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    24 horas híbridas de Toyota 2017, una batalla de consumo con triunfo agónico incluido

    24 horas híbridas de Toyota 2017, una batalla de consumo con triunfo agónico incluido
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    Javier Gómara
    Javier Gómara15 min. lectura

    Un día, 24 horas, 1.440 minutos de competición. Era lo que nos esperaba en las 24 horas híbridas de Toyota. Una competición amistosa que en esta cuarta edición consiguió alzarnos como vencedores, aunque la tarea no resultó para nada sencilla.

    A la llegada de los participantes los C-HR estaban dispuestos, pronto empezarían a rodar

    Las carreras de 24 horas son tan escasas como especiales. Éstas ponen a prueba tanto a la mecánica como a la persona, en todos los niveles. Este año he podido participar en las 24 horas híbridas de Toyota 2017, mi segunda vez, y he de reconocer que aunque acabé agotado una vez más la experiencia ha valido la pena, más si cabe si terminas alzándote con victoria de una forma agónica.

    Es la cuarta vez que Toyota España organiza una carrera que va camino de convertirse en imprescindible. Las tres ediciones pasadas tuvieron lugar en el circuito de Albacete, al cual todo aquél que haya participado en años anteriores guarda cariño. Sin embargo este año había que dar el salto para consolidar la competición, y por eso fue el impresionante circuito de Ascari el encargado de acoger la prueba. Un salto de calidad, está claro.

    Teniendo el lugar solo faltaban las monturas, y si hablamos de Toyota hay que hablar de híbridos, y el último en incorporarse a la flota ha sido el protagonista, el Toyota C-HR. El nuevo SUV japonés tenía ante sí la dura responsabilidad de soportar un trato, que aunque no lo parezca, iba a resultar duro y exigente. Sus 122 caballos no importaban, era su consumo el que iba a exprimirse hasta la última gota, alguno incluso acabaron yendo más allá.

    A pesar del complejo planteamiento de la carrera del año pasado, para este año los organizadores habían tomado la sabia decisión de volver a lo básico. 6 equipos, 6 corredores por equipo, 24 horas y 125 litros de carburante. Así de sencillo y así de simple. Por supuesto hay que añadir un par de reglas suplementarias, como por ejemplo que el tiempo máximo de conducción seguido por conductor es de una hora, con 120 min de descanso para volver a subirse al coche.

    El manual de la carrera detallaba cómo iba a transcurrir la misma, y las penalizaciones

    En el apartado técnico los organizadores nos proporcionaban cada coche con 43 litros exactos, además de dos garrafas de 27,5 litros y otra de 27 para así sumar el total de carburante que debíamos gastar en el día de carrera. Cada equipo debía realizar su propia operación de repostaje, además de tener que hacer el cambio de dos neumáticos, que bajo el patrocinio de Bridgestone, eran los Turanza 001, que todo sea dicho de paso soportaron como jabatos las durezas de un circuito como Ascari.

    Por supuesto también había penalizaciones a la vista, unas pocas de hecho. Las sanciones obligaban a todos a extremar las precauciones, como por ejemplo que solo dos integrantes del equipo estuvieran a la vez en el muro. La principal de todas ellas era la velocidad en el pit lane, 30 kilómetros por hora era el máximo posible. Parece tarea sencilla, pero en pleno fragor de la competición quedó demostrado que la mayoría de penalizaciones iban a llegar por ahí.

    Llegaron las tres de la tarde, y al igual que en el viejo Le Mans, la salida estaba preparada. Poco antes de la misma cada equipo fijó sus propias estrategias. La nuestra, la del equipo 4, era muy sencilla, regularidad. Teníamos 125 litros para gastar, 24 horas por delante, y haciendo matemáticas básicas salía que cada hora debíamos gastar un máximo de 5,2 litros. Con esa premisa tomamos la salida. 23 horas y 59 minutos por delante, un mundo, paso a paso, con confianza y a por ello.

