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    La complicada posición de Dodge en la era del muscle car eléctrico

    La complicada posición de Dodge en la era del muscle car eléctrico
    El motor Red Ram V8 de 1953 erogaba apenas 140 CV
    Javier Costas
    Javier Costas6 min. lectura

    En agosto pudimos ver por fin la visión de Dodge de lo que sería un muscle car de la nueva era, ya sin motor V8 ni sus atributos. Dodge ha hecho desde hace tiempo el motor V8 como una de sus señas de identidad.

    Si tiramos de historia, Dodge tardó bastante más que otras marcas en incorporar motores V8 a su catálogo. Ford lo había hecho en los años 30, después fue Chevrolet, y Dodge esperó a la gama 1953 para incluir su primer V8, el Red Ram. No fue su primer motor de ocho cilindros, ya que antes eran en línea.

    Durante los años 50 y 60 los motores V8 se acabaron convirtiendo en importantísimos para las ventas de Dodge y convirtieron a varios de sus modelos en muscle cars, como los Charger, Dart, Challenger, etc. Durante los años 70 hubo que descafeinar el concepto por las normativas de emisiones y la crisis del petróleo, pero nunca dejaron de estar ahí.

    Sin embargo durante los últimos años Dodge ha ofrecido muchos motores V8 incluso dentro del mismo modelo -véase el Charger desde 2005 y Challenger desde 2008- con diferentes cilindradas y potencias. Los SRT Hellcat y Demon han sido un éxito de ventas mientras la competencia apenas tenía nada que decir al respecto. Incluso el Dodge Durango ha recibido motores V8.

    Dodge Charger Daytona SRT Concept

    Y en esa posición se encuentra Dodge ahora, una marca que tiene como uno de sus argumentos de venta las prestaciones asociadas a los motores V8, no ha caído en la trampa del downsizing como sí hicieron Ford y General Motors. A partir de 2024 la supervivencia de los V8 se antoja complicada.

    Los Charger y Challenger de la generación actual se van a despedir como V8 y sus reemplazos ya serán totalmente eléctricos. Eso supondrá el rechazo frontal de parte de su clientela, que se va a quedar a ciencia cierta con muy poco donde elegir, al menos en primera mano. Desde luego no querrán un Dodge que sea eléctrico y silencioso.

    Una parte de la clientela se podrá intentar meter en el redil si se consigue recrear esa atmósfera asociada a los motores V8, empezando por su sonido. El prototipo desvelado el mes pasado, Dodge Charger Daytona SRT Concept, puede ser aceptable para unos, pero otros considerarán que sigue siendo muy artificial.

    Dodge Challenger clásico frente a sus descendientes actuales

    En los últimos años hemos visto muchos modelos que recurren al sonido artificial para tratar de compensar el ruido de escape que se pierde por normas cada vez más restrictivas en ese capítulo. Y es comprensible en buena manera, los demás no tienen por qué oir el ruido de un coche por el capricho del que lo conduce.

    Además del ruido, el prototipo también emula con un sistema electromecánico los cambios de marcha, dado que los motores eléctricos rara vez necesitan más de una relación, por sus inherentes características de par y potencia desde muy bajo régimen. Eso también es complicado de simular.

    El quid de la cuestión es que Dodge suprime muchas cosas sin motores V8 y se ve en la obligación de compensarlo con artificios. Cada cambio profundo siempre provoca un nivel de rechazo, pero como en otras ocasiones (como el fin de la carburación) no tocó más remedio que pasar por el aro, porque la oferta de coches nuevos a carburación desapareció.

    Los últimos Dodge Challenger y Charger con motores V8

    Parte de los satisfechos van a tener que conformarse con lo que ya se haya vendido, y los precios que se alcancen por las unidades usadas será el termómetro para medir cuánto se les echa de menos. Stellantis no tiene como tal un requisito de dejar de fabricar esos motores, pero si tiene que fabricar muy pocos, los precios van a ser poco competitivos de cualquier forma.

    Llevamos tiempo viendo cómo los fabricantes se tratan de aprovechar de los segmentos más rentables y de identificar aquellos que tienen un volumen suficiente para ser interesantes. Los segmentos de nicho lo tienen complicado, ya sea a nivel de carrocerías, de motores, de transmisiones manuales, etc. Dodge tiene por delante mucho trabajo para no perder ese carácter que lleva tiempo siendo identitario para ellos.

    Otras marcas sin tanto arraigo no tienen ningún problema en convencer a la clientela de que lo último es lo mejor. Dodge, en ese sentido, lo tiene más difícil. No basta con ofrecer prestaciones, sino algo que mantenga una conexión emocional con ese tipo de clientela. El cómo van a conseguirlo sigue siendo en parte un misterio.