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    El IIHS subraya la importancia de las asistencias a la conducción (ADAS) para reducir la siniestralidad de adolescentes

    Sistema Teen Driver de General Motors

    Aunque hasta los 21 años las personas no alcanzan la mayoría de edad, desde los 16 se puede conducir un turismo en Estados Unidos. Analizando la tipología de los accidentes en los que se ven involucrados, los investigadores destacan la importancia de sistemas ADAS.

    Una de las particularidades de Estados Unidos no es ya solamente el hecho de que los adolescentes puedan conducir coches, también es la existencia de algunos mecanismos para reducir los riesgos que son inherentes a este colectivo (fundamentalmente).

    Por todos es sabido que a ciertas edades la percepción del riesgo no es la misma que en etapas más avanzadas de la vida, y eso incluye la conducción. Puede decirse, sin riesgo a equivocarse, que un conductor adolescente es, por lo general, menos consciente de los riesgos que un veterano. La experiencia, obviamente, es otro valor a considerar.

    Un nuevo estudio publicado por el Instituto de Seguros para la Seguridad en las Carreteras (IIHS) teoriza sobre qué habría pasado si todos los adolescentes en EEUU hubiesen conducido un coche moderno con sistemas ADAS -generales y específicos- o los hubiesen aprovechado sus padres. Las conclusiones son teóricas. En otras palabras, difícilmente reproducibles en el mundo real.

    Fotografía: State Farm (Flickr) CC BY

    Pues bien, poniéndonos en esa situación, calculan que el 78% de las muertes de los conductores adolescentes se podrían haber evitado, así como el 47% de las lesiones. En cuanto al número de accidentes, habría bajado en un 41%. Todo eso en el mejor de los escenarios contemplados.

    La mayoría de las asistencias a la conducción y sistemas ADAS se han diseñado para la población general de conductores. Sin embargo, para este colectivo hay unos supuestos de riesgo concretos, puntualizaron los autores del estudio. En el mercado español este tipo de sistemas suelen brillar por su ausencia.

    Por ese motivo salió al mercado Ford MyKey, una tecnología de Ford que permite a los padres dar al adolescente una llave con una codificación especial que impide superar cierta velocidad, limita el volumen el equipo de música, impide la desconexión del control de estabilidad o hace muy insistente el abrochado del cinturón de seguridad (el 40% se mata sin él abrochado). GM tiene el suyo, Teen Driver.

    Fotografía: State Farm (Flickr) CC BY

    Al menos en Estados Unidos, la siniestralidad del colectivo de adolescentes cuadruplica la de conductores de más de 20 años, eso por milla recorrida. Solo los mayores de 80 años son, estadísticamente hablando, más peligrosos por la merma de sus facultades por la edad.

    Además de las medidas restrictivas para los adolescentes, también ayudan aquellos sistemas que pueden avisar a los padres de conducir a ciertas horas, o en ciertas zonas, o superando velocidades programadas. Los datos pueden conocerse en tiempo real o hay que descargarlos regularmente de un almacenamiento digital.

    ¿Cómo han llegado los investigadores a estas conclusiones? El ámbito del estudio se ciñe a los siniestros viales en los que se vieron envueltos conductores adolescentes entre 2016 y 2019 en ese país. Se consideró una eficacia total de sistemas ADAS, lo cual no ocurre por una diversidad de razones.

    Fotografía: State Farm (Flickr) CC BY

    Si bien en el mundo real las reducciones de siniestralidad a esos niveles no se podrían conseguir, en cualquier caso los sistemas ADAS marcarían grandes diferencias y ayudarían a reducir las consecuencias que sufre este colectivo al volante. Ya ni hablemos de la generalización de la conducción autónoma...

    Aunque EEUU es una realidad diferente a la nuestra, se pueden sacar conclusiones a partir de estos datos. A la hora de debatir si se debería dejar conducir a los menores de edad, o controlar un poco más a los noveles, habría que poner estos números sobre la mesa.

    Si estos sistemas no han sido más eficaces en EEUU se debe, entre otras cosas, a la falta de información sobre los ADAS específicos para adolescentes o por no utilizarlos, así como la falta de estandarización en la industria. Se deja como recado a los fabricantes que se esfuercen más en transmitir las bondades de estos sistemas a los padres.