    A las 15 en punto arrancó la carrera, por delante 24 horas de pura competición

    Los primeros turnos se suceden sin incidencias y lo que es mejor, ajustándonos a la estrategia prefijada. Bien es cierto que aunque empezamos en los primeros puestos de la tabla, no tardamos mucho en caer a los últimos. Nuestros tiempos de vuelta superaban los tres minutos, mientras que muchos equipos rondaban los 2:50. Cada vuelta era una sangría de tiempo, pero nos mantuvimos concentrados. Eso sí, al caer la preciosa noche sobre el circuito de Ascari ya perdíamos cuatro vueltas con el primer clasificado. Anda que no nos costó salir del pozo.

    Ya sin luz natural algunos empezaron a darse cuenta que el ritmo inicial era demasiado alto, así que no tuvieron más remedio que bajar el pistón para así no disparar los consumos. Nuestros resultados eran sólidos, y en todo momento nos manteníamos en las previsiones. Ya de madrugada tocó hacer el primer repostaje. No es que nos hubiéramos quedado sin gasolina, pero queríamos despistar a los rivales, había que jugar con todas las cartas que estaban a nuestra disposición.

    Nuestro objetivo era llegar a final de carrera con autonomía para apretar en las últimas vueltas y que el resto no pudiera hacerlo

    Aunque estábamos contentos con nuestro ritmo, la alta velocidad de los rivales nos obligó en ciertos momentos a incrementar el ritmo para que así la diferencia no superase lo insalvable. Eso hizo que nuestros neumáticos empezaran a desfallecer. Tras 15 horas de carrera, a las 8:30 de la mañana, tocó hacer el cambio de neumáticos. Optamos por sustituir los dos delanteros, pues dado el enrevesado trazado de Ascari, el delantero derecho sufría más que ninguno, y el coche empezaba a acusar la pérdida de adherencia. Costaba más ajustarse a los tiempos y a los consumos.

    Dicho de paso la noche fue nuestra aliada, y dado que el resto de rivales bajó el ritmo y nosotros lo mantuvimos, empezamos a subir puestos. A primera hora de la mañana ya rodábamos cuartos, aunque fue un rápido espejismo, pues pronto caímos a la última plaza otra vez. Pero lo mejor estaba por llegar, ya habría tiempo para correr, y queríamos llegar al último tramo de la carrera con gasolina de sobra. Ahí es donde tendríamos que darlo todo, y esperábamos que el resto no pudiera hacerlo.

    El hospitality servía de centro de operaciones, las pantallas informaban de cada paso por meta

    El espionaje era parte fundamental de la carrera. Cual vieja tras el visillo, el poner la oreja resultaba especialmente útil, aunque había que tener cuidado de recibir información fidedigna pues la picaresca también entraba en juego. Los datos de consumo y autonomía eran el secreto mejor guardado de cada equipo, aunque a más de uno le costaba guardarse la información para sí. Es el resultado del excelente ambiente que reinó durante toda la carrera.

    Llegó el momento decisivo. Con el sol en lo alto quedaban poco menos de cinco horas para concluir la carrera. A las 10:30 de la mañana echamos las últimas gotas de gasolina disponibles, con eso y con lo que quedaba en el depósito había que tirar hasta la bandera de cuadros. La ventaja era que, con mucha diferencia, fuimos los últimos en echar el último bidón de gasolina. La cosa pintaba como nosotros queríamos, pero no os voy a engañar, en algunos momentos dudamos de si la estrategia había sido la acertada.

    Y es que el ritmo de los rivales no fallecía, seguían rodando en 2:40, e incluso algunas vueltas en 2:30, mientras que nosotros estábamos más cerca de los tres minutos. Pero de pronto empieza a planear sobre nosotros una espada de Damocles; los neumáticos. Y es que a pesar de tener el ritmo de consumo controlado, quemábamos los neumáticos muy deprisa, o al menos eso es lo que los comisarios nos dijeron. Así que el ritmo ahora, en los últimos compases de la carrera, lo iba a marcar el neumático.

