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Prueba Mini Cooper SD 5 puertas, menos Mini pero más funcional

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Un icono, un emblema, un mito. Así es el MINI. Un pequeño coche urbano que vive nuevos días de gloria gracias a la llegada de más unidades. Hace más de un año llegó al mercado el Mini 5 puertas, una versión nunca antes vista y que ahora ponemos a prueba en su versión Cooper SD.

Sí, míralo bien, porque nunca antes un Mini con esta carrocería había dispuesto de tantas puertas

¿Sabría realmente Alec Issigonis lo que estaba fabricando? Puede que a posteriori sí, pero dudo mucho que en el momento en el que se le pasó por la cabeza la creación del Mini original fuera realmente consciente de la repercusión que éste iba a tener. Y es que han pasado muchos años desde que viéramos a aquel pequeño diablo, 57 para ser exactos. Menos desde que BMW lo relanzara, hace ya 15 años de aquello.

Mucho ha cambiado el Mini, las nuevas tendencias se han apoderado de él, aunque se sigue resistiendo a perder su esencia, su filosofía. BMW supo hacer lo que la marca inglesa no supo, y es extender la vida del producto más allá de lo imaginable. Varias carrocerías han nacido desde que los alemanes se hicieran con el control, la última de ellas hace un par de años, y a la que ahora sometemos a prueba, el Mini Cooper 5 puertas.

De toda la vida el Mini ha tenido tres puertas. Era una de las claves de su carismática figura. Lo mismo ocurre con el tamaño. El Mini fue pensado, diseñado y creado para movilizar al pueblo inglés. Por decirlo de alguna manera, es el símil de nuestro SEAT 600. Un coche accesible a un gran público, con mucha fiabilidad y practicidad, ideal para desenvolverse por las estrechas carreteras del Reino Unido, o por las enrevesadas calles de Londres.

Pero el Mini ya dejó atrás esa etapa cual adulto la pubertad. Ha madurado y eso implica un crecimiento. Y no me refiero solo a aquella primera creación de Issigonis, sino a su más inmediato predecesor. A día de hoy ya nos acercamos peligrosamente a los cuatro metros de esta unidad con 5 puertas. Una diferencia considerable si tenemos en cuenta que el original apenas superaba los tres metros.

Esos faros siguen conquistando miradas y corazones allá por donde vayan. Pocos diseños hay como el de Mini

Ha crecido, sí, pero sigue manteniendo ese diseño que tanto nos gusta. Tan juvenil como alegre, el Mini se muestra apto para todo tipo de clientelas. Desde adolescentes a adultos que reniegan de las épocas pasadas. El Mini gusta a todo aquel que lo ve, y no me extraña. Sus ojos saltones, su cara de niño bueno y su trasera inconfundible lo hacen adorable, aunque no nos engañemos, tiene un toque femenino. Sin embargo hay diversos opcionales para hacerlo más varonil, y eso pasa por coger los equipamientos Cooper completándolos con los acabado John Cooper Works.

La mezcla es sencillamente perfecta. A pesar de ser un coche muy visto, llama la atención, y más de uno se queda mirándolo atraído por esa esencia eterna. Algo que no pasa con el resto de modelos de la gama, como el Mini Clubman o el Mini Countryman. Con el Cabrio es otro rollo, pues al igual que el 5 puertas presenta el estilo inconfundible del Mini pero con la siempre frescura de un descapotable. Ideal para estos tiempos primaverales que llegan.

El Mini ha cambiado mucho en su interior. No en diseño, pero sí en materiales y calidad

Otro de los cambios radicales de esta generación Mini reside en el interior. La generación anterior, siendo producida por BMW, era más que correcta en temas de calidad, pero nada que ver con esta. El salto ha sido de más de una generación. Ahora sí que se nota la mano de BMW en la fabricación del interior. Incluso me atrevo a decir que tiene un toque más de calidad que su homólogo alemán, el BMW Serie 1.

