Si quieres el mejor SUV que el dinero puede comprar solo hay uno, pero tras probarlo te garantizo que tendrás que asumir lo bueno y lo malo
El Range Rover es el último de los vestigios ingleses clásicos que queda. Tras la conversión del Defender, el Range sigue fiel a la misma filosofía con la que nació hace ahora ya más de 5 décadas. El último caballero británico.

Las Islas Británicas han sido el origen de muchas marcas especiales y de un gran número de modelos legendarios. La cultura del motor inglesa está muy ligada a la imagen tradicional que el mundo tiene de los británicos. Elegancia, saber estar, tradición... Pocos coches clásicos quedan ya que mantengan ese espíritu, el Range Rover es, quizá, el último de ellos. Un producto 100% inglés con todo lo que eso significa. Lo bueno y lo malo.
Ni falta hace hablar de los orígenes de una marca como Land Rover, la más clásica de las empresas asociadas al mundo de los 4x4. Tras conquistar los campos de toda Inglaterra y gran parte del mundo, en 1969 los de Conventry decidieron darle un toque de elegancia y distinción a su rústico Defender. Fue entonces cuando el mundo conoció por primera vez la existencia del Range Rover, la división, en un principio premium, de Land Rover. Es lo mismo, pero más elegante, más refinado y mucho más caro.

La primera generación del Range rompió esquemas. Los de West Midlands demostraron que era posible crear un auténtico 4x4 recubierto de las más elegantes armas de identidad británicas. Fue, y sigue siendo, el primer todoterreno de lujo del mundo. Hoy, muchos tratan de replicar su fórmula, pero es imposible. El Range Rover cuenta con casi 6 décadas de experiencia acumulada. Otros lo intentan, como el Porsche Cayenne, pero a pesar de sus enormes cualidades, sigue sin tener el espíritu, la presencia y la herencia de su rival inglés.
Un traje para todo
Soy firme creyente de que el Range Rover es el último caballero de la orden automovilística del imperio británico. Representa lo mejor y lo peor de las Islas Británicas. Una de sus mejores cualidades es su elegante presencia. Además del Cayenne, hay muchos otros rivales para el Range, como el BMW X7, el Mercedes GLS o el recién estrenado Audi Q9. También podemos sumar otros como el Bentley Bentayga, pero ni siquiera este puede igualar en elegancia al de Coventry. Su presentación, a falta de un adjetivo mejor, es impecable. Queda perfectamente bien en cualquier escenario.

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Ahorra 8.324 €P.V.P 151.439 €Los diseñadores británicos no han sucumbido a la tendencia actual de exagerar las formas ni de dramatizar el aspecto. Líneas sutiles y formas redondeadas para un coche por el que no pasan los años. Elegante del primero al último de sus días. Esa presencia le permite disfrutar de una cualidad única y excepcional, la simple presencia de elegancia. No es lo mismo bajarse de un Cayenne o un X5 que de un Range Rover. Todo el mundo da por hecho que tienes dinero, pero con el británico sumas un toque de distinción único.
El Range Rover ha sido diseñado para cumplir en el campo, pero sin perder de vista el centro financiero. Un traje hecho a medida por los mejores sastres ingleses. Elegante, sólido, atemporal. Lejos de las modas que intentan imponernos, la sobriedad británica se mantiene firme. Nada mejor que un traje a medida para resistir a la chabacanería. Da igual en el color que lo escojas, siempre es bonito, aunque debo reconocer que hay opciones mejores que el look full black de la unidad de pruebas.
Una mansión británica con luces y sombras

La imponente presencia de su carrocería se extiende a un interior de exquisita arquitectura. El Range Rover es lujo, no premium. Su elevada factura exige prestar atención a los detalles y los ingleses responden con una cabina de impecable disposición. Muchas reses han donado su vida para confeccionar el habitáculo del Range. Allá donde toques te recibe una superficie de agradable y suave tacto, habitualmente piel. El empleo de cuero es extensivo, llegando hasta el techo. Por el contrario, la presencia de plásticos es mínima. ¿La peor parte? El negro lacado del túnel central. Imperdonable.
No puede decirse que el Range Rover es pequeño en cualquiera de sus formatos. Tienes una versión de 5 metros y otra de 5,25 metros. La principal diferencia métrica la encontramos en la batalla. Cualquier versión se adentra en el segmento E-SUV, lo que debería traducirse en un habitáculo excepcionalmente amplio para todos los ocupantes; debería. Sin embargo, los británicos no brindan todo el espacio que deberían a los ocupantes traseros, y eso que están considerados como los más importantes.

