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    Multas por compartir coche, diferencias entre Uber y BlaBlaCar

    En España siempre vamos a la cola en materia de compartir, pero el coche compartido empieza a coger fuerza. Uber y BlaBlacar son las principales plataformas de carsharing. Esta idea no gusta a todo el mundo, y asociaciones de transportistas y el propio Gobierno buscan formas de regular y evitar el uso del coche compartido.

    Cuando la economía aprieta, hay que buscar formas de reducir gastos, o en su defecto, compartirlos. En España siempre hemos sido reacios a compartir y a sentir que algo no es absolutamente nuestro, incluso nuestros propios desplazamientos. Pero con el tiempo (y la economía apretando) la mente de las personas cambia y el coche compartido ha ido ganando adeptos.

    Y claro, si la gente hace uso del coche compartido, los medios convencionales como el autobús o el tren, que cada día ven incrementadas sus tarifas, pierden negocio. La patronal del autobús ya pidió el cese de este tipo de plataformas y mañana los taxistas de Madrid se declararán en huelga para reclamar una solución.

    Los taxis de la capital estarán en huelga durante 24 horas, desde las 6 horas del día 11 a las 6 horas del jueves día 12. Los taxistas se ven más afectados por Uber, mientras que los trayectos de media y larga distancia corresponden a BlaBlaCar, dos de las plataformas más sonadas, pero con diferencias operativas importantes.

    Fomento, al ataque

    Ayer lunes llegó la sorpresa por parte del Ministerio de Fomento, que hablada de sanciones de entre 401 y 600 euros a quienes hiciesen uso del coche compartido. Afortunadamente salió a la palestra la Comisión Europea, mostrando su posición a favor de compartir gastos, siempre y cuando se cumpla con la legalidad, que ahí es donde entra el ánimo de lucro.

    Por este motivo Fomento rectificó, aclarando que no se multaría a los usuarios que hiciesen uso de estas plataformas en el ámbito privado. Fomento ha aclarado que plataformas como BlaBlaCar tratan de compartir gastos, aunque realmente, y esto es ya cosa mia, se marca un precio por trayecto (sugerido por la web) con el que el conductor puede incluso ganar dinero si lleva varios pasajeros o tiene un coche que consuma muy poco. Aquí lo poco ético sería compartir coche como algo lucrativo, algo a decir verdad, bastante difícil de conseguir.

    El problema es Uber. Esta empresa, recién llegada a España tiene su propia plantilla de conductores en algunos países. Hasta ahí todo normal, pero aquí sólo existe el servicio UberPOP en el que la empresa hace de intermediario y pone en contacto a pasajeros con conductores que han pasado una selección por parte de la empresa, pero no trabajan para esta. El pasajero paga al conductor y Uber se lleva una comisión. Aquí se entiende que hay fraude, al no declarar el conductor los ingresos y al ser un servicio de competencia hacia el taxi.

    La verdad es que llegados a este último párrafo, todos estamos algo confusos y de acuerdo con la OCU en cuanto a la necesidad de una legislación clara que marque una línea visible entre el consumo colaborativo y la ejercitación encubierta de una actividad profesional.

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