Si Great Wall quiere a Jeep, el "Tío Sam" y Trump deberán estar de acuerdo

  • Hace falta algo más que el entendimiento entre FCA y Great Wall para traspasar Jeep.
  • Las autoridades de EEUU pueden ser contrarias a este acuerdo por múltiples razones.
  • No son solo negocios, están implicadas otras consideraciones como la seguridad nacional.

Sabemos que Great Wall está detrás de FCA para hacerse con una de sus joyas, la marca de SUV y todoterreno Jeep. Fue reconocido oficialmente por el fabricante chino, pero no por el italoamericano. Varias empresas automovilísticas chinas dijeron no estar interesadas, pero Great Wall había permanecido en silencio.

Ahora mismo Jeep como marca tiene una valoración superior a Fiat Chrysler Automobiles con todas sus marcas. Tiene grandes expectativas de crecimiento, porque no solamente el mercado mundial lo hace, hay un segmento que lo hace con mucha fuerza es uno donde Jeep se siente en su salsa: todoterrenos y todocaminos (fundamentalmente estos).

Jeep puede alcanzar pronto 2 millones de unidades al año a nivel mundial

Great Wall ve una oportunidad la adquisición de Jeep, porque le permitiría cumplir dos grandes objetivos, como bien apunta Yang Jian, editor jefe de Autonews China. Por un lado, Great Wall accedería al mercado estadounidense por la puerta grande. Por otro, tendría la tecnología para tener una gama de SUV competente.

Wang Fengying Presidenta de Great Wall

Wang Fengying, Presidenta de Great Wall

Esos dos últimos objetivos pueden ser la parte más sensible del acuerdo, especialmente para las autoridades de Estados Unidos. Cuando se hace una operación tan grande debe contar con el visto bueno de aquellos entes que regulan el mercado, porque pueden provocar grandes interferencias, y puede que algo más.

En Estados Unidos existe un ente llamado Committee on Foreign Investment, bajo tutela del Departamento del Tesoro, que analiza la conveniencia de grandes operaciones. Su nombre significa "Comité sobre Inversión Extranjera". Si bien no es necesario que den el yea por adelantado, sí puede poner palos entre las ruedas y dilatar el proceso a posteriori.

No es ningún secreto que EEUU es muy celoso de la "seguridad nacional", y Jeep pertenece a una categoría industrial sensible. No es que teman una posible invasión china a lomos de Jeeps, más bien tecnologías como la conducción autónoma, la conectividad a Internet (normal que les preocupe) o la relación con proveedores que trabajan con empresas que fabrican vehículos para su ejército.

Bajo el paraguas de FCA, Jeep ha pasado a triplicar sus ventas en menos de una década

Este comité, aunque no bloquee la operación, también puede boicotearla dilatando los plazos de análisis. Supongamos que Great Wall accede a financiar la compra de Jeep por más de 20.000 millones de dólares, que es muchísimo dinero, en una fecha determinada.

Supongamos después que el comité da un dictamen positivo, pero varias semanas después, hasta 75 días (dos meses y medio). Las fluctuaciones en las acciones de Great Wall y de FCA NV pueden haber sido tales que haga inviable el acuerdo, por ejemplo porque Great Wall necesite aún más dinero.

El comité suele tomar una decisión en 30 días, pero si no lo ve claro, dispone de otros 45 días

Y es que Fiat Chrysler Automobiles no es una empresa cualquiera. Es el resultado de la adquisición de Chrysler por parte de Fiat, con sede en Reino Unido y formalizada como sociedad en Holanda. Debemos entender que el comité no vio que nada de esto supusiese un problema para la seguridad nacional, pero China es otro cantar.

Donald Trump se reunió en la Casa Blanca con los principales fabricantes al poco de ser investido presidente

No olvidemos que China es, en política exterior, una china en el zapato de Donald Trump. El dragón asiático es el principal aliado de Corea del Norte, uno de los países del llamado "eje del mal" que está echando un pulso a Estados Unidos. Aunque sea una hormiga contra una apisonadora, las consecuencias pueden salpicar a otras naciones como la cosa se salga de madre, sobre todo Corea del Sur y Japón, aliados de EEUU.

El comité se puede inhibir en su decisión, y el propio Donald Trump puede dar el "nope". Es decir, en última instancia, el destino de Jeep está en manos del señor estrambótico de peinado a juego. Sabemos por la dialéctica habitual de Trump que no le gusta eso de que otros fabriquen coches fuera de EEUU, no hablemos ya de que chinos compren algo tan americano como es Jeep.

Trump lo tendría tan fácil como decir que la adquisición de Jeep pondría en peligro los empleos en Estados Unidos, no necesita más. Los Jeep que se producen fuera son para atender principalmente la demanda local, el caso de Italia (para UE) y China. Sí, amigos, se producen Jeeps en China también.

Pekín acogió la producción del Cherokee hace 34 años

Al igual que EEUU tiene sus barreras, China tiene las suyas. Para que los Jeep se puedan vender a un precio competitivo en China, deben producirse localmente y con un fabricante chino existente. El socio tecnológico de FCA en China es GAIC, y allí se producen los Jeep Compass, Renegade y Cherokee. El resto vienen importados desde Estados Unidos con precios más altos debido a los aranceles.

En 1983 Jeep (de AMC) empezó a producir el Cherokee en China, fue el primer extranjero en producir en ese país. La ligadura histórica de Jeep y China es evidente, pero tiene un carácter americano muchísimo más marcado. ¿Significa eso que el mundo no aceptaría una Jeep en manos chinas? No necesariamente.

Habló sobre ello David Tracy en Jalopnik, la percepción de qué es un "producto americano" es muchas veces incorrecta. Aunque los que tienen la pasta y el control sean chinos, los Jeep pueden seguir siendo igual de americanos que como eran antes. Volvo está en manos de Geely (chinos) y Jaguar Land Rover en manos de Tata (indios). La gente no ha perdido la cabeza por ello.

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