El espacio disponible en la segunda fila de asientos es mucho más limitado de lo que debería ser para un coche de este tamaño. Por el contrario, la falta de amplitud se contrarresta con asientos laterales que brindan una excelente experiencia de viaje. En el caso de la unidad de pruebas son asientos con reglajes eléctricos, función masaje y climatización. Los mismos lujos que reciben los ocupantes delanteros, con la ventaja añadida de poder sumar pantallas individuales, con sus correspondientes auriculares, para poder entretenerte durante el viaje.
La plaza central está prácticamente condenada en este caso, lo que quiere decir que el Range Rover está más pensado para 4 ocupantes que para 5, aunque el quinto está legalmente permitido dado que tiene su propio cinturón de seguridad. En cuestión de espacio de carga, el Range Rover presenta un volumen mínimo de maletero de 575 litros, ampliable si abatimos la segunda fila de asientos en proporción 60:40. Me sorprende y me gusta que se pueda realizar esta operación aún teniendo en cuenta que son asientos tipo business. La opción de 7 plazas está exclusivamente ligada a la carrocería de batalla extendida.
La tecnología y la electrónica: el punto débil

Los ingleses siempre han sido más analógicos que digitales. Su historial automovilístico los delata. El Range Rover ofrece todas las tecnologías modernas que hoy tachamos como esenciales y más. Desde pantallas a Head-Up Display. Desde asientos eléctricos a conectividad inalámbrica para dispositivos móviles. Incluyendo cámaras de aparcamiento, climatizador de 4 zonas, techo panorámico, acceso y arranque sin llave, faros matriciales de LED y todo lo que se te ocurra. El problema no es la falta de sistemas, sino la forma en la que se gestionan.
Land Rover sí ha sucumbido a una moda: la de las pantallas. Con su engañosa apariencia de lujo, los paneles que tanto nos gustan a día de hoy son mucho más baratos de fabricar que los clásicos botones que durante mucho tiempo han servido para regular las funciones de un coche. Especialmente importantes son estos mandos cuando hablamos de un 4x4 con bloqueo de diferenciales como el Range Rover. Todas esas opciones para regular de altura de la carrocería, los diferenciales o los modos de conducción siguen presentes, pero de forma táctil. Land Rover no es BMW, ni Audi, ni Mercedes. Su producción es mucho más limitada y su presupuesto también.

Esto quiere decir que el sistema operativo -la pantalla- no tiene la misma respuesta que un botón, una ruleta o un mando físico. La precisión del panel dista mucho de ser la más precisión del mercado. Además de la falta de tacto, todos sabemos que los coches británicos no son los mejores a la hora de hablar de electrónica fiable. No lo digo yo, lo dicen los numerosos estudios de fiabilidad que recorren el largo y ancho mundo. Durante mi semana de pruebas debo reconocer que no he tenido problema alguno, pero buen caballero británico, el Range Rover tiene repentinos achaques con los que hay que convivir.
Buen británico, buen bebedor
A pesar de la fachada elegante y clásica que brindan los ingleses al exterior, la verdad es que, en el fondo, les gusta la lucha y la bebida. Son peleones, pero cada vez que pisan un pub las pintas y el buen whisky escocés corren más de lo médicamente aconsejable. Al Range Rover le pasa algo muy parecido. Bajo el capó de la unidad de pruebas se esconde un propulsor híbrido enchufable de gran poder. Cuenta con un bloque de aluminio de gasolina con 6 cilindros en línea como motor principal. Por sí solo desarrolla 441 caballos de potencia.

Junto.a él se integra un motoro eléctrico con capacidad para mover las ruedas. La ficha técnica asegura 218 caballos de potencia máxima. Sin embargo, en términos combinados el Range Rover P460e ofrece un máximo de 460 caballos y 660 Nm de par motor. La parte eléctrica se alimenta de una batería de iones de litio con 31,8 kWh de capacidad neta. Suficiente, según homologación, para completar 114 kilómetros sin tener que encender el motor de combustión. Como cabría esperar, el Range Rover reparte la fuerza de su sistema híbrido entre las cuatro ruedas mediante la gestión de una transmisión de convertidor de par con 8 velocidades.
En qué se traduce todo esto a la hora de conducir en el mundo real. Lo primero y más evidente que el conductor percibe es que el Range Rover P460e es capaz de bajar al barro y dejar a un lado su lado sofisticado. Es potente y como buen británico tiene un punto de agresividad elegante. Buena pegada en el inicio siempre y cuando contemos con el respaldo de la energía. Sin batería la entrega se resiente. Aún así es capaz de acelerar con más fuerza de la que podría esperar. Es capaz de sorprender a cualquiera que se guíe exclusivamente por su aspecto.

