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Virutas F1Vamos, vamos, la tele que viene

Hasta que Mr. Spock venga del futuro y en vez de lejía nos traiga una máquina de teletransporte, sólo hay dos formas de ver una carrera de Fórmula 1: yendo al circuito o verla por la tele… o al menos estas eran las dos maneras hasta que se inventó Internet.

Si eliges la primera opción vete preparando del orden de 50.000 leuritos, entre sesenta y ochenta vuelos dependiendo de donde vivas y que conexiones necesites, y cómprate una trolley que aguante un bombardeo. Si no te sobra ni el tiempo ni el dinero ya sabes: una buena tele y a mirar. Esto ha sido así durante décadas, pero llegó Internet y lo cambió todo. En realidad la red de redes no ha hecho más que prolongar y modernizar el efecto de ‘visión remota’ que hasta ahora dominaban las cadenas de televisión, y a las teles no les ha quedado otra que mover ficha o casarse con el enemigo o no.

La sublimación del negocio, del peiperviú, de las plataformas de pago, de la escalada de precios de los derechos ha conducido a una paradoja: los deportes pata negra han desaparecido de la faz de la tierra, o al menos de la tierra ‘en abierto’. Para ver el fútbol, baloncesto, ciclismo, tenis, coches, motos o golf, que son los más populares, hay que pasar por taquilla. Esta nueva realidad ha conducido a un extraño limbo existencial a deportes que ahora viven de los derechos televisivos, cada día facturan menos y peor de la publicidad, y aunque tiren con dignidad, su popularidad ha caído en picado. ¿Que no? Dime tres nombres de jugadores de baloncesto de equipos españoles. Dime tres ciclistas. Tres golfistas. No tienes ni idea, ¿verdad? Esta es la realidad: juegan de incógnito para el imaginario público.

De acuerdo, la señora que ve el Sálvame Limón no ve carreras de coches, pero televisiones, anunciantes, publicitarios y directivos audiovisuales no venden velocidad, ni Saubers ni siquiera venden Lewisjamiltones; venden audiencia. Más audiencia, más negocio, así es como funciona y a menor audiencia menos recursos para poder pagar los costosos derechos que impuso Bernie Ecclestone cuando esto del Wifi no existía y con lo que se sujetan los equipos. El problema de la segunda década del Siglo XXI es que el consumidor nativo de contenidos digitales es el público más joven, que por estructura económica y de forma nada sorprendente está tiesa como la varilla de un cohete. No hay pasta, no están acostumbrados a soltarla y el mercado de anunciantes, eje principal de todo esto, mira hacia los de 30 tacos para arriba, que ya suelen estar colocados, tienen familia, y un sueldo en condiciones. El problema es que estos consumen poca digitalidad, de hecho las primeras emisiones de la Fórmula 1 como plataforma de autodistribución de contenidos ha tenido poco éxito. Liberty no aporta datos, mala señal, pero en los mentideros audiovisuales apuntan que fracaso no, pero éxito tampoco.

Los de las motos y por boca de Carmelo Ezpeleta, el Bernie de las dos ruedas, tras unos años en emisión sólo para abonados a través de Movistar piensa en cambiar esta situación. No acaba de cerrar un acuerdo de renovación con Telefonica porque es consciente de que todo-bajo-llave es poco productivo o incluso nocivo para el negocio. El quid de la cuestión lo tienes con el trofeo de tenis Conde de Godó. Cuando directivos de la cadena fueron a comprarles los derechos les dieron con la puerta en la cara. “Nuestra pasta gansa viene de los patrocinadores. Si nadie nos ve, estos se nos largan”, sería hacer un pan con unas tortas y el siguiente paso sería una palmatoria de orden mayor.

El cuerpo les pide un modelo mixto y es más o menos la misma conclusión a la que han llegado en Movistar con la Fórmula 1. Antes de que acabe el año van a echar a andar una nueva cadena, ‘en abierto’ pero para sus abonados de telefonía con Internet en casa dentro del paquete audiovisual y sin necesidad de pagar cuota alguna. Ese nuevo canal con contenidos deportivos se llamará #Vamos y estará conducido por los responsables del canal de la Fórmula 1 los últimos años. Sabedores del valor de la especialidad, la idea es crear un programa aún por definir que será de F1 o de motor en general y que contará con imágenes de carreras, y ofrecerán resúmenes de las mismas sin coste extra alguno, cuotas o abonos.

