¿Quieres estar informado diariamente con las últimas novedades del mundo del motor?

Ahora noPermitir
Mis favoritosAccesoVender coche
    Autobild.es

    Las 5 lecciones de la pandemia de COVID-19 para la industria del motor

    Cadena de montaje del Skoda Octavia 1Z

    Nunca en la historia del motor ha ocurrido semejante ruptura de rutinas en tiempo de paz. Lo que empezó con una serie de interrupciones de producción en China ha acabado afectando a toda la industria del globo, cuales fichas de dominó.

    2020 ha sido un año de interrupción para casi todos los fabricantes de automóviles del mundo. En mayor o menor medida todos lo han notado de alguna forma desde que irrumpió el SARS-CoV-2 hace un año en China. Se ha puesto fin a una racha aparentemente interminable de récords financieros, de ventas y de producción, salvo honrosas excepciones.

    Los expertos han tenido que tomar nota de varios acontecimientos del año que hemos despedido ya, para que en el futuro un problema de naturaleza similar no vuelva a ponerles en jaque. Algunas leyes aparentemente inviolables han tenido que reinterpretarse al albur de los acontecimientos.

    Adiós al modelo «Just In Time»

    La planificación japonesa con minimización de stock se ha visto desbordada por la interrupción de la cadena logística de piezas. El sistema JIT depende del flujo constante de piezas para evitar el almacenamiento. Ese paradigma ya ha quedado superado, y hay que asumir cierto «buffer» para evitar problemas.

    Basta con que compensen los gastos de almacenamiento respecto a tener las fábricas paradas horas, días o semanas enteras. Y no solo ha sido por la propia pandemia, también pueden darse problemas o imprevistos insalvables en los proveedores, como si una rueda queda atrancada con una barra de hierro.

    SEAT Live Store, vendedor y cliente están conectados de forma telemática

    Es posible trabajar con concesionarios virtuales

    El miedo al contagio, tanto de compradores como de vendedores, ha estimulado una revolución en ciernes, la de la virtualización del proceso de compra. Varias marcas han agilizado la transformación para que sea posible comprar un coche con un teléfono móvil, una tableta o un ordenador.

    Aunque hay gestiones que implican desplazamientos inevitables, todo se puede acabar contratando, para que sea tan simple como echar una firma al transportista que trae el vehículo, y estrenarlo (o reestrenarlo) con su correspondiente desinfección y tranquilidad para el cliente.

    Algunos fabricantes han contribuido a la causa de controlar al virus fabricando productos a los que no estaban acostumbrados: mascarillas, ventiladores...

    Más teletrabajo y más higiene

    En determinado momento los fabricantes han tenido que parar completamente su actividad. Todos los trabajadores que pudieron empezaron a teletrabajar para que la interrupción de la actividad fuese menos lesiva y que la vuelta a la normalidad fuese agilizándose. La presencialidad ha perdido importancia.

    En cierto punto, el teletrabajo llegó al extremo de llegar a la competición a falta de carreras reales

    Al igual que en otros tantos sectores, el teletrabajo ha dado un gran impulso. Y en aquellas labores en las que hay que estar in situ, sí o sí, las medidas de higiene se han impuesto para reducir en lo posible los riesgos. Los centros de trabajo han sido lugares relativamente seguros en la «nueva normalidad».

    No hay enemigo pequeño

    Un simple virus, que ni siquiera se puede considerar un ser vivo, ha puesto patas arriba la economía mundial. No solo es que pueda afectar a los trabajadores (desde una cuarentena hasta su posible fallecimiento), también afecta a los clientes, interrumpiendo la normal oferta y demanda de la industria.

    Por otro lado, los grandes fabricantes también han podido ver que hay rivales a respetar aunque sean muy pequeños, véase Tesla, o que se empiecen a considerar rivales empresas que no han fabricado ni un solo coche, véase Apple. Y los pequeños fabricantes emergen como setas, pudiendo dar problemas a medio y largo plazo a los grandes transatlánticos que viajan a velocidad de crucero, como Volkswagen.

    La demanda ha de vigilarse en tiempo real

    Por último, el delicado equilibrio que se ha dado entre la salud y la economía provoca incertidumbre tanto en la oferta como en la demanda de vehículos. Hay que vigilar los datos con la mayor rapidez posible y flexibilizar procesos para que estas fluctuaciones hagan el menor daño.

    El modelo de llenar campas de vehículos a la espera de compradores no es tan interesante con una demanda tan volátil. La racionalidad asiática se impone: menor variedad en la oferta, stock más pequeño, y factores productivos que puedan asumir cambios de ritmo son algunas de las claves a tener en cuenta en 2021 y lo sucesivo.