A pesar de la fuerza de su sistema híbrido es pesado y algo torpe. El centro de gravedad es alto para pena de la dinámica. El balanceo de la carrocería en curva es acusado, pero no está del todo mal teniendo en cuenta el enfoque general. El Range Rover SV que probé hace unas semanas era algo más firme. En este caso los británicos optan por el puro y simple confort. Apartado en el que cumple de forma extraordinaria. Tras hacer un largo viaje por carretera con el coche puedo decir que es uno de los viajes más cómodos qué hecho. Apenas llegan al habitáculo molestias, ni de la carretera ni del aire ni del motor.
Tiene un rodar tan sencillo que es fácil superar los límites de velocidad. No supone un gran problema salvo por las multas y por el consumo. Como buen británico aficionado a la bebida, el Range Rover P460e traga mucha gasolina. Literalmente se la bebe. En un viaje por carretera con la batería casi cargada el consumo ronda los 9,5 litros. Sin batería el gasto crece hasta los 11 litros de media. No está del todo mal, pero rivales continentales firmados por Alemania son capaces de ofrecer algunas décimas menos. La autonomía eléctrica real no supera en ningún caso la barrera de los 85-90 kilómetros.

La parte positiva es que su condición de híbrido enchufable quiere decir que conectándolo a un enchufe es capaz de recuperar la energía que tan buenos resultados le otorga. La recarga se puede realizar en la comodidad del hogar, conectándolo a cualquier toma de corriente alterna de hasta 7 kW o en un punto de carga rápida en la vía pública, hasta 50 kW. Lo más lógico, por precio es hacerlo en casa. En una toma de 7,4 kW de potencia tarda unas 5 horas en recuperar el 100% de su autonomía libre de humos.
Los achaques típicos de los británicos
El Range Rover es para mí uno de los mejores, sino el mejor, coches del mundo. Ofrece unas características únicas. Además de ser cómodo, elegante y estar bien acabado, ofrece un rendimiento inmejorable cuando abandonamos el asfalto. Land Rover equipa toda un arsenal de soluciones que lo convierten en un auténtico 4x4. Sus cotas offroad no dejan lugar a dudas: 34,7 grados de ángulo de entrada, 29 grados de ángulo de salida y 25,2 grados de ángulo ventral. Estas cotas varían en función de la altura de la carrocería. Como mínimo dispone de 28,4 centímetros de altura libre y 90 centímetros de profundidad de vadeo.

Además, el sistema motriz integra todo el equipamiento necesario para afrontar obstáculos complicados: bloqueo de diferenciales y modos de tracción, principalmente. Todo el par puede destinarse a una sola rueda. Bien calzado este coche es capaz de llegar más lejos que la mayoría de los 4x4 que hay en el mundo, mientras que da un agradable masaje en la espalda. Es el coche que necesitas para visitar la finca por la mañana y para acudir a una cena de gala por la noche. Cumple con todo y lo hace con una elegancia que ningún otro coche es capaz de ofrecer. Pero tiene sus achaques.
El principal problema para el Range Rover es que durante muchos años Land Rover ha sido sinónimo de poca fiabilidad. Hoy parecen haber resuelto la mayoría de los problemas asociados a la mecánica, pero siguen siendo sensibles a la electrónica. La integración de tal cantidad de sistemas ha hecho que el sistema eléctrico sea complejo y algo sensible. Los achaques son habituales. No digo que no sea molesto, ni lo justifico, pero también ocurre en muchos otros coches. Si quieres un Range Rover lo pagas y aceptas lo bueno y lo malo. Si quieres fiabilidad cómprate un japonés o un alemán, pero vas a tener que dar explicaciones a tus amigos millonarios de por qué no te has comprado un Range. El que para mí es el mejor coche del mundo.
- Aspecto y diseño
- Calidad interior
- Confort de marcha
- Rendimiento 4x4
- Electrónica débil
- Precio elevado
- Habitabilidad trasera
Range Rover y sus rivales
P.V.P 151.439 €143.115 €
105.433 €
P.V.P 123.560 €110.745 €
P.V.P 119.542 €105.964 €





