tendría que ser a todo el bloque de 27 países (distinto es el caso de Reino Unido, al no formar parte del bloque desde el Brexit).

En segundo lugar, con estas amenazas, el acuerdo entre la UE y Estados Unidos del pasado mes de julio no será aprobado - un acuerdo que establece un 15% para todos los bienes europeos exportados a EEUU pendiente de la aprobación por parte del Parlamento Europeo. «El PPE está a favor del acuerdo, pero dadas las amenazas de Donald Trump con respecto a Groenlandia, la aprobación no es posible en este momento», señaló Manfred Weber, presidente del Partido Popular Europeo.
Europa trata de defenderse por el bien de su industria
Esto implicaría que el PPE se alinearía con el ala izquierda del Parlamento para retrasar o incluso bloquear la aprobación del acuerdo (que implicaba que los productos americanos llegasen a Europa libres de aranceles). Una opinión que ha crecido después de que EEUU, después del acuerdo, impusiera aranceles del 50% a cientos de productos europeos, algo que ya ocurría tanto con el acero como con el aluminio.
«El coste de estos aranceles tradicionales sería enorme para la industria alemana y la europea, especialmente en unos tiempos ya de por sí complicados. Lo que es ahora crucial es una respuesta estratégica e inteligente de Bruselas coordinada con todos los países afectados», afirmó Hildegard Mueller, presidenta del VDA (asociación de fabricantes de coches de Alemania).

Amenazas sin sentido, según asociaciones alemanas
Diversas autoridades de Alemania piden a Europa no ceder ante las amenazas de Trump o, de lo contrario, habrá más exigencias sin sentido con más aranceles todavía. Trump comentó a periodistas a bordo de su Air Force One que está abierto a negociaciones con Dinamarca y los otros países afectados - pese a que se trata de una cuestión arancelaria, donde los países de la UE ceden sus competencias a la misma.
En caso de cumplir estas amenazas unilaterales, Trump estaría poniendo en jaque a una industria europea que ya tiene bastante con los retos procedentes de China y sus tensiones geopolíticas, su propia sobreregularización en materia de seguridad y una complicada transición energética. Un escenario que, de mantenerse, se traduce en una cosa: precios de coches aún más alejados de salarios de los trabajadores.
