Llevo 10 años con un coche de 1.000 €, y según un experto es “una bomba de relojería”
¿Cómo es convivir con un coche durante una década a medida que pasa su 'supuesta jubilación' y se acerca a los 300.000 km? Un resumen de diez años con un coche de esos que te dicen que te va a durar dos años, como mucho.

Cualquiera que haya comprado su primer coche recuerda la ilusión, el miedo, los nervios… ese cóctel que tiene uno de joven cuando hace la transferencia, da un salto y se hace con las llaves de su primer vehículo. Es toda una aventura, y más cuando se parte de un coche de segunda (o tercera, o cuarta…) mano procedente de un particular, sin tener una idea 100% exacta de la vida que ha tenido antes.
Cada unidad es un mundo. Te puede tocar la que esté en mejor estado del país o del mundo de un coche con cinco talones de Aquiles o un coche estadísticamente fiable, pero con desgaste o daños ocultos que provoque un problema terminal en cuestión de semanas o meses. Uno con repuestos por cada esquina o uno que tengas que ir a pedirlos a la conchinchina.

10 años con un deportivo generalista de los 90
En mi caso particular, después de más de 4 meses de búsqueda, pasando por modelos de Citroën, Toyota, Opel… incluso un Lancia Delta (de segunda generación, eso sí), la elección llegó casi sola. Un pequeño Renault Mégane Coupé, como aquel Maxi Mégane Kit Car del mítico poster de Luis Climent pilotándolo en un tramo nocturno del Rally Villa de Llanes de 1998 (eso sí, un Phase II con motor de 16 válvulas, no los originales de 8 válvulas). Cerca de casa, aparentemente en buen estado… ¿Qué podría salir mal?
Aparte de que tuve la suerte de tener un vendedor honesto, el coche llevaba tiempo parado. Tanto, que estaba en la reserva…y a 20 metros de la gasolinera más cercana, se quedó seco. Primera vez empujando un coche propio, después de haber pagado cuatro cifras por primera vez en la vida. El vendedor nos avisó (iba acompañado de un amigo de la infancia que trabajó como mecánico en varios talleres) de que había un rodamiento suelto, con el que pude ir con precaución de vuelta a casa.
Encontrar una buena unidad es crucial
Las buenas noticias: el coche había sido retapizado por completo, el motor se había cambiado (de modo que tenía muchos menos km que el resto del coche) y se le había hecho la distribución poco antes. Las menos buenas: arañazos en el capó (el primer dueño le puso una parrilla de faros estilo rally y eso dejó huella), fallos recurrentes como una caja de mariposa que hace que el coche de toques de acelerador solo al ralentí (o decida calarse porque sí), un faro con tendencia a volverse ‘color de los Simpsons’ o una fisura en el depósito del aire acondicionado. Una minucia en Andalucía, vaya.

Jamás olvidaré la reacción de un compañero de la prensa del motor en España: «Acabas de comprarte una bomba de relojería». Para alguien que acababa de empezar en esto y acaba de comprar su primer coche, es una noticia maravillosa, por supuesto. Aún así, va pasando el tiempo y el coche… funciona. Utilizado para todo, como ‘prensa oficial’ para rallies del CERA, CERT y Supercampeonato, de viajes cruzando España de norte a sur. Hasta he tenido la ocasión de enseñárselo al mismísimo Climent, cuando a partir de 2017 reapareció, tanto como coche 0 como competidor, en pruebas nacionales, ahora convertido el de Requena en todo un ganador del Rally de Montecarlo Histórico.
Imperfecciones y motivos de sonrisa a capazos
Por supuesto, salen cosas, como a cada coche. Que si un electroimán que te deja tirado, una pieza de 15-20 € que te hace llamar a la grúa en mitad de la noche y en mitad de la nada, alguna que otra fuga… nada que un buen mecánico de confianza o dos no sepan solventar. Y, posiblemente, sin el mecánico correcto, muchos primeros coches habían tenido un final de vida mucho más repentino. El hecho de haber escogido un coche que se fabricaba en España (Palencia, en concreto) facilita el que sea un mini-barco de Teseo con ruedas, aparte de compartir piezas con los Clio contemporáneos y un motor común con los Mégane de 2º generación.
En resumen: coche analógico, ligero, facilísimo de mantener, sin pretensiones de ser un deportivo real (hay altavoces con más potencia que ese motor atmosférico, aunque al menos nunca hay turbo que se pueda romper), pero que te permite jugar aquí y allá. Tan divertido para el conductor, con su puesta a punto de pisada a la francesa, como un martirio para quien se mete en la banqueta trasera sin tener mucho equilibrio, pero aún así capaz de hacer compras y mudanzas pequeñas.

Un ejemplo perfecto de lo que fueron los años 90
Después de 10 años (y prácticamente a punto de convertirse en un coche clásico, al ser de los últimos de aquella primera generación), sigue siendo un coche que representa muy bien los años noventa: un coche sin pantallas, sin apenas electrónica, con lo justo y necesario, pero que se conduce casi como un coche actual, sin cosas raras de coches clásicos de los 50, 60 o 70. No me extraña que fuera el coche más vendido en España en 1997 (sumando las distintas carrocerías en las que se ofrecía).
Teniendo en cuenta que costó ‘cuatro perras’ allá por 2016… ¡ni tan mal! Una década ha pasado y sigue sacando alegrías, de esas de darse la vuelta al bajarse del coche tras aparcarlo. Más de una vez, después de haber probado coches nuevos, sean de combustión o eléctricos, uno nota casi como si viniese del Paleolítico… y, sin embargo, hasta el peso de esa dirección no del todo alineada sigue sentando bien al cuerpo. A la bomba de relojería le quitaron la mecha, supongo.
¿Es recomendable comprar un coche así?
¿Recomendaría un coche de este tipo a quien buscase un primer coche? Generalmente, no (salvo que alguien lo quiera de manera muy expresa). El coche puede ser una maravilla con un gusto adquirido, pero no es del gusto de todos - es como quien compra un Mazda MX-5 de los originales, sabiendo cómo se refina la fórmula con los NB, NC y ND. Aparte, tener un tortazo con un coche de este tipo no es nada recomendable, sabiendo todo lo que se ha avanzado en esta materia desde finales de los noventa.
Renault Megane E-Tech y sus rivales
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