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PruebaPrueba Mazda MX-5, introducción. (I)

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Es un coche pequeño y Roadster. Es tracción trasera y pesa poco. Tampoco tiene un precio elevado pero esperamos mucho placer de conducir. Empezamos con muy buenas vibraciones. A pesar de no contar con el mejor equipamiento del mundo, nos parece más que suficiente para la filosofía del Mazda MX-5. Tiene un motor 1.8l que desarrolla 126 caballos.

Cuando un producto es bueno, la necesidad de cambiarlo de forma radical es más bien un error. Algo así debieron pensar en Mazda desde que su primer MX-5 se presentase en Chicago en 1989. Y es que si en otros automóviles los años parecen pesar de una manera notable, en el pequeño Roadster la esencia sigue intacta. Actualmente, y para ponernos en situación el Mazda MX-5 que adorna esta prueba pertenece a la tercera generación, aunque con ciertos restylings desde que se pusiera a la venta hace 7 años. El último, a finales del pasado año.

Nuestra unidad equipa un techo eléctrico rígido (Roadster Coupé), pero ha sido el descapotable con techo de lona el que llevó a la fama al MX-5. En 1999 ya se habían vendido 500.000 unidades. Sin embargo, como decíamos al principio, todo tiene que evolucionar aunque no tiene por qué cambiar de manera radical.

Por ello nuestra unidad no equipa un techo blando (aunque se puede adquirir y de hecho es el modelo de entrada). Mazda empezó a ofrecer el techo rígido en la última generación y creemos que es un gran acierto. Según la compañía sólo pesa 37 kilos más que el de lona y tarda 12 segundos en plegarse. Es cierto que la acción es muy rápida y es de agradecer, aunque hablaremos de este tema más adelante.

Por otro lado, nuestra unidad tenía el acabado Style y el motor de 1.8 litros y 126 caballos. Para quien no lo sepa, es de tracción trasera y motor delantero aunque el equilibrio de pesos hace que la dinámica sea tan buena que difícilmente encontrarás un coche tan ágil y tan sorprendente como este Roadster al mismo precio (desde 24.550 euros con techo de lona. 26.950 euros con techo rígido).

El acabado Style no incluye nada del otro mundo. Llantas de 16”, una radio CD con MP3 y 6 altavoces, retrovisores eléctricos, faros antiniebla, mandos en el volante y una entrada AUX como equipamiento destacado. Lo máximo que tiene de ‘lujo’ es un control de crucero, espejo interior antideslumbrante automático y ayudas electrónicas básicas (a día de hoy) como el ABS y el DSC. ¿Y qué? No es un coche que esté pensado más que para el disfrute personal y el placer de conducir en estado puro.

Sigue la filosofía “Jinba-Ittai” que Mazda usó en la primera generación (un jinete y su caballo que se mueven como si fueran uno solo). Y no sé si tiene ‘Zoom-Zoom’, pero sí dan ganas de comprarse uno tras unos kilómetros con él.

Ya hemos probado la versión Roadster Coupé de 160 caballos y una edición especial Sport Tech con techo de lona 1.8 de 126 caballos .

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