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ComparativaBMW i8 vs Porsche 911 GTS (II): la hora de la verdad

Llega el momento de comprobar de lo que son capaces el Porsche 911 Carrera 4 GTS y el BMW i8. El coupé de Stuttgart tiene un motor bóxer de seis cilindros con 430 CV. El exótico BMW i8 recurre a un motor de gasolina de tres cilindros que en conjunción con un motor eléctrico desarrolla 362 CV de potencia.

El exótico coupé híbrido BMW i8 y el feroz Porsche 911 Carrera 4 GTS nos esperan ansiosos. Tras la comprobación visual, es el momento de ponerse en marcha y examinar sus cualidades dinámicas ¿El i8 podrá sacar partido a su motor eléctrico frente al brutal bóxer del nueveonce? Antes echaremos un vistazo a su interior.

Diseño interior

Al abrir las puertas de ala de gaviota del i8, que sorprenden por su ligereza, enseguida comprobamos que entrar en el habitáculo del BMW ya es una experiencia en sí misma. El umbral es ancho y elevado así que para acceder al interior lo mejor es sentarse sobre él y después deslizarse hacia el asiento. Salir es más complicado y la maniobra requiere una cierta práctica.

El 911 presenta menos complicaciones con unas puertas de apertura tradicional, donde luce orgulloso el anagrama ‘Carrera GTS’ en la moldura del paso de puerta. Basta meter un pie y dejarse caer en la butaca, que está situada muy baja. En cuanto a diseño interior, el 911 es más sobrio mientras que el i8 tiene un aspecto más atrevido, aunque no tanto como puede sugerir su imagen exterior.

En ambos los ajustes y materiales son de primera, como no podría ser de otra manera. Merece la pena destacar que en el caso del 911, la versión GTS recurre al Alcántara en el aro del volante, la palanca de cambios, los tiradores de puerta, los reposabrazos de los paneles de puerta, la tapa del compartimento de la consola central, las secciones centrales de los asientos y el techo interior.

El i8 es 18 cm más largo y 9 más ancho que el 911

Por su parte el i8 muestra un habitáculo repleto de líneas curvadas y cuenta con el paquete de diseño interior BMW i Halo, opcional, con tapicería de cuero natural, costuras en color azul y detalles en tela. Este pack incluye cinturones de seguridad azules y el techo interior, el revestimiento de los pilares y los parasoles en antracita. Tampoco falta el característico volante deportivo de cuero con detalle en azul.

Las plazas delanteras son sorprendentemente espaciosas e incluso personas de elevada estatura encontrarán acomodo. Además, la ergonomía ha sido muy cuidada en ambos coches. Tanto en uno como en otro es cuestión de unos pocos minutos saber dónde está todo y sentirse como en casa.

El sistema de audio, navegación y comunicación del 911 es el Porsche Communication Management (PCM), que se utiliza a través de una pantalla táctil de 7 pulgadas. El i8 saca ventaja con el sensacional sistema de navegación BMW Professional con una pantalla de 8,8 pulgadas, que se maneja mediante el controlador iDrive Touch. Por supuesto, también integra los servicios ConnectedDrive. Además, a diferencia de su rival de Stuttgart, el deportivo híbrido cuenta con un útil Head Up Display.

Los dos deportivos tienen unas plazas traseras escuetas -especialmente el i8, aunque las diferencias son pequeñas-. Sin apenas espacio para la cabeza y las piernas, dos adultos irán completamente encajados y definitivamente incómodos. Sólo debe plantearse esa posibilidad como una solución meramente puntual.

Tanto en uno como en otro, los dos asientos posteriores están pensados para ser ocupados por niños pequeños -de serie cuentan con anclajes Isofix- o ser tomadas como una ampliación del maletero, depositando aquí bolsos, mochilas, abrigos y todo lo que no quepa en el compartimento de carga.

El Porsche 911 brinda un maletero de 125 litros bajo el capó frontal, con un hueco rectangular que permiten ubicar el equipaje de una pareja para un fin de semana. Con 154 litros, el maletero del BMW i8 tiene una mayor capacidad pero no lo parece. Sus formas lo hacen mucho menos aprovechable y metiendo una maleta de cabina quedará ocupada la mayor parte del compartimento. Además, el cable de recarga también resta sitio que resulta valioso cuando escasea el espacio.

