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Prueba Prueba Volkswagen Beetle Cabrio (II): Diseño y habitabilidad

Históricamente el Volkswagen Escarabajo, ahora Beetle, ha sido fácilmente reconocible por su estética. Un diseño icónico que ha soportado como ningún otro coche el paso del tiempo. El nuevo Beetle fue presentado hace dos años. Su estilo, a pesar de la modernidad, recuerda claramente al modelo original. Un estilo que se mejora con la opción cabrio.

Es hora de hablar del diseño del Volkswagen Beetle. Sin embargo no puedo hacerlo sin volver a evocar al Tipo 1 original. Como ya os contamos en la primera parte de la prueba, Erwin Komenda fue el encargado de crear los primeros bocetos de un coche para el pueblo. Un diseño que ha pasado a la historia y que en cierto modo conservamos en nuestros días. Aunque hayan pasado 76 años de aquel primer prototipo, gran parte de los rasgos característicos los tenemos en la actualidad, un modelo completamente carismático que refuerza su imagen de libertad si optamos por la versión cabrio.


Las aletas grandes y los faros redondos son un seña de identidad del Volkswagen Escarabajo original

Diseño exterior

Para encontrarnos con las primeras versiones descapotables del Escarabajo debemos remontarnos al año 1949. Por primera vez a la fiable y sencilla mecánica alemana se le sumaba el estilo italiano, famosos por la capacidad de convertir en cabrio cualquier modelo que cayera en sus manos. Las primeras unidades atrajeron al público, pero no fue hasta que el carrocero Karmann se pusiera a trabajar en el Tipo 1 cuando nos encontramos con las versiones realmente funcionales y atractivas.

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Las décadas de 1960 y 1970 sirvieron para catapultar la fama del Escarabajo, alcanzando tintes históricos. La cultura pop y el movimiento hippie sirvieron para que las ventas de Volkswagen despegaran en todo el mundo. Tanto es así que el 17 de febrero de 1972 el Escarabajo superó el anterior récord de producción de un coche, de nada más y nada menos que del Ford Modelo T. Históricamente el Toyota Corolla ostenta actualmente la producción más alta para un solo modelo, pero en el caso del japonés han pasado por el mercado 11 generaciones.

En 1994 los dirigentes de Volkswagen decidieron que era hora de que el Escarabajo volviera al presente. Tras cuatro años de estudios, pruebas y errores, en 1998 se presentó al mundo el Beetle. El aspecto era claramente evocador, sin embargo gran parte del atractivo se había perdido. Se nos presentó un diseño más moderno, que conservaba las líneas curvas del original, pero con un toque, por qué no decirlo, femenino. Mucha gente se alarmó ante el Beetle, pero su diseño apenas se ha retocado hasta hace dos años, cuando llegó la nueva generación.


El carrocero austriaco Karmann fue el primero en echarle mano al Volkswagen Tipo 1 en 1949

El diseño del Volkswagen Escarabajo es tan sencillo y reconocible que cualquiera podría dibujarlo de memoria y con un solo trazo

En este caso podemos decir que se han corregido gran parte de los errores pasados. El aspecto es mucho más serio que el anterior. Sus líneas, a pesar de haberse afilado, siguen recordando claramente al Escarabajo. Es una mezcla clásica y moderna de buen gusto que es capaz de atraer a todo tipo de público, sin importar la edad o el sexo. Desde el frontal a la trasera, todos los paneles han sido renovados y vitaminados para las versiones más deportivas, que a día de hoy son capaces de multiplicar por 10 la potencia original.

En el frontal nos encontramos con una zona muy limpia y simplista, característica eterna del Beetle. Su parachoques sobredimensionado da cabida a una rejilla inferior con una franja horizontal cromada que enfatiza el aspecto elegante y juvenil. El capó, siempre con esa línea curvada, ha sido ensanchado y no presenta ninguna nervadura, su forma es de una simpleza brutal. Siempre a los lados encontramos los faros redondos. Volkswagen no ha hecho ninguna concesión en este aspecto, podrán ser mejores, pero redondos.

En el lateral es donde encontramos la mayor parte de los cambios del Beetle. La altura del coche ha decrecido considerablemente respecto a la generación anterior. Por ello la línea del parabrisas se ha hecho más inclinada y aerodinámica. Las aletas sobresalen claramente de la planta del coche, síntoma característico desde 1938. Al igual que el capó se prescinde de toda nervadura para enfatizar la línea, no se necesita. El único elemento distintivo es la fina banda cromada que se encuentra en los bajos de las puertas.


Aunque la primera generación del Beetle no agradó a todo el mundo, esta sí que ha conseguido hacerlo

La capota de lona se corre gracias a un botón situado al lado del retrovisor central. Tarda poco más de 10 segundos

Sin lugar a dudas la parte que cambia más radicalmente es la trasera. Al igual que ocurría en la parte delantera, los pasos de rueda son claramente sobredimensionados. Los faros pasan de ser redondos a tener una forma de media luna alargada. Un gran cambio. Lo mismo pasa con la tapa del maletero, que pasa a ser más grande y mejor integrada en el conjunto del coche. Por último cabe destacar el difusor, que permite albergar una segunda salida de escape, pero solo en las versiones más deportivas.

