Después de probarlo ya puedo responder a tu pregunta: «¿Sigue siendo interesante el MX-5 de 132 CV?»
Tras la desaparición del 2.0 litros de 184 CV del catálogo del Mazda MX-5, ¿es suficiente el bloque de 132 CV para seguir disfrutando con él? Quizás esta es la pregunta que muchos se hacen y que nosotros vamos a responder con esta prueba.

Vivimos en una época en la que prácticamente todos los fabricantes parecen competir por ofrecer cada vez más potencia, pantallas más grandes y tecnologías más complejas. En medio de esa carrera, Mazda continúa defendiendo una filosofía completamente distinta con un coche que apenas necesita presentación. El MX-5 sigue apostando por la receta de siempre: peso contenido, sencillez mecánica y un concepto que lleva más de tres décadas demostrando que la diversión al volante no depende únicamente del número de caballos.
Precisamente esa es la principal novedad de la versión que hoy pasa por nuestras manos. Lejos de incorporar una mecánica más potente o algún tipo de electrificación, Mazda ha revisado profundamente el pequeño bloque atmosférico de 1.5 litros para adaptarlo a las nuevas normativas y, al mismo tiempo, conseguir que mantenga intacta la personalidad que siempre ha caracterizado al Roadster japonés. Ahora este es la única alternativa del catálogo. Pero, ¿es suficiente? Hora de ponerlo a prueba.
VIDEO REDES
Un diseño exterior e interior que, por suerte, nada cambia
Hablar del diseño del Mazda MX-5 siempre resulta complicado. No porque haya demasiadas novedades que contar (que no las hay), sino porque prácticamente cualquiera es capaz de reconocerlo con sólo verlo aparecer a lo lejos. Mazda apenas ha tocado una silueta que lleva años funcionando y, sinceramente, cuesta encontrar motivos para hacerlo. Sigue siendo uno de esos coches que despiertan simpatía allí por donde pasan. No necesita retoque alguno.
Las proporciones continúan siendo una de sus grandes virtudes. El largo capó, el habitáculo retrasado y la zaga extremadamente compacta mantienen intacta esa clásica configuración de deportivo de motor delantero y propulsión trasera que cada vez resulta más difícil encontrar en el mercado. Además, sus reducidas dimensiones hacen que parezca todavía más pequeño cuando se encuentra rodeado de los cada vez más grandes SUV que dominan actualmente nuestras carreteras.
Como ya hemos mencionado, exteriormente no cambia nada relevante con respecto a otros Mazda MX-5 que ya hemos podido probar aquí. Y esto no es más que una buena noticia. Tampoco varían sus ya clásicas cotas (3.915 mm de longitud, 1.236 mm de altura y 1.735 mm de anchura), con las que se aleja significativamente de todo lo que tenga que ver con la tendencia actual. Por supuesto, sigue contando con dos alternativas de carrocería: ST (capota de lona) y RF (techo rígido). Aquí la preferencia es cuestión de gusto, ya que ambos son y serán siempre una buena elección.

Entrando en el interior tampoco existen novedades reseñables sobre otros MX-5 anteriores. el habitáculo sigue exactamente la misma filosofía. Mazda ha preferido conservar un diseño claramente orientado al conductor antes que sumarse a la moda de llenar el salpicadero de pantallas o superficies táctiles. Puede parecer una solución menos espectacular a simple vista, pero basta recorrer unos cuantos kilómetros para comprender que todo tiene una explicación.
La postura de conducción continúa siendo uno de los grandes puntos del MX-5. Uno se sienta prácticamente sobre el eje trasero, con las piernas muy estiradas y el volante cayendo de forma natural entre las manos. Es una posición muy baja, como corresponde a un auténtico Roadster, pero nunca llega a resultar incómoda. Desde el primer momento transmite esa agradable sensación de formar parte del coche en lugar de simplemente conducirlo.
La calidad percibida mantiene un nivel elevado para un deportivo de este precio. Mazda combina materiales acolchados en las zonas más visibles con otros plásticos más sencillos en áreas menos expuestas, aunque el buen ajuste del conjunto hace que el habitáculo transmita una sensación de solidez muy superior a la que cabría esperar en un coche de apenas una tonelada de peso. Durante toda la prueba tampoco aparecieron vibraciones ni pequeños grillos, incluso circulando por carreteras secundarias bastante deterioradas.