Comportamiento dinámico

Giramos la llave del 911, con el contacto a la izquierda como es tradición en Porsche, y el motor de seis cilindros bóxer se despierta con un bramido. Al pulsar el botón de arranque del i8 sucede todo lo contrario, el silencio permanece mientras se ilumina el cuadro de instrumentos completamente digital compuesto por dos grandes grupos de información: el indicador de velocidad y el Powermeter que informa de la potencia del motor BMW eDrive.

En los primeros minutos con el híbrido circulamos con calma, sin emitir ningún ruido ni emisiones, mediante el impulso del motor eléctrico situado en la parte delantera del vehículo. Aprovechando los 131 CV de potencia y el par máximo de 250 Nm, resulta prodigioso movernos en silencio hasta los 120 km/h. Y no por ello es menos divertido.

El 911 GTS es implacable en aceleración, paso por curva delirante y frenada

Quienes nos observaban maravillados por el diseño del i8 ahora tienen los ojos abiertos como platos. Es un deportivo pero no suena, bienvenidos al futuro. El Porsche, a su lado, se mueve expresando un suave ronroneo. En la consola central del coupé de Stuttgart se ubican varios botones que permiten configurar la dureza de la suspensión, el elevar el alerón retráctil, activar el escape deportivo o seleccionar los modos Sport y Sport Plus.

Cuando queremos sacar el máximo potencial del 911 hay que jugar con los distintos modos de conducción que realizan cambios en la configuración del chasis, el motor y la caja de cambios. A pleno rendimiento el 911 GTS se muestra implacable, brutal. Hay que pagar 4.724 euros por la transmisión PDK pero el desembolso merece la pena. Con esta caja el 911 es más rápido, más eficiente e incluso más divertido.

En el BMW el sistema híbrido recurre con mucha frecuencia al motor eléctrico, que ofrece hasta 37 kilómetros de autonomía 100% eléctrica. Cuando la carga de las baterías se extingue el sistema híbrido enchufable echa mano de un motor de gasolina de tres cilindros y 1,5 litros BMW TwinPower Turbo situado en la trasera.

Es un motor pequeño pero ojo, con una potencia máxima de 231 CV y un par de hasta 320 Nm. El motor de gasolina acciona el eje trasero y el motor eléctrico actúa en el eje delantero, así que en la práctica tenemos un sistema de tracción a las cuatro ruedas. Moviendo la palanca del cambio Steptronic a la izquierda se habilita el modo Sport y el manejo secuencial de la transmisión.

La suspensión del i8 es dura y seca, lo que permite que la carrocería vire sin movimientos de balanceo pero dejando notar todas las irregularidades si el asfalto está bacheado. El 911 también tiene una amortiguación firme, pero es algo más benévolo con los ocupantes. De lo que no hay duda es que ambos coches devoran las curvas sin pestañear.

El GTS permite un ritmo salvaje en todo momento, saltando de un giro a otro con una agilidad inimaginable. Porsche ha puesto toda la carne en el asador en lo que a dinamismo se refiere y se nota: la aceleración es rabiosa, el paso por curva delirante y la frenada implacable. El 911 Carrera 4 GTS es tan bueno que te hace olvidar al bravo 911 Turbo.

Con 68 CV menos, al BMW le cuesta seguir el ritmo pero eso no significa que a su mecánica le falte furia. De hecho, acelerando a fondo desde parado el i8 echa mano del par instantáneo del motor eléctrico para regalarnos unas sensaciones y un empuje emocionante que el motor atmosférico del 911 sólo puede ofrecer en la parte alta del cuentarrevoluciones.

Aunque las ruedas del i8 son estrechas, la capacidad de paso por curva sorprende y no se nota falta de adherencia, al menos en asfalto seco. Además de rápido, el modelo más espectacular de BMW i se nota muy ligero. Y lo es gracias al uso masivo de plástico reforzado con fibra de carbono, pero también ofrece esa impresión por un centro de gravedad extremadamente bajo -en parte gracias a que las baterías de iones de litio están bajo el habitáculo- y por el perfecto reparto del peso.