La idea troncal de #Vamos parte del ya existente #0, un canal que nadie sabe muy como bien cómo pronunciar, pero está reportando beneficios no dinerarios a la compañía. Las teles se han dado cuenta de que las redes sociales, el Guasap, el Tuister y todo eso les adelanta por los dos lados a la hora de la inmediatez. Pones el telediario de cualquier cadena y las noticias de “última hora” que te ofrecen a las tres de la tarde ya las conoces. Para Lobato, Noemi o Fábrega es una putada tener que esperar a la hora de la conexión de inicio en sus retransmisiones para poder soltar una noticia que ya sabemos todos del día antes. #Vamos traerá lo de la inmediatez, la velocidad y el dinamismo a la palestra para poder pelear con mejores armas ante este nuevo panorama. Si Alonso decidiera retornar a la F1 ellos querían decirlo los primeros y no tienen por dónde; a partir de ahora sí, o al menos esta es la idea.

578.000 mendas que se plantaron ante las pantallas para ver el GP de España previo pago

A la vez, y con independencia de que ofrezca contenidos propios, sirve como plataforma promocional de sus productos de pago y esta es la ecuación que se quiere aplicar al deporte en general, y al motor en particular. Tras años de experiencia Telefonica juega con una cifra flexible pero definitoria que apunta a que por cada espectador que paga por ver un deporte, son entre cinco y seis los que lo verían en abierto. El ejemplo lo tienes en los 578.000 mendas que se plantaron ante las pantallas para ver el GP de España previo pago, récord histórico de la cadena con casi la mitad de los telemirones de paganini viendo ese contenido al mismo tiempo. Si multiplicas esa cifra por unos poco optimistas cinco, obtienes que redondeando cifras, esa carrera la hubieran visto tres millones de personas, que fueron justo las mismas que vieron esa misma carrera en abierto la última vez que se emitió de esa manera.

Esto hace pensar a Movistar cual es la base de clientes fijos y en base a esto calcula hacia dónde pueden ir los tiros matemáticos del negocio. ¿Otro dato? Cuando Alonso abandonó en Spa tras su tumultuosa salida, algo menos de un tercio de los espectadores cambiaron de canal, así que ya sabemos que los alonseros son entre un 20 y 30%. Si ALO se pira, que se pira, hay una cifra reconocible y sopesable con la que plantearse el futuro audiovisual de la especialidad. El primer interesado en saber esto con cierta precisión es el propio operador y cuenta con dos sistemas de medición. El de siempre, el de toda la vida, lo provee Kantar Media que en base a los 4.000 audímetros que tiene desparramados por todo el país dice con relativa precisión lo que hay. Por otra parte Movistar sabe con nombres y apellidos algo que jamás muestra en público cuántos abonados están viendo sus canales en todo momento . Tras años de observación sabe a ojo de buen cubero cuantos hay sentados ante la tele, y sus datos derivan poco de los aportados por los audímetros.

A pesar de la teórica falta de interés por el automovilismo, de que los españoles no ganen, o de que la actual F1 sea tildada de sosaina, desde hace tres años el número de abonados casi se ha duplicado y es por ello que Telefonica, que tiene contrato con la F1 hasta 2020 incluido, piensa en seguir prolongando su validez en los tradicionales acuerdos por tres temporadas. Su meta de 300.000 espectadores se suele pasar con frecuencia, lo que les anima a seguir. No sólo ofrecerían un contenido, sino que daría vida a sus canales, es un imán de clientela para otros productos y crean un paquete de opciones único y sin competencia. Todo esto conduce a un horizonte bastante plausible: parte de la emisión en abierto, casi la totalidad del producto de pago, y absolutamente todo en plataforma OTT (Over The Top) propietaria del organizador.

Esto debería ser así hasta que el mercado madure lo suficiente, porque lo último necesita de lo primero, y el negocio lo mantiene lo segundo. Esto es el ámbito económico, pero fuera de él, el otro elemento que mantiene el negocio es la incertidumbre. El no saber qué va a ocurrir, o incluso si se va a correr o no, como pasó con las motos el Silverstone con audiencias espectaculares sin actividad alguna en pista es una de las claves, pero esto no está en manos de las teles sino del deporte. Con un espectáculo mejor, todos ganaríamos, y en ello andan Brawn, Chase y el resto de los Libertarios, y cuando tanta gente tan válida se pone manos a la obra, suelen salir cosas, y cuando ocurran, te dolerá menos aligerarte la cartera. Y que usted lo vea, sea por donde sea (pero de lo de gratis poco o nada).

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