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    Virutas F1Aston Martin F1: previsión meteorológica

    Aston Martin F1: previsión meteorológica
    Aston Martin se encuentra en medio de la tormenta, ¿sabrá superarla?
    José M. Zapico
    José M. Zapico14 min. lectura

    Cuando llueve muy fuerte hay dos posibilidades: que ocurra una inundación, o que toda esa agua acabe en un pantano que la atesore para poder hacer cosas con ella más tarde. Profetizar el futuro no es fácil, pero cuando ves nubes, sueles coger el paraguas. No adivinas, sino que prevés. Y no es tan difícil.

    El pabellón de deportes ha sido reconvertido en cuadrilátero, actores famosos con sombrero, gabardina, y chicas deslumbrantes ocupan la primera fila. El presentador alopécico en el centro del ring recoge un micrófono que cuelga del techo y anuncia la escena que está a punto de empezar. La música electrónica que sirve de fondo musical baja, y el eco generado por los amplificadores retumba en el recinto.

    A la izquierda, con calzón verde, 79 kilos de peso, melena leonina y fuerte pegada con la zurda se sitúan quienes piensan que Fernando Alonso será campeón directamente en 2023 encaramado en su nuevo coche verde. Son de la opinión que lo de El Plan era solo un estadio intermedio para la verdadera finalidad de su trayecto hacia un tercer título que llegará de manera inmediata. A la derecha, con pantalones rojos, peinado a lo mohicano, 82 kilos y piernas fulgurantes, los que creen que con los actuales mimbres el de Oviedo quedará varado tal y donde está Aston Martin a día de hoy, novenos.

    La conexión empresarial/industrial que existe entre Aston Martin y Mercedes los ata de pies y manos sin mucho margen de maniobra

    En un mundo binario devorado por la exaltación, y ajeno en muchos casos al razonamiento más básico, la polarización emocional conduce a extremos que rara vez se dan. Es frecuente que la realidad suela habitar en una zona intermedia, y si pocos apostarían dinero por victorias prontas por parte de Aston Martin, se puede pensar que a peor no va a ir sino a mejor. Y hay varias razones para pensarlo. Lo que pueda ocurrir dependerá de cientos de parámetros, aunque hay líneas de progresión, barras de estado, tendencias visibles y una serie de pautas reconocibles; algunas gustarán más y otras menos, pero a la vista están.

    El manguerazo de pasta que ha rociado Aramco sobre Silverstone y que se anunció en febrero de la presente temporada sembró un árbol de Navidad... que estará cargado de regalos cuando crezca. Algún lince dijo una vez que «con dinero no ganas títulos». No, amiguete, la frase completa es «(solo) con dinero no ganas títulos, y sin él tampoco». El eje sobre el que gira todo es el presupuesto, pero hacen falta más cosas. Si quieres ganar, o al menos mirar a los ojos a los habituales habitantes de la madera, necesitas para empezar una cartera igual de abultada que la de ellos. Si pones esto, en un proceso que tiende a durar cinco años, si lo haces bien y atinas en todo, es posible que pelees al final de ese lustro por entorchados pero malamente antes de ese periodo de maduración.

    Aston Martin lleva meses fichando a gente importante a golpe de talonario, sobre todo procedentes de Mercedes y Red Bull, y esta es una gran señal. Los que hicieron ganar a estos dos equipos llevan su materia gris al nuevo e impresionante edificio que Lawrence Stroll está haciendo construir en Silverstone. Con él, un novedoso túnel de viento, simuladores de última generación, maquinaria nueva, software, sistemas de medición y análisis avanzados, etc. Si quieres pillar a los que ya los tienen, necesitas al menos lo mismo o algo incluso mejor, y la lluvia de millones promete que las herramientas estarán a la altura de la empresa. Muy mal se tiene que dar para que en un plazo de dos o tres años no empiecen a verse resultados, y el ritmo obedecerá a un elemento de juicio de corte biológico: el ciclo vital de los equipos.

    Mike Krack dirige un equipo al que han llegado varias caras nuevas.

    Las escuderías viven una suerte de ciclo vital similar a un año que comenzase en septiembre, cuando empieza el curso escolar. Se nace llegando el invierno y se pasa frío; se crece en primavera y se pega el estirón; se resplandece en verano y se disfruta de lo más lucido de tu existencia, y se decae en otoño para descolgarse tabla abajo para volver a empezar. Resulta visible que Aston Martin anda acabando su primer estadio y comienzan a ver, en el horizonte, los primeros brotes verdes antes de comenzar segundo. La escudería de Stroll está mejor de lo que su novena posición indica; la séptima plaza lograda en 2021 sería más justa para con el tamaño, presupuesto, personal y pilotos con los que participan. Es obvio que el coche alberga problemas de concepto, y resulta doloroso verles cerrar la tabla junto a Williams, ambos con el propulsor que ha sido campeón durante ocho años seguidos hasta casi ayer. El coche no hace justicia al equipo, pero es lo que han logrado.

