La lucha interna en Volkswagen se intensifica, Audi y Porsche desafían a Blume y sus decisiones
Volkswagen no gana para disgustos. Los directivos del gigante, con un Oliver Blume a la cabeza, tiene un nuevo problema con una Audi y una Porsche cada vez más unidas y declaradas en rebeldía.

Esto no es nuevo, sino que viene de muy atrás y es uno de los males más endémicos que Volkswagen nunca ha sabido atajar. Un asunto sobre el que ha dejado pasar el tiempo, pero que se ha ido agravando, ya que la parte más afectada, o la que se ha creído siempre más perjudicado ha ido aguantando todo lo que está pudiendo. que algún día estallará está claro, y con eso juegan los directivos de Wolfsburgo.
La realidad es que Volkswagen es propietaria de una serie de marcas, pero eso no impide que estas tengan autonomía propia. Todas tienen personalidad jurídica propia, y hasta pueden comprar a otras marcas y ser propietarias, si pueden sufragarlo. Por ejemplo, la de los cuatro anillos es dueña de Lamborghini, aunque la italiana también tenga su propia autonomía, y de una Ducati que es invendible. Pero estas italianas también son de la matriz de Wolfsburgo.

Audi y Porsche no quieren dar dinero a otras marcas del grupo
El problema que esta viene arrastrando de antaño tiene que ver con lo que aporta cada marca al grupo y lo que recibe después. Porque sí, después de los resultados comerciales, cada marca contribuye con una cantidad al gigante, desde el que después se atribuye otra cifra para sus presupuestos. Es decir, que cada marca se nutre tanto de sus ingresos como de inyecciones que le llegan de otras.
Esto es algo que Porsche ya ha querido cambiar alguna vez, pero no lo ha conseguido, una de las marcas más rebeldes a la que se ha sumado Audi, ahora que se rumorea que podría cerrar la fábrica de Neckarsulm. Desde el desarrollo del Taycan, ambos fabricantes se han hermanado más que nunca. Antes se prestaban las plataformas, ahora las desarrollan en conjunto, como también los motores, baterías y demás. Que están más unidas es un peligro para un Oliver Blume que no tiene la bendición de los accionistas de Porsche, y está muy falto de apoyos.
Los ingredientes perfectos para hacerlo caer en cualquier momento. Y es que Gernot Döllner, director de Audi, no tiene ni la más mínima intención de que se reduzca la partida de dinero para las nuevas inversiones que necesita para cumplir con la misión que se le ha encargado: devolver el prestigio a la marca de los cuatro aros. Pero, para conseguir este objetivo, necesita dinero y Volkswagen, que atraviesa una complicada crisis, y de la que no está saliendo ni con las jubilaciones anticipadas, podría rebajar las partidas asignadas a las marcas.
Oliver Blume resistirá pero acabará cayendo con una rebelión interna
Sabiendo que este es un acontecimiento posible, y después de haberse cargado varios modelos de la gama, además de cerrar la fábrica de Bruselas, los rebeldes Döllner y Michael Leiters, el nuevo director ejecutivo de Porsche, se están asegurando de que sus decisiones dentro del imperio Volkswagen se tomen de la forma más descentralizada posible, es decir, a su nivel.
El apoyo de Döllner a la causa que el jefe de Porsche impulsa es clave para que las dos marcas vuelen completamente solas y no tengan que vérselas con Volkswagen cada vez que esta decide recortar gastos. Si esto se produce, todas las marcas del grupo se ven afectadas. Audi y Porsche no quieren los dividendos que Volkswagen reparte, y que provienen principalmente de Skoda, ya que la parte que les toca es insignificante. De hecho, si Volkswagen atendiese la petición de estas dos marcas de lujo y dejaran de contribuir al grupo, te puedes imaginar el importante perjuicio que sería para Skoda...
Hoy, Blume está más en el aire que nunca. Los jefes de Audi y Porsche no lo quieren, y su gestión al frente de la marca deportiva durante su mandato ha resultado ser un verdadero desastre y no sólo al hablar de los coches eléctricos como el Macan, sino porque este fue el responsable de que el beneficio operativo cayera del 20 % al 0,3 %. Por si fuera, poco, ahora también siente la presión de las familias Porsche y Piëch, que presionan para que recorte gastos, encontrándose entre la espada y la pared.

