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Los proveedores se preparan para una gran ola tecnológica y económica

Los proveedores de piezas para los fabricantes automovilísticos se enfrentan a cambios sustanciales en su modelo de negocio debido a las condiciones económicas y a las cuatro megatendencias que afrontará el sector próximamente. La industria secundaria puede vivir tiempos difíciles.

Los proveedores están modernizándose con la ayuda de las nuevas tecnología. Fotografía: Bosch

Tras una década creciendo, los proveedores de automoción pueden estar cerca de que su "fiesta" particular esté acercándose a su fin. El escenario ha sido favorable, ventas automovilísticas en crecimiento y componentes más caros para coches cada vez más equipados de serie. Se avecinan nubarrones y deben irse preparando.

De acuerdo a la consultora Deloitte, los proveedores se encuentran "en un punto de inflexión estratégico", es decir, que a largo plazo van a cambiar bastante las cosas. Los factores que van a desencadenar el cambio son las caídas en las ventas que ya se ven venir, materiales cada vez más caros y un mayor esfuerzo en i+D para ponerse al día.

En entorno económico ya se está enturbiando con las tensiones comerciales que están provocando principalmente Estados Unidos y el Reino Unido, ya que el desfasado proteccionismo económico de Trump (EEUU) y -ahora- Johnson (RU) lesiona su eficacia. Las fronteras implican pérdidas por aranceles y retrasos en la cadena logística con modelo just in time, que tiende a minimizar existencias para reducir costes de almacenamiento.

Fabricación de la nueva Serie 1 de BMW en Leipzig (Alemania)

Las principales tendencias del automóvil (nuevos conceptos de movilidad, electrificación, conducción autónoma y digitalización) elevarán el precio de los componentes, pero no necesariamente las ganancias de las empresas que los fabrican. Tendrán que apretarse el cinturón para ser más competitivos.

De acuerdo al Global Automotive Supplier Study (2019) de Deloitte, en 2025 van a encoger sectores como el de los ejes o las transmisiones, mientras que aumentarán los de electromovilidad, hibridación, conducción autónoma, sensores y sistemas de ayuda a la conducción (ADAS).

Las tecnologías ligadas a los vehículos de combustión interna van a ir en declive, pero seguirán haciendo falta a corto y medio plazo inversiones para cumplir con desafíos como la futura Euro 7 o el cupo de emisiones de CO2 que habrá a lo largo de la próxima década. A algunos les dejará de merecer la pena invertir en ello.

Y se gesta una tormenta perfecta si se van a vender menos coches, pero con tecnologías más caras. Además, los efectos se verán incrementados todavía más si acaba llegando una recesión económica. Si Alemania tiene otro trimestre de retroceso en el PIB entrará técnicamente en recesión, y si Alemania tose, Europa se contagia.

Por ello los proveedores tendrán que decidir si diversifican sus líneas de negocio o se consolidan en las existentes. Hay que pensar en el futuro. La incertidumbre de los fabricantes se va a trasladar a los proveedores que les venden las piezas, es la ley de la gravedad.

Todos los proveedores tendrán que ver qué áreas de negocio no conviene seguir exprimiendo ante la transición que se avecina, y evaluar las oportunidades y riesgos. Otra variable a vigilar será la de la dimensión: si aumenta la demanda, ¿estarán preparados para hacerle frente y así aumentar su cuota de mercado?

Desde la Gran Recesión de 2007-2008 (vamos, la crisis económica que todos conocemos), los proveedores automovilísticos han generado para sus accionistas un incremento de valor de 510.000 millones de dólares, más del doble que su situación previa a la crisis. El reparto ha sido muy desigual, ya que el 99% de ese crecimiento se concentra en los tres proveedores líderes.

Esa es la "fiesta" de la que hablan algunos analistas. Solo en nuestro país la industria auxiliar facturón 37.000 millones de euros el año pasado, es decir, un 2,6% más que en 2017. Las cuatro megatendencias afectan a todas las líneas de negocio de este sector. Los efectos se notarán más o menos en función de la región, cómo de grande es la empresa y cómo es su catálogo de productos.

Con un parque de proveedores tan grande en España -somos el segundo productor europeo de automóviles- resulta vital que las políticas públicas estimulen el cambio. De momento eso no parece sencillo, con varias elecciones en los últimos años, un parón en la política por su fragmentación ideológica y al final de la pujanza del bipartidismo como forma de equilibrio.

Fuente: Deloitte

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