    A falta de poco más de tres horas todavía rodábamos últimos, pero no habíamos dicho nuestra última palabra. Sabíamos que teníamos gasolina de sobra para llegar, más que nuestros rivales, a los que les empezaba a asomar una cara de preocupación. Alguna radio de equipo soltó la bomba, a falta de casi dos horas alguno ya no disponía de autonomía en el coche. Era nuestro momento, o ahora o nunca. Tocaba elevar el ritmo, aunque para nuestra sorpresa los demás no lo bajaron. ¿Pero qué demonios? ¡Deberían estar ya sin gasolina!

    Y así llegamos a la última hora de carrera, que digo, a los últimos 45 minutos. En ese punto íbamos terceros, con casi dos vueltas perdidas con respecto a los primeros, pero a estos les estaba esperando la pájara en el siguiente paso por curva, y vaya si llegó. En un momento empezaron a rodar a ritmos exageradamente lentos, más de cuatro minutos en dar una vuelta, apenas quedaban 10 vueltas para llegar a las 15 de la tarde, y ese fue nuestro momento, tras 23 horas y media de carrera apretamos al máximo. Las diferencias empezaron a caer como moscas, rápidamente nos desdoblamos, ya estábamos en la misma vuelta. Las 14:50 aparecían en los relojes.

    Las radios empezaron a echar humo, ya no importaba nada, ni gasolina, ni neumáticos ni historias, tocaba correr, y de lo lindo. Nuestro piloto recibió la orden que estaba esperando, a tope, a marcar tiempos récord, y así fue. En un momento pasamos de rodar en 3:10 la vuelta a hacerlo en 2:20. Aunque el ordenador de a bordo decía que estábamos sin gasolina, sabíamos que por ahí quedaba alguna que otra gota que nos iba a hacer vencedores. Aunque tuvimos que sufrir para alzarnos al primer puesto.

    Tanto que lo hicimos en la última vuelta de la carrera, que digo, a falta de tres curvas para ver la bandera a cuadros. Esto no es Le Mans, pero la emoción estaba servida. Qué final más épico para las 24 horas. Finalmente pasamos por línea de meta, la bandera cuadriculada ondea en nuestro morro y eso nos hizo ganadores de la cuarta edición de las 24 horas híbridas de Toyota. Por solo 3,6 segundos de ventaja sobre el segundo en 454 vueltas. ¿Quién dice que las carreras de resistencia son aburridas?

    ¡¡Victoria!! Hubo que sufrir, pero mereció la pena. Primeros y por muy poquito

    La alegría era enorme, aunque todavía no sabíamos si realmente habíamos ganado, pues los comisarios todavía tenían que determinar las penalizaciones de cada equipo para ver si finalmente éramos los vencedores. ¡LO ERAMOS, HABÍAMOS GANADO! Aunque las diferencias una vez más habían sido minúsculas, otros 3,6 segundos. Daba igual, ganar es ganar, y eso era lo importante. Nuestro C-HR no nos había defraudado, y nuestros rivales habían conseguido hacer la carrera más interesante e impredecible.

    Si con algo me tengo que quedar de las 24 horas híbridas de Toyota 2017 es con el buen ambiente que reinó durante todas y cada una de las vueltas dadas. Por supuesto también tengo que agradecer el trabajo de la organización, y el tremendo esfuerzo que supuso elevar el nivel de la prueba. Y por último a mis compañeros de equipo, que hicieron un trabajo tan impresionante que nos hizo alzarnos con el primer puesto. Un gusto correr a su lado, y deseando que llegue la quinta edición para poder revalidar el título. Ya queda menos.

    24 horas híbridas de Toyota 2017, una batalla de consumo con triunfo agónico incluido