La calidad de esta generación no tiene nada que ver con la de pasadas unidades. Calidad a raudales

Toques donde toques te espera un material excelente, de buen tacto, acolchado y suave. Excelentemente rematado y con una sensación de durabilidad eterna. Lo mejor de Mini junto a lo mejor de BMW, ¿Qué más se puede pedir? Pues tecnología. Aquí los ingleses han tirado del cajón de los alemanes y han incorporado todo lo que han encontrado. En este punto es más germánico que británico y eso siempre se agradece la verdad.

Desde el Head-Up Display hasta el sistema iDrive, todo es de BMW, aunque claro está Mini aporta sus puntos diferenciadores como el tradicional cuadro de instrumentos o la gran esfera que alberga la pantalla central. Bordeando toda esta se encuentra una circunferencia de LEDs que cambia de color en función de diferentes parámetros, como el modo de conducción, el volumen del equipo de sonido, el radar de proximidad... Una chulada técnica que gusta e impresiona, y que además se combina con el resto de iluminación interior para que así podamos tener diferentes ambientes en todo el habitáculo.

Pero toca hablar de espacio. Mini ha fabricado este 5 puertas para que así podamos disponer de una mayor habitabilidad. Bueno, no quiero ser especialmente cruel, pero sin lugar a dudas es lo peor del coche. Sinceramente no creo que se gane mucho con esas dos puertas más. El espacio para las piernas sigue siendo muy reducido, y el acceso a las plazas traseras es muy complicado. Tanto que debes tener un punto de contorsionista para lograr entrar. Eso sí, el maletero crece, de 211 litros de capacidad del Mini 3 puertas, pasamos a 278. Un cambio notable, todo sea dicho de paso.

Las plazas traseras siguen disponiendo de muy poco espacio a pesar de las dos puertas extra

Volviendo a las plazas traseras, se homologan cinco pasajeros, pero o los tres de detrás son modelos o no caben. Ya no solo en el espacio para las piernas, sino también para los hombros y la altura con respecto al techo. Es un hueco demasiado angosto para tres ocupantes, aunque si el trayecto no es excesivamente largo, es decir por ciudad, puede valer. Pero repito, si complicado es acceder a los asientos laterales, hacerlo a la plaza central tiene mucha complicación, porque además se presenta un túnel de transmisión muy alto.

Es hora de saber cómo se comporta este Mini Cooper SD 5 puertas, la variante diésel más potente de todas. La gama abarca seis variantes posibles, tres diésel y tres gasolina. La oferta arranca en los 95 caballos del One D, pudiendo alcanzar un máximo de 192 para el Cooper S. Una pelotilla con la que disfrutarás en cada momento. Como digo la unidad de pruebas estaba equipada con el bloque SD, un cuatro cilindros de dos litros turbo al que se unía una caja de cambios automática de seis velocidades. Vamos a ver qué tal.

Prueba Mini Cooper SD 5 puertas

Lo primero que hay que decir es que una vez más topamos con componentes BMW, aunque no todos. El motor y la caja de cambios tienen su origen en Alemania, pero no la plataforma sobre la que estos se montan. Mini, a diferencia de BMW, equipa a todos sus coches con una estructura UKL específicamente diseñada para modelos de tracción delantera. Es la misma que emplearán las futuras generaciones de las Series 1 y 2 de BMW en un futuro no muy lejano. Así que son las ruedas delanteras las encargadas de realizar todo el trabajo.

Tienes motor más que de sobra con este SD de 170 CV. Es una gran opción de compra

Nada más arrancar el motor, en frío, uno se percata de una rumorosidad no excesivamente agradable. Suena a diésel, demasiado a diésel. Incluso se percibe alguna rugosidad. No da la sensación de estar ante un motor premium, pero esa sensación se pasa tras rodar un par de minutos, cuando el conjunto empieza a trabajar a temperatura óptima. Hasta entonces da la sensación de estar conduciendo una vieja furgoneta diésel.

Pero todo cambia cuando se calienta, ya digo que en 2-3 minutos está listo. Es un motor muy enérgico, con una entrega de potencia muy lineal de forma habitual y muy agresiva cuando queremos. Es en realidad uno de los mejores motores que fabrica BMW y que es empleado en una amplia gama de modelos, llegando inclusive al BMW Serie 3. Es decir, es un motor con un largo desarrollo y su efectividad está más que comprobada.