En el apartado tecnológico tampoco pretende competir con las grandes berlinas de la marca. El sistema multimedia incorpora las funciones habituales, entre las que se encuentra la conectividad con Apple CarPlay y Android Auto, aunque lo realmente positivo sigue siendo su manejo mediante el mando giratorio situado entre los asientos. Después de convivir con tantos sistemas completamente táctiles, volver a una solución como ésta termina resultando mucho más cómoda durante la conducción.
Por otro lado, hablar de habitabilidad en un Mazda MX-5 tampoco tiene demasiado sentido. Quien se interesa por un coche así sabe perfectamente que no está comprando un vehículo familiar. El espacio disponible es justo para dos ocupantes y el maletero ofrece la capacidad suficiente para una escapada de fin de semana, pero poco más. Lo verdaderamente importante es que Mazda no ha sacrificado ni un milímetro de esa filosofía para intentar hacerlo más práctico. Y eso, aunque no lo parezca, es de agradecer.
Sólo un motor con menos potencia pero, ¿mismas sensaciones?
Si el Mazda MX-5 sigue despertando tantas simpatías después de todos estos años no es únicamente por su diseño o por su configuración de propulsión trasera. Gran parte de su personalidad reside bajo el capó y tras la carrocería. Como sucede con su diseño exterior, esta parte nada ha cambiado. Sigue ofreciendo un concepto «a la antigua»: propulsión trasera, caja manual y habitáculo retrasado. Sin embargo, el paso del tiempo (y las normativas) han hecho que sí cambie uno de sus puntos.

En sus diferentes generaciones, el MX-5 siempre (o casi siempre) ha ofrecido dos alternativas mecánicas, con más o menos potencia. Esto ha ocurrido también en la actual, pero sólo durante sus primeros años de vida. El modelo ahora «se queda cojo» y ya sólo se ofrece con una alternativa mecánica, dejando de lado la más potente con 2.0 litros y 184 CV.
Ahora ofrece únicamente un 1.5 litros de 132 CV. Ha perdido 52 CV por el camino. No obstante, sigue conservando el resto de elementos que lo han distinguido siempre, como su bajo peso y el hecho de ser «un juguete». Pero lo que muchos se preguntan después de esta desaparición es: ¿sigue mereciendo la pena comprar un MX-5 pese a tener ahora un motor más pequeño?
¿Sigue siendo tan bueno el MX-5 con 132 CV? Lo probamos
Y para responder a esa pregunta, precisamente, nos hemos puesto tras el volante del Mazda MX-5 de 132 CV. La teoría está muy bien, pero este coche siempre ha sido uno de esos modelos que sólo terminan de entenderse cuando uno gira la llave (o pulsa el botón en este caso), engrana la primera marcha y comienza a recorrer los primeros kilómetros. Da igual cuántas veces hayas leído su ficha técnica. Los 132 CV, la tracción trasera o los poco más de 1.000 kg de peso únicamente cobran sentido cuando todo empieza a trabajar al unísono.

Los primeros metros sirven para recordar algo que, desgraciadamente, cada vez resulta más difícil encontrar. Todo transmite una sensación completamente mecánica. No hay filtros innecesarios entre el conductor y el coche. El embrague ofrece el punto justo de rigidez, la dirección es muy directa (valga la redundancia), responde inmediatamente a cualquier movimiento del volante y el cambio vuelve a confirmar por qué sigue siendo una referencia absoluta dentro de la industria. Es imposible no terminar cambiando de marcha simplemente por el placer de hacerlo.
Esa conexión también aparece desde el mismo instante en que comienza a enlazar curvas. La dirección no sólo destaca por su precisión, sino por la enorme cantidad de información que llega constantemente a las manos del conductor. Es muy fácil saber qué ocurre bajo las ruedas delanteras y eso genera una confianza enorme incluso antes de empezar a aumentar el ritmo.
El reducido peso vuelve a convertirse en el gran protagonista. En un momento en el que muchos deportivos superan ampliamente la tonelada y media con suma facilidad, el MX-5 parece desafiar las leyes de la física. Cambia de apoyo con una rapidez sorprendente y lo hace con una naturalidad que invita a seguir buscando la siguiente curva. No hace falta conducir especialmente deprisa para empezar a disfrutar.