La avanzada tecnología de estos dos coches llega hasta a su sonido. El 991 emplea un sistema que se llama Porsche Sound Symposer con el que el sonido del escape no se modifica sino que simplemente se amplifica a través de lo que la marca alemana llama un canal acústico. Apretando un botón en la consola central el canal se abre y el sonido del motor se vuelve más intenso. Cada vez que arrancamos el coche, lo primero que hacemos es pulsar este botón. Todos los deportivos deberían sonar así.

Evidentemente el i8 no emite ningún ruido cuando circula en modo 100% eléctrico, escuchándose apenas el ruido de rodadura. Cuando el motor de combustión entra en acción el sonido que emite el híbrido de BMW es menos estruendoso que el de su oponente pero también excitante.

Emite unas notas más agudas, es distinto y parece que te cuerda que estás a bordo de un vehículo muy especial. El palpitar de la mecánica está amplificada mediante un sistema de sonido activo que BMW denomina Active Sound Design. Lo novedoso es que también este sistema no sólo a través de los altavoces del habitáculo sino que además también cuenta con un altavoz exterior.

Hablemos de consumos. El 911 es capaz de conseguir un consumo entre 8 y 9 l /100 km si no abusamos del pedal derecho y sacamos ventaja de la función del cambio PDK que permite la conducción a vela, avanzando por inercia. Si sucumbimos a la tentación y nos damos muchas alegrías, los dobles dígitos aparecen enseguida.

Determinar el consumo del BMW es mucho más complicado porque depende de cuánto aprovechemos su autonomía eléctrica ¿Un itinerario urbano con las baterías cargadas o un tramo de montaña a ritmos elevados? Las variaciones son muy grandes según el tipo de trayecto, algunos por debajo de 5 l/100 km y otros por encima de 9 l /100 km. Haciendo los mismos recorridos que con el Porsche, el consumo del i8 superó ligeramente los 7 l/100 km.

Conclusiones

Comparar el BMW i8 con el Porsche 911 GTS es a la vez difícil e injusto. No solo por la diferencia de potencia, prestaciones o precio, sino porque ambos presentan la deportividad desde dos conceptos muy diferentes pero igual de interesantes.

BMW lo hace desde un punto de vista altamente tecnológico, sabiendo exprimir cada centímetro cúbico y cada amperio. Hay que reconocer el mérito del brillante planteamiento que expone. Sin embargo un deportivo tiene que arrojar unas sensaciones que están fuera del alcance del resto de modelos del mercado, y en eso el 911 es imbatible. Aunque parezca un coche nuevo, que lo es, hay 50 años de historia detrás de cada detalle. Medio siglo de evolución que llega a su punto culminante con esta generación 991.

Si hablamos de estética está claro que el BMW i8 es insuperable. Es diferente, es espectacular, es exótico. Su personalidad no tiene parangón y hay que alabar a BMW por tener el valor de conservar en el modelo de serie el impactante diseño del concept car. Este híbrido es un imán para las miradas, una obra de arte avanzada a su tiempo con la que puedes estar horas y horas descubriendo sus detalles.

El GTS mantiene su diseño tradicional, herencia familiar, y quizá por ello llame menos la atención a pesar de ser muy sugerente. Si el i8 no tiene rival en el plano estético, el 911 no lo tiene en el aspecto dinámico. Su empuje, su manejo y su sonido van más allá de lo racional, es excitante y adictivo. El 911 es el placer de la conducción deportiva en formato clásico, una experiencia sublime.

El Porsche 911 Carrera 4 GTS es la opción que escogemos porque es inigualable en cuanto a sensaciones, prestaciones y sonoridad, rasgos que, al fin y al cabo, definen la esencia de un coche deportivo. Incluso en muchos aspectos es más práctico que su adversario y plantearse su uso a diario no es una insensatez demasiado grande.

El BMW i8 es todo un escaparate tecnológico, su diseño resulta cautivador, es muy exclusivo y además es menos costoso que el Porsche. Nos abre nuevos horizontes y probablemente sus pasos los seguirán muchos deportivos en los próximos años. Si quieres un pedacito del futuro hoy, es una excelente elección. Pero eso sí, deberás acostumbrarte a que el resto de los mortales te miren, te fotografíen, te persigan y te envidien.

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