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    Coches RarunosVolugrafo Bimbo 46, la rana para un pasajero y medio

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    Se fabricaron unas 60 unidades del Volugrafo Bimbo 46

    Uno de los primeros microcoches apareció en Italia en 1945, sólo dos meses después de terminar la Segunda Guerra Mundial. El Volugrafo Bimbo parecía una rana y no tenía puertas, ni ventanillas, ni maletero ni marcha atrás pero tenía mucho encanto.

    Tras Segunda Guerra Mundial toda Europa se vio sumergida en una profunda depresión económica y fue el momento en el que surgieron los microcoches, la manera más económica con la que un ciudadano podía tener un automóvil en propiedad. Esta tendencia que ya ha protagonizado entregas anteriores de Coches Rarunos también llegó a Italia y hoy conoceremos la propuesta de Volugrafo en esa categoría.

    Officine Meccaniche Volugrafo fue una empresa de Turín que durante el gran conflicto esta compañía italiana proporcionó algunas innovaciones técnicas al ejército para la producción aeronáutica. Fabricaba piezas de aviones y unas curiosas motocicletas pequeñas que sedujeron al ejército.

    ¿Para qué querían los militares unas minimotos? El ejército planeaba la invasión de Malta por vía aérea y se pensaban que un pequeño vehículo sería de gran ayuda como equipamiento para las divisiones de paracaidistas. Lanzar minimotos en paracaídas junto a los soldados permitía la rápida movilidad de los paracaidistas en suelo maltés. A partir de esa idea nació la motocicleta Volugrafo Aermoto 125 y se hicieron unas 2.000 unidades, algunas también usadas por los soldados alemanes.

    El pequeño Volugrafo fue uno de los microcoches pioneros

    Detrás de Volugrafo estaba Claudio Belmondo, un ingeniero cuya verdadera pasión eran los cohetes y que en los años 30 había creado el Centro de Estudios de Propulsión A Chorro. También fue piloto de carreras ocasional y ese interés por el mundo del automóvil le llevó a pensar que, tras la guerra, debía reorientar su negocio a un taller para la producción de coches pequeños. Se puso a diseñar su propio coche además de complementar la actividad fabricando remolques y bombas de gasolina.

    Belmondo tenía claro que lo que hacía falta en ese momento era un vehículo sencillo que satisficiera las necesidades de movilidad de la gente sin grandes recursos económicos. Que por aquella época era la mayoría de la población. Con ese convencimiento el Volugrafo Bimbo 46 fue presentado en noviembre de 1945.

    El Bimbo fue uno de los primeros microcoches ya que los Messerschmitt, Isetta, Fuldamobil, Biscúter, Heinkel Kabine y compañía no empezaron su andadura hasta la década de los 50. A diferencia de otros que presentaban un diseño tosco y rudimentario, tenía un aspecto encantador que parecía una rana. La influencia del mundo aeronáutico en la compañía de Belmondo había quedado patente en su primer (y único) automóvil.

    La rueda trasera izquierda era la única que recibía impulso del motor

    Asentado sobre un extremadamente sencillo chasis tubular, mostraba una carrocería con diseño de ala con unas formas depuradas y limpias en la cual destacaba que las ruedas delanteras iban completamente carenadas. Pensado para cortos desplazamientos urbanos, carecía de puertas o maletero.

    Con sólo 2,40 m de largo y 90 cm de ancho, el microcoche turinés era diminuto. La filosofía era sencilla y es que cuanto más pequeño más barato podía ser. Sus reducidísimas dimensiones tenían la ventaja de ser extremadamente ligero hasta el punto de que el Volugrafo Bimbo sólo pesaba 125 kg.

    Sencillo pero con estilo

    Su tamaño también mostraba inconvenientes no sólo por la ausencia de un compartimento de carga sino también por su exiguo habitáculo configurado con un asiento corrido que proporcionaba una habitabilidad para dos plazas. Su fabricación artesanal permitía hacer pequeñas adaptaciones en cada unidad por lo que no eran idénticas sino que mostraban algunos detalles de decoración o capotas diferentes.

    El volante desplazado hacia el centro limitaba aún más el espacio con dos personas a bordo

    Como era muy estrecho dos ocupantes iban realmente apretados ¡Mas vale que estuvieran delgados! Además el volante estaba ubicado casi en el centro, una solución incómoda si viajaban dos personas así que bien se podría decir que era para un pasajero y medio. Sobre el piso se encontraban cuatro pedales ya que además de los tradicionales embregue, freno y acelerador también estaba el pedal que permitía el arranque.

    El motor estaba ubicado delante de la rueda trasera izquierda e impulsaba el pequeño vehículo italiano mediante una transmisión por cadena a dicha rueda. Se recurría a una caja de cambios manual de tres velocidades, sin marcha atrás. La palanca estaba situada en el lateral izquierdo, donde debería haber una inexistente puerta.

    El propulsor tenía un único cilindro con 125 cc. Desarrollaba 4,5 CV, una cifra de potencia realmente modesta pero que gracias a la ligereza del modelo permitía al pequeño Bimbo alcanzar los 60 km/h de velocidad máxima. Para detenerlo empleaba frenos de tambor en las cuatro ruedas, un detalle técnico interesante ya que muchos otros microcoches prescindían de frenos en el eje delantero.

    Un Bimbo publicitándose al público en un stand

    Los neumáticos también tenían un tamaño reducido, en consonancia con el resto del vehículo ¡Procedían de una carretilla! Las llantas eran de 8 pulgadas y el ancho de vía apenas medía 78 cm lo que permitía prescindir de un diferencial. Para ahorrar metal el microcoche de Volugrafo carecía de techo y en algunas unidades se equipó una sencilla capota de tela que daba una protección básica, ya que no tenía ventanillas laterales.

    Para la suspensión delantera se optó por un sencillo eje rígido mientras que la suspensión trasera era independiente, lo cual proporcionaba un cierto confort por las calles adoquinadas. Para la amortiguación se prescindía de muelles en favor de ballestas lo que suponía una solución sencilla y asequible.

    Debía ser económico de adquirir y mantener. Este segundo aspecto lo cumplía con creces al anunciar un consumo de combustible de sólo 3 l/100km lo que proporcionaba una autonomía razonable para un coche decididamente urbanita ya que el depósito tenía una capacidad de 10 litros.

    Estilo italiano en formato compacto

    En cuanto a su precio de venta, estaba marcado en 300.000 liras. Era barato, sí, pero la sociedad italiana ni siquiera podía permitirse ese desembolso y eso explica que aunque la producción comenzó en la primavera de 1946 y se mantuvo en el mercado hasta 1948, se construyeron alrededor de 60 unidades.

    En la actualidad han sobrevivido muy pocas unidades del Volugrafo Bimbo 46, dos de las cuales se exponen en museos de coches: concretamente en el Museo della Ford Paolo Gratton (Italia) y en el Musée de l'Auto Mahymobiles (Bélgica). Como todo el mundo sabe los italianos siempre han estado enamorados de los coches pequeños y del diseño vanguardista y viendo el Volugrafo Bimbo deja claro que esa pasión ya existía en la posguerra.

    Fuente: dreamcar.ch, italianways.com, woiweb.com, dannatavintage.com

    Volugrafo Bimbo 46, la rana para un pasajero y medio
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