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¿Cuánto tiempo pueden sobrevivir los motores diésel?

Podemos afirmar, sin grandes riesgos a equivocarnos, que los motores diésel ya han dejado atrás su apogeo de ventas, entrando por tanto en la época de decadencia. Pese a las alternativas tecnológicas que hay, seguirán siendo útiles durante unos cuantos años más.

Motor diésel Honda

La burbuja de los diésel -si es que realmente existió- pinchó definitivamente en otoño de 2015. Muchas cosas que creíamos sobre estos motores resultaron ser falsas debido al Dieselgate, dando lugar a una enorme crisis de confianza por parte de clientes, reguladores y algunos fabricantes.

Los motores de gasóleo habían conseguido roer uno de los huesos más duros, el exigente mercado estadounidense, después de haber dominado el mercado europeo durante este milenio. Hasta empezaban a recuperar popularidad en Japón después de pasar al ostracismo absoluto (2007-2008), cuando se descatalogaron todos.

Pero la situación se ha revertido. Los turismos diésel han sufrido un enorme retroceso en Estados Unidos, y en algunos mercados europeos han caído por debajo de la mitad de sus buenos años. Las matriculaciones están a niveles de finales de los años 90, cuando un diésel no era la opción predeterminada salvo para perfiles concretos.

La próxima década será la del despegue definitivo de los vehículos electrificados como alternativa al binomio gasolina/diésel, pasando a números masivos en el mercado. Aún así, las motorizaciones convencionales siguen teniendo recorrido, especialmente fuera del mercado europeo y de sus exigencias medioambientales.

Dados los crecientes costes tecnológicos que implicará que los diésel cumplan la normativa Euro 6d con el ciclo de prueba en carretera abierta (RDE), para los fabricantes solo van a tener sentido aquellas versiones de gran venta donde los costes puedan repartirse entre más unidades.

Eso se llevará por delante las versiones diésel en coches pequeños (proceso que ya ha empezado) y medianos, y en general todas aquellas que no tengan suficiente demanda. Lo de los diésel "deportivos" va a ir apagándose como la llama de una vela. Llegaremos a una situación sana, se comprará un diésel quien realmente vaya a necesitarlo, que era lo que ocurría antes del 2000.

La hibridación permitirá estirar un poco más la vida comercial de algunos motores

Es posible fabricar diésel limpios, pero es caro, y como el sobreprecio que se puede cobrar al cliente es limitado, la variedad de versiones bajará bastante. Los bloques de cuatro y seis cilindros tienen más probabilidades de sobrevivir en modelos medianos a grandes, especialmente en gamas Premium de berlinas y SUV.

Eso en cuanto a turismos, en vehículos industriales ligeros el motor diésel tiene mucha vida por delante por falta de alternativas viables. En los vehículos pesados es más cierto que en los ligeros, donde se empiezan a abrir camino versiones híbridas enchufables o con combustibles alternativos.

Allá donde la infraestructura no permita el despliegue de alternativas, el motor diésel seguirá teniendo mucho sentido. Regiones como Rusia, África, Oriente Medio y zonas interiores de EEUU, China o Latinoamérica los diésel tienen un buen balance entre autonomía, fiabilidad, facilidad para repostar y resistencia ante trabajos duros. En Europa están sentenciados más allá del 2040.

Hasta hay soluciones para los diésel que ya están en circulación para que reduzcan sus emisiones tóxicas y puedan estar más tiempo haciendo su servicio

Fabricantes como Mazda, Mercedes-Benz o BMW auguran una vida comercial a los diésel de por lo menos 20 años en aquellas aplicaciones donde tengan sentido. Por contra, Toyota prácticamente los ha erradicado (se mantienen en industriales y todoterrenos), y desaparecerán de marcas como Volvo, Jaguar Land Rover o Suzuki. La situación tecnológica de cada fabricante condiciona mucho eso.

La extinción de los diésel se acelerará si el petróleo se encarece de forma natural o artificial

Habrá un periodo de convivencia largo entre el gasóleo y la electricidad, y por mucho que le gustaría a algunos, existen límites a los eléctricos que se pueden producir porque dependen de las baterías que pueden fabricarse. Tampoco podrá haber eléctricos para todos los bolsillos durante un tiempo.

Al final, ya en sus estertores finales, los diésel seguirán trabajando en las zonas más inaccesibles y recónditas, pero a buen seguro no los veremos propulsando deportivos, ni coches de gran lujo, ni utilitarios. Podríamos decir que la historia se dará la vuelta: aplicaciones industriales, profesionales (taxistas, marchantes, peritos...), etc. Ahora lo vemos lejos porque aún estamos con el chip del "diésel para todos", del Fiat Panda Multijet al Bentley Bentayga Diesel.

Pero en realidad eso último fue lo anómalo. Las aguas están volviendo a su cauce.

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