Es uno de esos pocos coches con los que resulta posible divertirse respetando prácticamente cualquier límite de velocidad e incluso por debajo de estos. Mientras otros deportivos obligan a alcanzar ritmos muy elevados para empezar a sacarles partido, el pequeño Mazda consigue arrancarte una sonrisa circulando bastante por debajo de esas cifras. Esa es precisamente una de las claves de su éxito durante todos estos años.
Pero si la pregunta es qué tal se mueve con el 1.5 litros, vamos a ello. Este bloque, precisamente, encaja perfectamente dentro de esa filosofía. Evidentemente no ofrece el empuje del conocido bloque atmosférico de 2.0 litros, especialmente cuando llega el momento de acelerar con decisión en largas rectas. Al fin y al cabo, son 52 CV los que se han quedado por el camino y 0,5 litros de cubicaje para mayor desahogo.
Aquí no basta con hundir el acelerador para salir rápidamente de un sitio. Hay que trabajar con el cambio, mantener el motor alegre de vueltas y aprovechar toda la zona alta del tacómetro. Puede parecer menos efectivo sobre el papel, pero termina siendo muchísimo más satisfactorio para quien disfruta realmente conduciendo. Cada reducción forma parte de la experiencia y cada aceleración hasta el corte de inyección termina teniendo sentido. Y lo mejor, como ya hemos dicho, difícilmente te pasarás por demasiado de los límites de velocidad.

Mazda ha conseguido que el propulsor conserve un funcionamiento especialmente refinado. Sube de vueltas con gran facilidad, transmite muy pocas vibraciones al habitáculo y ofrece un sonido agradable y muy sincero sin necesidad de recurrir a amplificadores artificiales a través de los altavoces. Todo lo que llega al conductor resulta completamente natural. Siempre he dicho lo mismo, pero es que el MX-5 suena a motor. Sin más.
De hecho, tras varios días conviviendo con él terminé llegando siempre a la misma conclusión de siempre. El MX-5 no intenta ser el deportivo más rápido, el más potente ni el más tecnológico. Tampoco necesita demostrar nada recurriendo a cifras espectaculares. Su objetivo consiste simplemente en conseguir que cada trayecto resulte especial y, sinceramente, pocos coches actuales lo logran con tanta facilidad. Todo se siente simple y muy fácil, y esto es algo que ya ha desaparecido del resto de coches del mercado.
El eje trasero no da ni un sólo susto, incluso buscándole las cosquillas. Incluso acelerando pronto a la salida de las curvas transmite confianza y deja claro que el coche ha sido desarrollado para comunicar constantemente con el conductor, no para ponerlo en apuros. Sólo cuando uno decide desconectar las ayudas electrónicas y aumentar considerablemente el ritmo aparece ese carácter juguetón que tantos aficionados buscan en un propulsión trasera. Pero en ningún momento se presenta peligroso y «matón». Eso jamás.

Para terminar, hay que incidir en el hecho de que el MX-5 sigue siendo un coche barato de mantener, en todos los aspectos. Bien es cierto que su precio de partida ha crecido notablemente desde la llegada de esta generación, allá por el 2017. Sin embargo, su mantenimiento es el de un «coche normal», y sus consumos son más bajos de lo que cabría esperar. De hecho, durante mis días con él, la media se mantuvo en sólo 5,5 litros a los 100 km haciendo todo tipo de uso con él e incluso dándome alguna que otra alegría por las carreteras de la sierra.
Mazda MX-5 y sus rivales
P.V.P 32.702 €29.521 €
P.V.P 38.364 €34.785 €
P.V.P 32.840 €30.728 €
42.456 €
P.V.P 46.408 €45.320 €









