¿Fue buena idea cambiar los diésel por híbridos de gasolina?

En relativamente poco tiempo, la motorización más popular en España -incluso en Europa- ya no es la diésel, al menos en nuevas matriculaciones. Los híbridos han ocupado dicho lugar, y la inmensa mayoría funciona con gasolina. Hay casos en los que ha sido un cambio a mejor, pero también ha sucedido lo contrario.

¿Fue buena idea cambiar los diésel por híbridos de gasolina?
Después de la fiebre por los diésel, llegó la fiebre por los híbridos - Generada por IA

Publicado: 24/05/2026 12:00

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Si vamos a un concesionario a comprar un coche nuevo, lo más probable es que nos vendan un modelo electrificado, es decir, que sea híbrido o eléctrico. Las cifras de ANFAC no dejan lugar a dudas: en lo que va de año, el 23,9% de los coches matriculados son gasolina puros (con etiqueta C), el 4% son diésel (C también), y el resto, el 72,1%, son electrificados (ECO o Cero).

Este escenario sonaba completamente distópico hace unos años, cuando difícilmente superaban el 3% los modelos matriculados que no eran ni gasolina ni diésel convencionales. Los fabricantes han adoptado de forma masiva distintas soluciones híbridas o eléctricas para reducir las emisiones de cara a la Unión Europea. Y durante mucho tiempo, la forma de conseguir eso fue con los motores diésel.

En España, no se paga impuesto de matriculación para coches que bajen de 120 g/km de CO2, lo cual equivale a 5,3 l/100 km de gasolina o 4,5 l/100 km de gasóleo. Como el motor diésel es, por naturaleza, menos emisor de CO2, lo fácil para bajar las emisiones de flota era hincharse a vender «petroleros», le fuese bien al cliente o no. Qué os voy a contar que no sepáis ya. Eso estaba bien cuando la media a batir eran 130 g/km, pero para bajar de 95 g/km, la cosa cambia sustancialmente.

Popular campaña publicitaria de Citroën a mediados de los años 90

Diesel gustazo, diéselo

Antes de la década de 1990, igual había un diésel por gama (si acaso), igual dos, pero en todo caso eran el «patito feo» y apenas se fijaban en ellos los taxistas, comerciales y quienes pensaban a muy largo plazo. El combustible era más barato, sí, pero las prestaciones eran casi siempre inferiores, hasta que se maridaron con eficacia dos tecnologías, el turbo y la inyección directa.

Entre los 90 y los primeros 2000, aparecieron motores diésel capaces de igualar -e incluso superar- a sus homólogos de gasolina en prestaciones, con un consumo parecido o inferior, y con un combustible más barato. Eso pasó desde el humilde segmento A, donde son más difíciles de rentabilizar, hasta las berlinas de representación de más de 5 metros, el segmento F. Más de uno se sintió estúpido por no comprar un diésel en algún momento.

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Llegaron a darse casos de gamas en las que había algún gasolina, si acaso, asociado tal vez a una caja automática de las malas, y el corazón de gama eran los diésel. Los «petroleros» fueron los amos del mercado, superando ampliamente el 50% de cuota, y muy pocos modelos híbridos a gasolina eran competitivos contra ellos en cuanto a autonomías elevadas o consumos muy ajustados.

La mayoría de los fabricantes han abandonado los motores diésel, salvo en gamas muy concretas, y en su lugar ofrecen híbridos a gasolina

El reino de los híbridos es el paso previo al reino de los eléctricos

Esos tiempos ya pasaron, y ahora tenemos muchas marcas que no ofrecen ningún diésel porque dejaron de invertir en esa tecnología hace tiempo. Conseguir homologaciones más allá de la normativa Euro 6 se convirtió en algo muy complicado, y los híbridos a gasolina han ido tomando el testigo. Gracias a sus modestos motores eléctricos, pueden homologar cifras bajas de CO2 con inversiones menos cuantiosas, sobre todo tirando de proveedores como Bosch, Schaeffler, etc.

Hay modelos a los que la hibridación les ha venido muy bien, se consiguen consumos muy parecidos a los modelos previos de gasóleo, tienen menos rumorosidad mecánica, son agradables de conducir... pero sería de cínicos decir que eso siempre funciona. También hay muchos casos en el que el cliente ha salido perdiendo y echa de menos los consumos que sacaba antes con un diésel, y eso a igualdad de categoría de coche y tamaño.

Cada litro de gasóleo contiene más energía (medida en kilojulios) que uno de gasolina, luego es comprensible que, haciendo el mismo trabajo, un diésel gaste menos litros. Los híbridos pueden rascar eficiencia recuperando algo de energía en las deceleraciones o frenadas, pero claro, no es lo mismo recuperar energía para la batería de 12 voltios para un motor eléctrico de juguete (microhíbrido), que en una batería de 1-2 kWh que alimenta un motor de más potencia.

La prematura apuesta de Toyota por la tecnología híbrida, estrenada comercialmente en 1997, ha sido un tremendo éxito estratégico

Tampoco es lo mismo utilizar una solución archiprobada y con mucha ingeniería detrás, véase el sistema híbrido de Toyota, que utilizar una solución de terceros que apenas reduce el consumo unas décimas y que ni siquiera el conductor percibe que está ahí. El que lo conoce, sabe que un Toyota híbrido no enchufable puede recorrer hasta la mitad de la distancia con el motor de gasolina parado, y que hay híbridos que sólo detienen el motor cuando están detenidos y funciona el Stop&Start. Y a efectos legales, ambos son híbridos.

