Virutas F1 Interviú y la Fórmula 1

El empleado de Minardi no se sorprendió al escuchar a su jefe. “¿Que quieren subir mi coche en una grúa? Diles que en una grúa van a subir mis co***es. Quién puñetas se habrán creado estos tíos de… deeeee…. la revista española esa, la de las tías, Interviú me has dicho, ¿no?”.

La figurada respuesta que recetó Giancarlo Minardi a los de la revista-ahora-recién-fallecida no sentó ni bien ni mal en la redacción de calle O´Donnell en Madrid, sino que la digirieron como una idea más que entró con limpieza el cesto de la basura. Marc Gené acababa de fichar por Minardi y al fotógrafo Paco Llata, uno de los que hacían las fotos de las chicas de portada cuando César Lucas se jubiló, le endilgaron la tarea de retratar al de Sabadell. Llata pidió a Minardi que le permitieran subir con una grúa el monoplaza azul y gris para colocar al bueno de Marc debajo sujetándolo con los brazos en alto en plan Superman. Tras la negativa, que el fotero enjugó con unos cafés en el VIPs de enfrente, decidió sentarlo en el suelo rodeado de una pista de Scalextric. Al final esa fue la imagen a doble página que la revista publicó para hablar de su advenimiento en la Fórmula 1. Si Gené no podía con un coche grande, pudo con unos cuantos pequeños.

No era la primera vez que le fotografiaba, de hecho unos años antes ya se había desplazado hasta Cataluña para reunir a Jordi, Marc y al padre de ambos, ineludible impulsor de la carrera velocista de sus vástagos. En Interviú vieron color a eso de que “la familia que corre unida, permanece unida”, y apostaron por colorificar a unos deportistas muy ajenos a la temática habitual de la publicación.

El problema llegó cuando a un timidísimo Alonso le pusieron en las manos una botella de sidra y un vaso para que la escanciara

Como aquello de los coches le atraía, meses después Paco aceptó con gusto la idea de ir a Asturias a retratar a “un chaval que corre mucho, dicen que va como un cohete, un tal Alfonso o no se qué”. Tras entablar conversación con José Luís, padre de un desconocido Fernando Alonso, buscaron una sidrería pintona para hacer el reportaje. La idea es que el futuro Bicampeón del Mundo escanciase sidra en un lugar típicamente asturiano. El chigre elegido tenía cocina de carbón y destilaba tipismo por los cuatro costados, era el sitio perfecto. El problema llegó cuando a un timidísimo Alonso le pusieron en las manos una botella de sidra y un vaso para que la escanciara. Con voz queda, casi pidiendo disculpas, dijo “es que yo no sé escanciar, nunca lo he hecho”.

Los reporteros salieron al quite con un “no pasa nada, no te preocupes, que luego ya la retocamos nosotros, y sale como que sí sabes. De eso ya nos hacemos cargo nosotros”. La respuesta fue un “bueno, vale” sin más, y el piloto hizo como que era el dueño de El Gaitero, aunque no lo fuese. El amo del garito miraba de reojo las evoluciones de aquellos tipos de Madrid que invadieron su establecimiento con flashes, sombrillas y aquellas aparatosas cámaras de fotos, preguntándose para sus adentros que quién sería el mocoso aquel al que daba indicaciones de cómo colocar las manos y sujetar la botella. Tres o cuatro años más tarde y ya con Alonso como Campeón del Mundo de Fórmula 1, para sorpresa de Llata, no se sabe muy bien cómo aquel tipo dio con él para pedirle aquellas fotos y exponerlas en su bar, el tabernero ya se había enterado de quién era aquel escanciador torpe.

El joven Fernando Alonso en la época de su debut en la Fórmula 1 con Minardi.

Llata se hizo muy aficionado a la velocidad. Amigo personal del santanderino Chus Puras, sonrió cuando le dijeron que tenía que ir al Rally de Portugal a hacerle unas fotos a Carlos Sainz. Un par de años antes ya le había retratado durante unos entrenamientos y encontraron la química que se desarrolla cuando dos grandes profesionales cruzan sus vidas. Al fotero se le ocurrió sentarle, volante en mano, en un coche imaginario dibujado con neumáticos.

Esa fue una de las fotos más celebradas de aquella época en la revista Panorama, otra difunta publicación del Grupo Zeta en la que fotógrafos de todo tipo y pelaje se mataban por publicar sus imágenes, puesto que casi siempre iban a doble página y lucían mucho. Llata decidió no coger un avión para irse a Portugal, sino alquilar un coche. En mitad de aquel rally le hubiera gustado atesorar las habilidades de Sainz cuando en un tramo con mucha tierra, y el asfalto muy mojado debido a la lluvia, dejó tirado patas arriba y en una cuneta aquel Citroen de alquiler. No guarda un buen recuerdo al tener que explicar a sus jefes porqué no había fotos de El Matador.

Al fotero se le ocurrió sentarle, volante en mano, en un coche imaginario dibujado con neumáticos

La revista Interviú es probablemente el medio informativo que más escándalos ha levantado, más corruptos ha denunciado y más secretos nos ha descubierto de la historia de la prensa española, pero será recordada como “la revista de las tías buenas en la portada”. Si su interior era una mina de oro periodística, las tetas de la portada eran una herencia de la ‘era del destape’ de los años 70, un anacronismo muy poco del Siglo XXI. El responsable gráfico de la editorial, técnicamente impecable, era el maestro de maestros César Lucas. Como de casta le viene al galgo, su heredero natural, César Lucas Abreu, continuó con el oficio, pero… le gustaban los coches.

