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    Conducir durante el estado de alarma no es tan seguro como creemos

    Volkswagen Beetle en aparente estado de abandono Carl Campbell (Flickr) CC BY

    Es un hecho, el tráfico se ha desplomado, y aunque ya tocó su nivel más bajo -cuando se suprimieron todas las actividades no esenciales- y ha vuelto a aumentar un poco, sigue lejísimos de los volúmenes habituales. No hay que bajar la guardia.

    Si durante estas semanas de confinamiento hemos tenido que ponernos al volante o al manillar de un vehículo habremos percibido sensaciones poco habituales. Sí, hay menos tráfico, y puntualmente seremos los reyes de la carretera. Ni en un festivo en agosto veremos una ocupación tan baja de las vías.

    Pero es evidente que tenemos presente el porqué: hay una pandemia provocada por un enemigo que no se puede ver, oír, tocar ni oler, el coronavirus. Lo que empezó conociéndose como "una gripe" ha puesto en jaque al planeta entero y se trata de la mayor crisis sanitaria, social, económica y humana desde la II Guerra Mundial.

    De vez en cuando cuesta asumir que esto que está pasando es real, y no solo eso, que nos puede afectar de una forma o de otra. Acarrear esa preocupación encima no es nada beneficiosa para la tarea de conducir, ya que baja nuestro nivel de alerta frente a los estímulos como señales de tráfico, otros vehículos, peligros indefinidos... Como conducir en reserva o con un ruidito que no sabemos de dónde sale, no nos concentramos bien.

    Una carretera vacía no es menos peligrosa que una con tráfico fluido si no tenemos la atención puesta en ella

    Las sensaciones de agobio, ansiedad, preocupación... interfieren en la conducción porque se pueden encontrar asociadas a hechos poco agradables que hemos vivido y que normalmente tendrían una función adaptativa, pero que si aparecen mientras estamos conduciendo pueden no ser del todo adecuadas. El sistema límbico es una estructura del sistema nervioso que genera respuestas emocionales, y si emite una de estas respuesta emocionales como por ejemplo el miedo, podría reducir nuestra confianza en nosotros mismos como conductores.

    En parte va a ser inevitable abstraernos de esas imágenes negativas que nos vengan a la cabeza, especialmente si nos cruzamos con conductores que van ataviados con guantes y mascarillas, cruzamos calles por donde no pasa nadie o vemos ambulancias pasar.

    Sin tratar de huir de la realidad, ya que no podemos, se pueden usar algunos truquitos de psicología para crear una atmósfera más agradable y que nos permita concentrarnos en la conducción. Como siempre, el teléfono móvil no debe ser una fuente de distracción, sobre todo ahora, con más contactos que están sin nada que hacer y pueden enviarnos mensajes o llamadas en cualquier momento. Bluetooth encendido y el móvil fuera de la vista si no es imprescindible (p.ej. navegador).

    No es estrictamente necesario conducir con guantes ni con mascarilla, especialmente viajando en solitario. Los guantes son una barrera protectora entre el exterior y las manos, pero si ya tienen carga viral no son tan útiles. Si usamos guantes desechables, podemos deshacernos de ellos antes de abrir el coche y conducir, eso sí, hay que retirarlos con cuidado.

    La mascarilla conduciendo solo tiene sentido si no sabemos si tenemos el virus (asintomáticos), para evitar esparcir carga viral por el habitáculo, o si va alguien en el asiento de atrás

    Si disponemos de un gel hidroalcohólico para lavarnos las manos o acabamos de hacerlo -sin tocar nada- eliminaremos la sensación desagradable de estar tocando algo contaminado, o que estamos contaminando el coche, o simplemente el repelús. Nuestro vehículo tiene que ser nuestra fortaleza, un ambiente libre de virus, mentalmente ayuda bastante.

    Cuidar la limpieza de los interiores durante estos días no está de más, sobre todo en las superficies que tocamos habitualmente. Si el vehículo se comparte con más gente, esto es especialmente importante. Ante todo, sentido común, el virus sobrevive horas o días el ciertas superficies. Un coche que lleva parado una semana estará prácticamente libre del virus o la carga viral será irrelevante.

    Es mejor acceder al coche con la seguridad de que las manos las tenemos limpias y que no vamos a contaminar superficies

    Como compañía, mejor que las noticias de la radio, es mejor llevar música, que sea agradable, que no excite demasiado ni que nos duerma. Simplemente que ayude a desconectar. El climatizador a una temperatura adecuada, ropa cómoda y una postura adecuada al volante contribuyen a crear un clima agradable -en toda circunstancia y época, dicho sea de paso-.

    La higiene del sueño es muy importante, sobre todo para aquellos que han perdido las rutinas rígidas de despertador. Hay que tratar de acostarse y levantarse a las mismas horas, dormir bien y tener un sueño reparador. Los episodios de insomnio hacen que nuestra mente funcione peor, lo mismo que los neumáticos no van igual bajos de presión.

    Por último, y no menos importante, el tener la carretera para nosotros solos no es un escudo contra nada

    Tenemos que estar especialmente alerta ante peligros "nuevos", como la irrupción de animales en la calzada, sobre todo ahora. En cuanto al agobio constante a ser parados por una patrulla, el mejor consejo es viajar siempre de forma justificada y tener algún elemento que refuerce esa versión. Si no, es una sensación parecida a conducir sin carné o con la documentación caducada: agradable no es.

    El respeto a las normas de circulación sigue siendo importante. Llamaremos muchísimo más la atención (hay menos infractores a observar) y podemos correr el riesgo añadido de cruzarnos con otro vehículo que tampoco cumpla las normas, incluso un semáforo en rojo, o cuyo conductor también esté pendiente de las musarañas. Anticipación, previsión y conducción defensiva son útiles incluso cuando "no conduce nadie".