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    Días de trueno (para Julio Iglesias)

    ​Te guste o no, va a ocurrir. Está llegando una nueva era, y con ella nuevas situaciones y cambios que asumir. Con los nuevos amos de la Fórmula 1, con una mentalidad abierta a nuevas formas de deporte, industria y comunicación, será más sencillo e indoloro.

    Renovarse o morir, y toda esta parte de la jugada de la Fórmula 1 que nos espera está en manos de Ross Brawn, el ingeniero nuclear al que los norteamericanos han puesto a diseñar. Los yankees no tienen ni idea del deporte, pero sí que lo tienen del negocio, del espectáculo, de comunicación y del futuro. Ya sea por cultura, por dinero, por desarrollo tecnológico o por lo que sea, el futuro en su país ocurre antes y muchas de las cosas que a nosotros aún nos sorprenden para ellos ya son viejas. Su referente y nexo de unión con la velocidad es la Nascar y esta señera competición pasa por un momento chungo, relativamente parecido al de la Fórmula 1.

    El espectáculo que se ofrece se ha anquilosado, conecta mal con las nuevas generaciones y pasan de llenar tribunas de 400.000 espectadores a tragarse el chumbo de apenas rondar la mitad… más o menos como a este lado del charco en un año que hemos pasado de los 450 millones de telemirones a los 390, todo un descalabro.

    "En lo sucesivo menos gente, pero mejor, y pagando más"

    La Nascar es una gigantesca organización con gente muy preparada, y hasta hace poco para ellos ha trabajado Tate Austin. Este aborigen de Carolina del Norte anda ahora metido en un negocio familiar relacionado con la alimentación, pero durante unos pocos años estuvo al mando de lo relacionado con la expansión y la innovación de la categoría favorita de los estadounidenses. “Se acabaron los mogollones, las aglomeraciones, las gradas llenas. En lo sucesivo menos gente, pero mejor, y pagando más. Más cabinas cerradas tipo apartamento con vistas para VIPs y empresas, menos gente de bocata y cerveza en la grada. Más techo y asientos cubiertos, menos espectadores aguantando el sol”, me dijo enarcando las cejas y asintiendo suavemente la cabeza de manera rítmica. Austin vio el futuro que tendremos antes o después en la Fórmula 1 y es justo lo que está ocurriendo en lugares como Singapur, Bahréin o sobre todo Abu Dhabi.

    En éste último sitio pagan una locura por acoger las carreras pero les va de cine con ellas. Les da igual si ganan o pierden pasta porque de eso tienen para enterrarnos a todos con billetes de 500 pero han convertido su carrera en El Evento del año. No te creas que el árabe medio es el que llena las gradas. Apenas hay asientos de pelousse, de esos baratunos, como los que se venden siempre los primeros en la vieja Europa poco menos que son inexistentes. Lo que allí se vende antes, los tickets que más rápidamente desaparecen, son los más caros de todos. Invitados de empresas multinacionales radicados en el emirato, ricos de los de verdad, viajeros globales, comisionistas de productos de lujo y la élite social llenan el Paddock Club más apiñado del calendario.

    "La otra jugada novedosa es algo en lo que casi nadie ha caído: la realidad virtual"

    La Fórmula 1 va a hacer lo mismo que Julio Iglesias. Cuando se dio cuenta de que no llenaba estadios de fútbol, empezó a organizar conciertos con cena para unos pocos cientos de tíos con un puñado de miles en el bolsillo; Julio acabó ganando más. La eliminación de la clientela de a pie de los eventos en beneficio de otros mucho más VIP va a ser una de las patas del negocio en el futuro.

    La otra jugada, como elemento novedoso (porque hay otras) es algo en lo que casi nadie ha caído: la realidad virtual. A día de hoy hay dos tipos de entradas, la cara y la barata, pero cada día estamos más cerca de que haya una tercera entrada… el pase 3D, digital, desde-casa, o llámalo como quieras. Con la profusión de fibra óptica hasta la puerta de nuestros hogares, las gafas de realidad virtual y toda la tecnología relacionada con esto, va a llegar el momento en que previo pago podamos estar sentados en una grada a seleccionar en plena carrera para poder verla como nos dé la gana.

    Sentado en tu sofá, en calzoncillos, bebiendo tu cerveza y hasta tirándote pedos podrás recibir las sensaciones tanto visuales como auditivas de estar sentado en el restaurante de La Rascasse en Mónaco… pagándolo obviamente. ¿Que te aburres a pesar de que veas y oigas (y se trabaja en que huelas) los coches pasando a tu lado? Pues le pegas al menú y tu ticket binario te llevará en un santiamén a la curva de Loews por dentro. O por fuera. O al apartamento de Flavio. O a esa terraza donde salen esas tías buenas en bikini. O a un barco. O a los pisos de la recta de meta. O a la entrada del pitlane, o justo en la columna del box de Williams. Tú decides. No será como estar allí, pero casi, casi.

    Esto va a ocurrir más pronto que tarde. Sólo necesitas una conexión buena a la red de redes, seguramente un App de la F1 a través de la que seleccionarás tu asiento virtual, tus gafas VR y la tarjeta de crédito con la que pagues la fiesta, que con toda seguridad será menor que plantarte en Montecarlo. Adiós aviones, retrasos, reservas atracantes de tu bolsillo, y hasta los ecologistas se pondrán contentos porque no gastarás gasolina para llegar hasta allí. El extra de estar in situ seguirá siendo posible pero esta es una nueva vía de comercialización que vas a ver pronto, muy pronto.

    Si Bernie nunca entendió esto, los de Liberty traen la mente abierta, ideas frescas y una idea en su cabeza: si hay un futuro, nosotros podemos inventarlo. Nunca olvides que son americanos, y allí, el futuro siempre ocurre antes. Vete pensando en que en 2020 liquida el Pacto de la Concordia y en el nuevo posiblemente haya condicionales de estos nuevos elementos. Ahora la F1 es de ellos, así que todo esto va a correr muuuuy rápido en los próximos años. Agárrate bien al asiento.

    Fotos: Red Bull Content Pool | Williams F1 | Paddock Club