Lucas Abreu retrató durante veintiséis años consecutivos y hasta el septiembre pasado miles de turismos que sacaba en los suplementos de El País con textos de… Luís Pérez-Sala y Manolo Gómez Blanco. Si el primero fue piloto de los Minardi de finales de los 80 y más tarde director de la escudería HRT, el segundo fue el manager de éste y de Adrián Campos. “Luís es uno de los mejores tipos con los que he tratado en mi vida. Amable, educado, y sabiendo muy bien lo que dice. Una vez me subió a su lado en un Audi S8 en El Jarama y casi echo la primera papilla. Impresionante… pero con el que aluciné de verdad fue con Luis Villaamil, que fue el primero con el que me hice una hot lap de esas. Fue también en Jarama, pero con un Alfa Romeo de carreras de verdad. Esas cosas no se te olvidan”.

Grandes del motor español han sido fotografiados por Paco Llata.

A los fotógrafos a veces les pasan cosas de las que no quieren que les ocurran, pero tienen que pagar las consecuencias. Una vez se fue a Sri Lanka durante todo un mes a hacer un trabajo para Unesco para llevarse una de las sorpresas más desagradables de su vida. La cagada de Kodak en su laboratorio de Lausana, Suiza, fue de tal calibre que tuvo que extender un certificado eximiendo de responsabilidad a César ante el cliente advirtiendo que habían sido ellos los que habían velado todas las imágenes, toda una rareza. Ningún certificado pudo extender años después el reportero cuando, enviado al circuito madrileño a retratar a Carmen Jordá, otro participante la mandó al hospital tras enviarla con más de doscientos caballos contra las protecciones y lesionarle la espalda. El cliente sólo dijo “¿y por qué no se quedó en el circuito para que le hicieras las fotos?”. No habían entendido nada.

Interviú no era una revista a la que le interesase demasiado el automovilismo, pero siempre miró a este deporte con buenos ojos

Tampoco entendieron Dani Pedrosa y su manager que al hijo de César le estaban operando mientras le hicieron esperar seis horas para hacerle un par de fotos. Lucas Abreu llegó y les pidió celeridad para atenderle e irse pitando a un hospital en el que necesitaba estar. Pedrosa se acababa de proclamar Campeón del Mundo de 250cc se hizo de rogar y, tras posar unos minutos, el periodista pidió “al menos un autógrafo para mi hijo, que ha salido bien de la operación”. La respuesta fue un seco “no”.

César ha trabajado para la revista de Land Rover, la de Porsche, ha hecho trabajos para Ferrari o la carrera de clásicos de Louis Vuitton, La última “carrera” que ha cubierto ha sido la cabalgata de los reyes Magos del Ayuntamiento de Madrid, entidad para la que trabaja desde hace años. “El trabajo es cómodo, cerca de casa, pero casi me muero del frío. Por cierto, Virutas, ¿cómo le va a ir a Vettel este año? mi hijo es un fanático suyo y me pregunta”.

Con la muerte de Interviú muere también un poco la Fórmula 1. Un medio menos, una ventana menos. No, Interviú no era una revista a la que le interesase demasiado el automovilismo, pero siempre miró a este deporte con buenos ojos. Es más, aquella foto en la que Alonso mostraba con el rostro serio de su lampiña postadolescencia la letra L blanca sobre fondo verde fue… sí, en Interviú. No siempre fueron chicas desnudas, también hubo velocidad.

Los coches siempre han sido un catalizador de sueños y deseos, algo que Interviú supo aprovechar con estilo.

Epílogo

El mundo de la velocidad es redondo. Está repleto de volantes, ruedas, piñones y circuitos que acaban siendo, en cierto modo redondos, puesto que acaban donde empiezan. César y Paco son grandes amigos, compartieron muchos menús en “El 19”, el bar frente al edificio que ocupaba Zeta en Madrid. El primero baja de vez en cuando a la casa de su padre en Marbella, y el segundo vive en Pedreña, justo donde nació Seve Ballesteros. Desde su casa puede ver la sede principal del Banco de Santander, y en lugar de ir a la ciudad en coche, usa una lancha porque tarda menos. A los dos les gusta mucho la música. Tanto que cuando llamaron a Llata desde la oficina de representación de Mecano para que fuera el fotógrafo oficial en sus giras, no se lo podía creer. 

Una vez, en un concierto, el que escribe se pegó a él con la idea de hacer mejores fotos, ya que tenía libre acceso a todas las áreas, tenía “un pase rojo de los de parrilla de la F1”. Cuando llegó la hora de encaramarse al escenario, los dos subimos juntos, armados con nuestras cámaras la rampa de acceso, y un segureta me señaló y me dijo: “tú no”. Pensé que lo de los conciertos era complicado y lo de los coches más accesible. Con el tiempo me enteré de que el canijo aquel que tocaba los teclados a dos manos, Nacho Cano, fue el compositor del himno oficial de la Fórmula E. ¿Círculos? Por todas partes.

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