La crisis del petróleo que está cambiando el mercado de coches en Asia demuestra por qué España tiene una ventaja que no está aprovechando

La guerra en Oriente Medio ha bloqueado el Estrecho de Ormuz y el precio del crudo ha rozado los 120 dólares por barril. En Asia, los conductores se lanzan a los eléctricos. En España, con más del 56% de electricidad renovable, seguimos importando el 100% del petróleo que consumimos.

La crisis del petróleo que está cambiando el mercado de coches en Asia demuestra por qué España tiene una ventaja que no está aprovechando
Vista satélite del Estrecho de Ormuz: por aquí pasa una quinta parte del petróleo mundial - Shutterstock

Publicado: 02/04/2026 16:30

10 min. lectura

Lo que está ocurriendo en Asia-Pacífico en las últimas semanas no tiene precedentes recientes. El conflicto entre Estados Unidos e Israel con Irán ha paralizado casi por completo el tráfico de crudo a través del Estrecho de Ormuz, la vía por la que en condiciones normales circula cerca de una quinta parte de todo el petróleo y el gas licuado del mundo. La Agencia Internacional de la Energía lo ha calificado como la mayor disrupción de suministro registrada hasta la fecha. Y el mercado del automóvil ya está reaccionando de una forma que nadie habría anticipado hace apenas un año.

En Australia, las solicitudes de préstamos para comprar un coche eléctrico se duplicaron durante el mes de marzo, según datos del National Australia Bank. En Corea del Sur, marzo cerró con el doble de matriculaciones de eléctricos e híbridos que un año antes. En Nueva Zelanda, en una sola semana de finales de marzo se matricularon más de 1.000 coches eléctricos, prácticamente el doble que la semana anterior. El miedo a depender del petróleo, cuando este escasea y se encarece, tiene un efecto sobre las decisiones de compra que ninguna campaña de marketing hubiera conseguido replicar.

Cómo el Estrecho de Ormuz ha reescrito las intenciones de compra en medio mundo

Más del 80% del crudo que atraviesa el Estrecho de Ormuz tiene como destino Asia, lo que convierte a la región en la gran damnificada del bloqueo. Los gobiernos de Filipinas, Sri Lanka, Pakistán o Bangladesh han tomado medidas de racionamiento energético que en Europa nos parecen propias de otro tiempo: semanas laborales de cuatro días, cierre de escuelas, restricciones al uso del aire acondicionado. Ante ese escenario, un coche eléctrico ha dejado de ser un capricho tecnológico para convertirse en algo mucho más concreto: una forma de no depender de lo que ocurra en el Golfo Pérsico.

BYD, el mayor fabricante de eléctricos del mundo, ha visto cómo sus ventas en el exterior pasaban de representar el 22,7% de su total el año pasado a superar ya el 50% en los dos primeros meses de 2026, mientras sus ventas domésticas caen en un mercado chino saturado. Y lo mismo ocurre con el resto de marcas que apuestan por la electrificación: el argumento de la independencia energética, que durante años sonó abstracto, ahora tiene un precio en el surtidor que cualquier conductor puede ver cada vez que para a repostar.

En Japón, un país donde los eléctricos puros apenas superan el 2% de las ventas totales y donde Toyota lleva años apostando por los híbridos como solución intermedia, los analistas empiezan a hablar de un punto de inflexión. El propio Gobierno nipón subvenciona los precios de la gasolina para amortiguar el golpe, pero esa política no puede sostenerse indefinidamente cuando el crudo cotiza cerca de los 120 dólares por barril. La pregunta no es si la transición al eléctrico se acelerará, sino cuánto.

Calcula ahora el precio de tu seguro de coche

Calcula tu precio online

Europa mira de lejos lo que Asia vive en primera persona

Europa no sufre el golpe con la misma intensidad que Asia, y hay razones estructurales para ello. Gran parte del gas que consume el continente llega por gasoducto desde Argelia, Noruega o Rusia, no a través del Estrecho de Ormuz. Eso amortigua parte del impacto. Pero la amortiguación tiene un límite: el precio del crudo es global, y cuando sube en Asia, sube en todas partes. El gasoil y la gasolina que pagamos en cualquier gasolinera española reflejan lo que ocurre en el Golfo, aunque el barco que transporta ese petróleo no haya pasado por Ormuz.

El contraste con lo que está pasando en Asia resulta revelador precisamente porque invierte la lógica habitual. Son los países con menos infraestructura renovable, con menos tradición de políticas climáticas, los que están acelerando de forma más visible hacia el coche eléctrico. No por convicción medioambiental, sino por necesidad económica. Europa lleva años construyendo el argumento del coche eléctrico sobre la sostenibilidad. La crisis de Ormuz demuestra que el argumento más potente era otro, y estaba ahí desde el principio.

La paradoja española: más sol y viento que nadie, y el 100% del petróleo importado

España ocupa una posición singular en este contexto, y esa singularidad es al mismo tiempo una ventaja enorme y una oportunidad todavía muy desaprovechada. En 2025, las energías renovables generaron el 56,6% de toda la electricidad del país, según Red Eléctrica. La eólica lidera con el 21,6%, seguida de la nuclear, la solar fotovoltaica con el 18,4% y la hidráulica. El objetivo del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima es alcanzar el 74% de generación renovable en 2030. En términos de producción eléctrica limpia, España está entre los países más avanzados de Europa.

Parque eólico: España genera ya más de la mitad de su electricidad con renovables

El problema es que la electricidad representa apenas poco más del 20% del consumo final de energía en España. El otro 70% sigue siendo petróleo y gas, importados en su totalidad del exterior. Dicho de otra manera: España ha construido una red eléctrica cada vez más limpia y autónoma, pero la mayor parte de la energía que consume, la que mueve los coches y calienta los edificios, sigue dependiendo de terceros países. Un conductor de coche eléctrico en España recarga con una electricidad que en más de la mitad de los casos procede del viento o del sol de su propio país. Eso es independencia energética real. El problema es que hay muy pocos conductores en esa situación.

El PNIEC fija un objetivo de 5,5 millones de vehículos eléctricos en circulación para 2030. Las cifras actuales están muy por debajo de ese horizonte, y la crisis de suministro global de componentes, agravada por el cierre del Estrecho de Ormuz, complica la llegada de nuevos modelos al mercado en el corto plazo. Pero la dirección es clara, y lo que está ocurriendo en Australia, Corea del Sur o Japón en estas semanas es exactamente el tipo de empuje que España podría experimentar si la crisis se prolonga y el precio del carburante en las gasolineras sigue presionando al alza. La diferencia es que España, a diferencia de la mayoría de países asiáticos, ya tiene la energía limpia lista para recibir esa demanda. Solo falta que los coches se conecten a ella.

Asia está descubriendo el coche eléctrico por las malas. España tiene todos los ingredientes para descubrirlo por las buenas, antes de que la siguiente crisis energética tome la decisión por nosotros.

Este artículo trata sobre

Pixel