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    La crisis de los microchips se enquista y puede extenderse a 2022

    Un año después del estallido mundial de la pandemia de coronavirus no se han resuelto las graves interrupciones en el suministro de microchips y semiconductores en distintas industrias, como la del automóvil, perdiéndose la producción de millones de unidades y parando fábricas.

    Las noticias sobre fábricas de vehículos que tienen que parar varios días o semanas por falta de microchips y semiconductores se han convertido en una constante en el sector del automóvil, ahondando en la sensación de que se ha convertido en un problema crónico.

    Los fabricantes, literalmente, están haciendo un racionamiento de los chips que la industria de la electrónica es capaz de suministrar en tiempo y forma, sobrepasada por el brusco cambio que ha provocado la pandemia en la demanda y oferta de cualquier cosa que lleve microprocesadores.

    Ahora mismo la industria del automóvil está sufriendo unos «cuellos de botella» en sus cadenas logísticas que obliga a tomar medidas poco habituales. Algunos fabricantes tienen que parar producción o suprimir turnos y mandar empleados a casa, otras eligen adelantar los cierres programados de verano, otras optan por rebajar equipamiento tecnológico, e incluso algunas terminan vehículos sin esos componentes (si es posible).

    El Peugeot 308 deja de ofrecer su instrumentación digital por falta de microchips y así atender la producción restante de la generación actual

    Esto nos lleva a que los fabricantes no van a ser capaces de alimentar parte de la demanda de automóviles que se está produciendo según se recuperan las economías de los impactos del virus, lo cual tiene una consecuencia positiva.

    La pandemia implicó una pérdida mundial de producción del 16% en 2020, volviendo a niveles de 2010, según la OICA

    Al haber una menor oferta de vehículos nuevos, los fabricantes y sus marcas pueden reducir la pisada sobre el pedal de los descuentos y las ofertas, por lo que pueden aumentar el margen por unidad si tienen más clientes que coches. Si la guerra comercial pierde intensidad, el que pierde es el cliente.

    Por otro lado, esto traslada presión al mercado de seminuevos, que ya estaba viendo aumentada su demanda por el incremento de precio de los coches nuevos, sobre todo con ciertas motorizaciones electrificadas, y según van engordando en equipamiento tecnológico. Este fenómeno es más propio de países como el nuestro.

    El proveedor japonés Renesas sufrió un accidente en su planta de Naka el mes pasado, empeorando los problemas de suministro - Fotografía: Renesas Electronics Corporation

    Porque esto va para largo. Mike Jackson, CEO de Autonation Inc., cree que la crisis va a extenderse al año que viene, por lo que no solamente va a faltar producción este año, el que viene también, en pleno rebote de las economías principales por el avance en la vacunación.

    Según va aumentando la población inmunizada a base de vacunaciones, el impacto de la crisis sanitaria se va a ir aplanando, especialmente en los colectivos más vulnerables, por lo que habrá menores restricciones sociales y económicas. Hay un potencial de consumo que lleva meses durmiendo y dinero que quiere salir de los bolsillos.

    Evidentemente el impacto económico no va a ser igual para todos, unos colectivos podrán gastar con mucha alegría y otros han sufrido enormes pérdidas por semanas o meses sin actividad económica, o sin que esta pueda cubrir sus costes. Pero resulta evidente que las vacunas acercarán la normalidad a nuestras vidas, como ya se ve en lugares como Israel.

    Hoy día, los fabricantes lo tienen cada vez más crudo para fabricar automóviles si tienen falta de microchips, cuando hacen más falta que nunca

    Mientras tanto, los fabricantes tienen la oportunidad de fortalecer sus cadenas logísticas y trabajar codo con codo con la industria electrónica, o suprimiendo intermediarios o apretándoles las tuercas, y desde luego asegurándose los suministros para evitar interrupciones que echan al traste el sistema JIT (justo a tiempo o «just in time»), que depende de un suministro fiable y continuo.

    La industria electrónica continúa sobrepasada por una demanda que no ha visto venir ni está siendo capaz de atender, varios factores se han juntado de golpe: mayor demanda de electrónica de consumo, auge de criptomonedas, rebote inesperado del automóvil... y que cada vez más y más productos tienen circuitos integrados de distinta complejidad. Es como una bola de nieve cuesta abajo.

    Que no nos extrañe si algunos lanzamientos se retrasan, si los descuentos empiezan a retroceder (incluyendo en los seminuevos), y que algunos bienes sigan siendo escasos. Las previsiones de pérdida de producción deberían revisarse al alza, esto ya se ha convertido en un problema crónico y no tiene solución inmediata.