    Hay una pega en el horizonte: son, y van a seguirlo siendo durante mucho tiempo, un equipo cliente. La conexión empresarial/industrial que existe entre Aston Martin y Mercedes los ata de pies y manos sin mucho margen de maniobra. Puede que el motor no tenga la preponderancia que ha adquirido en las últimas temporadas, pero no es incierto que desde que comenzó la era híbrida solo tres coches con motores comprado han ganado una carrera de las 179 disputadas: Checo Pérez con un Racing Point-Mercedes en 2020, Pierre Gasly con un Alpha Tauri-Honda el mismo año, y Daniel Ricciardo con un McLaren-Mercedes en 2021. Las otras 176 carreras han sido vencidas por monoplazas que llevaban instalado un propulsor construido bajo el mismo techo. Y es que la conexión coche-motor es clave en el avance, y aunque la clientela reciba productos prácticamente clónicos a los oficiales, siempre aporta un plus ser el que sujete los hilos.

    Se trata de acceder antes a las actualizaciones, mejoras de software, o sin ir más lejos, crear para ti un diseño que luego el resto asume sin más y allá se las componga. Prueba de ello es que durante este periodo ningún un equipo cliente ha superado a una escudería con motor propio (a excepción de Red Bull cuando superó a Renault, pero hay que ver de donde venía cada formación). Quien piense que un equipo cliente puede ganar carreras a sus proveedores es muy dueño, no obstante ha de saber que en la era híbrida esto ha ocurrido en una de cada sesenta ocasiones. Más o menos. Títulos o posiciones en la tabla, nunca desde que existe la actual arquitectura híbrida de seis cilindros.

    Si buscamos un referente de evolución clientelar nos sale un ejemplo cercano: McLaren. No son vidas paralelas, pero es un equipo tan británico como Aston Martin, con marca de deportivos adjunta, con dinero árabe, con motores Mercedes, y que viene de haberlo pasado peor que mal y como consecuencia, haber visitado las catacumbas de la tabla clasificatoria. McLaren vio el cielo cuando el año pasado Ricciardo ganó la primera carrera para la escudería desde 2012 en una clara muestra de haber dejado atrás lo peor de su periodo otoñal. Este año se han ganado estar cuartos, justo tras los tres grandes, pero un concepto erróneo de dura evolución en su monoplaza les ha tirado una losa sobre los pies.

    Sebastian Vettel dará el relevo a Fernando Alonso en 2023.

    Como consecuencia, Alpine les ha arrebatado esa cuarta plaza tras la decimotercera prueba del calendario en Hungría. Si nos fijamos con atención, y a pesar de los cambios regulatorios para eliminar prominencia a los motores, el panorama es más o menos el mismo: los cuatro primeros equipos de la tabla son los cuatro equipos motoristas (si consideramos a Red Bull ‘equipo motorista’ puesto que Honda/Red Bull Powertrains trabajan de forma directa y prioritaria para ellos) Los equipos con motores clientes siguen quedando detrás.

    Si nos fijamos en la tabla de pilotos, y obviamos los dos primeros años con unos acertados Williams motorizados por Mercedes —circunstancia que jamás se volvió a dar—, los pilotos ‘cliente’ mejor clasificados en los últimos años fueron Lando Norris o Carlos Sainz, que lograron ser sextos en el mejor de los casos y el resto, por detrás.

    Parte (meteoro)lógico

    Rappel, La Bruja Lola, Paco Porras, Octavio Acebes, Sandro Rey o cualquier otro telebrujo de canal de tercera puede soltar sus adivinaciones y es posible que alguno hasta atine, pero la historia es cíclica y el porvenir suele estar escrito en lo pasado (Iker Jiménez diría que ‘en las estrellas’, peor de eso nada).

    Basta con echar un vistazo por encima del hombro y poder crear una proyección sobre lo que puede ocurrir; no lo que va a pasar, sino lo que resulta previsible. Y esto es que Aston Martin, el nuevo contratante de Fernando Alonso, mejorará y dará pasos hacia delante. Sin embargo, tiene que crecer como equipo; formarse a nivel interno; hacer que funcionen todos sus engranajes; que encajen sus nuevos mecanismos (un túnel de viento tarda meses en ajustarse y arrojar resultados fiables y constantes, por ejemplo).

    Tienen que lograr que sus mandos recién llegados pongan orden en las filas, que realicen fichajes acertados; no buenos ni malos, sino los apropiados; que la construcción del nuevo edificio y su traslado no les haga perder la visión hacia lo necesario y les entretenga, etc. Al final del final, en un plazo de mil días empezando a contar desde el inicio de la temporada venidera, sería previsible verles en la zona donde hoy habitan Renault y McLaren. Esto sería justo tras los equipos llamados a ganar hoy, y liderando la zona media, rozando el jardín de los que pisan el cajón cada fin de semana. Cuando anden por ahí, en la pedrea, y gracias al acierto de sus espadas más el desatino ajeno, en carreras alocadas, con climatología cambiante, pueden caerles pódiums y alguna victoria puntual.

    Esto es lo previsible. Divertido será observar cómo se saltan este guion, cómo lo hacen, qué ingredientes añaden a su receta, y disfrutar viéndolo. Si a esto, a lo imaginable, añadimos que sus pilotos estén inspirados, a alguien vestido de verde se le encienda la bombilla con alguna idea revolucionaria, que alguno del resto doble las rodillas, o que haya un poco de fortuna, podremos ver otras cosas. Así que desde aquí el deseo de la mejor de las suertes, pero que pillen la gabardina, paraguas, y hasta una Zodiac por si arrecia, qué previsión meteorológica ya tenemos.

    Fotos: Aston Martin Racing