Por último no podemos dejar de hablar de la capota. La versión cabrio opta por un techo de lona para sustituir al duro y rígido metal. Aunque su plegado no es el mejor del mundo, no cabe otra forma de hacerlo, ya que el original lo hacía así, una clara reminiscencia a las primeras unidades descapotables. Para rematar el conjunto, Volkswagen pone a disposición de los clientes un amplio abanico de llantas, que van desde los 16 a las 18 pulgadas. Algunos diseños son sencillamente geniales, mientras que otros optan por un estilo más deportivo.

Diseño interior y habitabilidad

Todo el trabajo de conservación del diseño exterior se ha transmitido al interior. Sin embargo en esta ocasión las evocaciones y los recuerdos son muy escasos, algo completamente lógico y entendible. El único elemento destacable y que recuerde al original es el salpicadero. Una lámina de plástico, personalizable en varios colores, es el único elemento, junto a las esferas de instrumentos redondas, que deriva de los últimos años de la década de 1940.


El interior es muy sencillo, no hay grandes estridencias. Toda la atención la recibe la moldura central 

Los mismos remates coloreados los encontramos en el volante. Es una manera sencilla de rejuvenecer el interior, dando la posibilidad de personalizarlo completamente al gusto del comprador. En el resto del espacio interior no podemos destacar ningún otro componente clásico. La tecnología y el diseño de vanguardia se han hecho con el control. Al igual que el resto de modelos de Volkswagen la comodidad, la habitabilidad y la practicidad están a prueba de cualquier circunstancia y situación.

El interior es muy sobrio y simple, se echa un poco de menos un diseño más atrevido, a fin de cuentas es un coche juvenil y moderno

Los asientos, son confortables y ergonómicos. El puesto de conducción se logra fácilmente gracias a las manivelas y ruedas de ajuste de volante y asiento. Todos los controles quedan a mano, los únicos botones que quedan más lejos son los de las luces de emergencia y el control de aparcamiento, ya que ambos apenas se usan, no supone ningún problema. Como comprobaréis el mayor espacio del salpicadero queda reservado para la pantalla táctil de la radio RCD 510. Su funcionalidad y manejo son de una simplicidad asombrosa, no me imagino quién no sería capaz de hacer funcionar este dispositivo.

La elección del paquete Sport (460 €) incluye, además del control de rodaje deportivo, una pequeña fila de instrumentos en la parte superior del salpicadero. La presión del turbo, la temperatura del aceite y un cronómetro aparecen en ella. Realmente no le veo especial a utilidad, más si tenemos en cuenta que la unidad probada venía con un motor diésel de poco más de 100 CV, pero bueno, como elemento opcional no está mal.

Para acabar con las plazas delanteras, tengo que destacar la guantera, dos en realidad. La superior, insertada en el salpicadero es más decorativa que funcional. El modelo original la llevaba ahí y ahí la han dejado, sin embargo su capacidad es prácticamente nula. Para solucionar el problema se ha incorporado una inferior, más convencional. Esta sí que es capaz de ofrecer un mayor espacio de almacenamiento, lo suficiente como para el libro de instrucciones y un chaleco reflectante.


Las plazas traseras no son un espacio adecuado para gente propensa a los agobios, no sobra el espacio

La versión cabrio supone la pérdida de 85 litros de capacidad del maletero, de 310 a 225 litros, válidos para el día a día

Sin lugar a dudas el peor espacio del Volkswagen Beetle Cabrio son las plazas traseras. No hay adulto que vaya cómodo en estas plazas, que quedan muy limitadas a un trayecto muy corto, ya que en recorridos largos se sufrirá mucho. El hueco para las piernas es mínimo, el acceso es complicado si tenemos la capota echada y la altura con respecto al techo no es excesiva. Por todo esto no son plazas aptas para viajar, pero para un uso urbano y breve no hay inconveniente, aunque aconsejo que los más altos vayan delante.

Otra sección donde no sobra el espacio es el maletero. Obviamente es un cabrio y el maletero debe resentirse a la hora de almacenar equipaje. Los 225 litros no dan para muchas holguras, pero son suficientes para un uso diario. Para los viajes más largos deberemos aprovechar el espacio de la segunda fila de asientos para guardar las cosas. Lo que sí es destacable es hueco longitudinal, ya que al abatirse la banqueta trasera se permite introducir objetos más largos, pero no muy anchos, porque la boca de entrada no es especialmente ancha.

Con esto llegamos al final de esta parte de la prueba del Volkswagen Beetle Cabrio. Un coche, que a pesar de haber perdido parte de su originalidad primaria, conserva muchos elementos evocadores y clásicos en su diseño. La generación actual es mejor a la anterior en todos y cada uno de los aspectos. Mientras que en el exterior se ha intentado mantener ese diseño clásico, el interior abandona toda nostalgia para dar cabida a las tecnologías más modernas. Una combinación clásica y moderna que gusta a todo aquel que la prueba.


Con 4,28 metros de largo, el Beetle reserva la mayor parte del espacio para los ocupantes delanteros

Para la última parte de la prueba dejaremos el aspecto mecánico. La unidad probada llegaba con un motor diésel de 1.600 centímetros cúbicos con 105 CV. Aunque Volkswagen haya actualizado las unidades de propulsión recientemente, las prestaciones quedan semejantes. No os lo perdáis, por que sin lugar a dudas el rendimiento de este Beetle Cabrio es uno de los puntos a tener en cuenta a la hora de adquirirlo. Nos vemos.

Prueba Volkswagen Beetle Cabrio, índice de capítulos:

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