La dirección es muy precisa y se endurece según va subiendo la velocidad. La caja automática es rápida con cambios suaves

Ni que decir tiene que montado en este Mini hace que sientas tener el doble de potencia. El empuje de sus 360 Nm de par es más que contundente, pues encima es capaz de entregarlo desde unas tempranas 1.500 revoluciones. Hay diferentes mapas que nos ayudan a configurar el coche en función de nuestro estilo de conducción: Sport, MID y Green. De forma normal el Mini Cooper SD arranca en modo normal, lo que es más que suficiente. Es el modo "para todo" pues es ahorrador y empuja con mucha alegría.

Las reminiscencias clásicas no es olvidan, y siguen estando presentes las dos esferas tras el volante

Pero los ingleses han querido dotarlo de extremos. Por un lado tenemos la rama eficiente, con la que se logran los mejores consumos. En este caso el cambio responde de una manera más lenta al igual que el acelerador, el cual actúa de forma más pausada para así no revolucionar en exceso el coche y lograr unos consumos menores. Realmente se nota, sobre todo en ciudad, donde teniendo cierto cuidado se puede rodar con un gasto de unos 6,5 litros a los 100 kilómetros. En carretera esa cifra baja hasta los rondar los cinco. Estos últimos cuestan, pero se pueden hacer.

En el otro lado de la balanza encontramos el modo Sport. El modo juguete como yo lo llamo. Y es que si lo seleccionamos nos encontramos ante otro coche. Un deportivo pequeño con 170 CV y un empuje más que contundente. En esta ocasión el cambio estira sus marchas para así poder aprovechar un mayor empuje. Dinámicamente hablando es muy divertido conducirlo, pero sí que es verdad que tiende mucho al subviraje. Pronto las ruedas delanteras achacan el sobresfuerzo de dirigir y empujar al coche.

Aun así, como ya he dicho, es muy divertido de conducir, resulta incluso adictivo por lo bien que va. Es mucho motor para este coche. Seguramente no sea la versión más vendida, pero sin lugar a dudas todo aquel que lo compre será recompensado más que de sobra. Otra cosa, es un coche muy cómodo, la suspensión lo filtra todo, además la rumorosidad interior es muy baja. Es un coche con el que te puedes plantear viajes largos, eso sí, solo para parejas.

Ganamos maletero, pero ¿de verdad vamos a necesitar los 67 litros extra? Una duda razonable

Conclusión

En definitiva: ¿qué obtienes a la hora de comprar un Mini Cooper SD 5 puertas? Lo primero es el inconfundible aroma de Mini. Su diseño icónico y su estilo eterno. Un coche con mucho estilo que de hacerte con él inmediatamente te catapulta a una nueva categoría social. También recibes a cambio un interior cuidado al máximo detalle, con toques elegantes y refinados además de juveniles y atrevidos.

Si encimas optas por la variante mecánica diésel más potente de todas, lo que obtienes es un coche muy serio y divertido. Es cómodo cuando tiene que serlo, es tranquilo cuando tiene que serlo, ahorrador, silencioso y discreto. Pero también es juguetón cuando tú quieras que lo sea. Es muy enérgico, con una conducción que te enamorará a la hora de enfrentarte a un tramo con curvas. De hecho estarás desando ir siempre por la carretera más compleja.

¿Qué no obtienes con la compra del Mini Cooper SD 5 puertas? Pues no ganas mucho con respecto a la carrocería normal. De hecho pierdes el diseño, para apenas ganar unos pocos litros de maletero. Sigue siendo muy estrecho en sus plazas traseras, así que para eso yo optaría por el tres puertas convencional, que encima sale más barato. Y ese es otro problema, el feo asunto del dinero. Los 29.300 euros de salida que se pide por el Cooper SD 5 puertas me parecen exagerados. Pero oye es el precio a pagar por un icono moderno, más reconvertido a figura de representación social.

Si quieres estar a la última y no pasar de moda tienes que hacerte con un Mini, aunque no salen baratos

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