¿Y qué pasa respecto a los híbridos enchufables? Están muy bien... cuando se enchufan. Un usuario de PHEV que nunca enchufa puede sacar fácilmente consumos superiores a los de un modelo de gasolina equivalente por tamaño y potencia, de hace unos años, sin ningún tipo de hibridación. A eso le llamo ir hacia atrás, como los cangrejos. Con razón en algunos países les han quitado ayudas y privilegios, no está clara la mejora ambiental ni de eficiencia.

Por otra parte, también es cierto que un PHEV puede sacar consumos muy ajustados si el conductor va muy suave y se esfuerza por sacar una media contenida, aunque la batería esté al 0%, ya que se comporta como un híbrido convencional, eso sí, muy lastrado en la parte trasera. Pero lo normal es que, en la misma gama, un híbrido normal baje el consumo de un híbrido enchufable por una cuestión puramente física: pesa menos.

En gamas como la de Volvo, ya no se ofrecen motorizaciones gasolina o diésel sin asistencia eléctrica

Una cuestión de eficiencia

No pretendo generalizar de forma negativa respecto a los híbridos, pero me reitero en los que hay casos en los que el cliente ha salido perdiendo al pasar del diésel al híbrido. Su gasto de combustible se ha podido incrementar -así como las emisiones de carbono-, es discutible que esté contaminando menos, y puede estar echando de menos al diésel que conducía antes, dejando al margen fiabilidad o el coste del mantenimiento.

Una ventaja inherente a los diésel es su menor sensibilidad al uso. Esto quiere decir que los consumos que saca un conductor promedio y los que saca alguien que va con mucha prisa no experimentan grandes variaciones. Uno muy eficiente y previsor se acerca a las cifras de homologación, pero no es fácil que un conductor doble el consumo de otro con el mismo coche.

Con los híbridos de gasolina, esto es más sencillo, son más sensibles al uso. Cuando las ventajas de la parte eléctrica apenas se notan, o son irrelevantes, afloran diferencias mayores. Y cuanto más pequeño sea el motor de gasolina o más «apretado» esté, más se nota. Así, un conductor eficiente puede gastar la mitad que uno que tiene el pie más pesado, incluso la tercera parte...

Mercedes-Benz GLA, uno de los pocos modelos que se pueden adquirir a gasolina, diésel, híbrido e incluso eléctrico (EQA)

Esta perversa lógica respecto a la eficiencia me recuerda la era de los motores carburados, cuando el consumo se disparaba con patrones de uso exigentes, sobre todo si el encendido iba por platinos: a altas revoluciones, salía por el escape gasolina que ni siquiera había recibido un chispazo a tiempo. Esas cosas no pasan en los motores modernos.

Pero veamos un ejemplo gráfico, el Mercedes-Benz GLA 250e con tecnología híbrida EQ del año pasado, actualmente a la venta. Gracias a su sistema híbrido enchufable, homologa 2,9 l/100 km y puede recorrer «a pilas» 65 km. Su motor de combustión es de cuatro cilindros, pero con apenas 1.332 cc, como cualquier utilitario del montón de hace 50 años, aunque rinde por sí solito 163 CV de los 218 CV combinados que homologa.

Yendo de pasajero, con un conductor que iba más cerca de los 160 km/h de galope que otra cosa, observé atónito cómo la media se iba a los 10 l/100 km, más del triple, y la autonomía no llegaba a los 400 km con sus 35 litros de depósito; como muchos eléctricos equivalentes. Vale, se reposta en pocos minutos, pero un gasolina 2.5 «de verdad» o un V6 gastaría menos sin hibridación. No es por los platinos, es que ese motor 1.33 va forzadísimo a alta velocidad y con las baterías descargadas. Si no se enchufa nunca, ese modelo no tiene sentido, y no es el único con ese problema.

BMW 330e, un modelo híbrido enchufable

Lo del problema puede ser algo relativo, hay clientela particular y de empresa que ha adquirido híbridos enchufables por ventajas ajenas al consumo, como el acceso a carriles de alta ocupación (VAO), una rebaja sustancial de impuestos, aparcar por menos o por nada en la calle, entrar en zonas de bajas emisiones... Un fraude totalmente legal al que no se le ha puesto coto. Que el consumo sea alto, es secundario.

Dicen que no hay malos coches, sino coches con precios incorrectos. Añadiría a ese dicho que depende de en qué manos se pongan. El cliente ideal de un híbrido enchufable llena el depósito de combustible muy pocas veces al año, y usa sobre todo la energía de las baterías. En cambio, no hace falta concretar tanto para el cliente ideal de un híbrido convencional, de los que no se enchufan.

Mirando las cifras en su conjunto, creo que en general ha sido positivo cambiar los diésel por híbridos por la simple razón de que sus emisiones son menos nocivas, aunque no haya ahorros significativos en cuanto al dióxido de carbono emitido -gas que no afecta a la salud de las personas. Desde el punto de vista económico de cada uno, es cuando entran las dudas. ¿Es tu caso? Déjanoslo en los comentarios.

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