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    Los vehículos eléctricos serán más baratos que los térmicos antes de 2027

    De aquí a 2050 la Unión Europea quiere descarbonizarse para cumplir los objetivos de los Acuerdos de París. Para llegar a ese punto es imprescindible reemplazar los vehículos de combustión por eléctricos, aunque en menor número, y apostar por fórmulas alternativas de movilidad.

    Las tradicionales barreras que lastran las ventas de coches eléctricos y furgonetas eléctricas son básicamente tres: el elevado precio de adquisición, la dificultad para recargar en cualquier sitio (y rápido), así como una autonomía a prueba de ansiedad. Dichas barreras se derrumbarán a lo largo de este decenio.

    Paralelamente, los vehículos de combustión interna están perdiendo su ventaja por los costes incrementados a los que los fabricantes hacen frente para reducir sus emisiones, tanto las tóxicas (Euro 6) como las de carbono (límite de 95 g/km medio de CO2). En otras palabras, están incrementando sus precios.

    El quid de la cuestión está en el precio de las baterías, que sigue bajando por cada kilovatio hora (kWh), y en lo duros que sean los límites de contaminantes en el escape en la norma Euro 7. Por lo tanto, pasado el ecuador del decenio las cuentas empezarán a salir en el acto al comprar un vehículo eléctrico.

    Producción del crossover eléctrico Volkswagen ID.4

    Según recoge el estudio «Hitting the EV inflection Point», realizado por BloombergNEF (BNEF) para Transport & Environment (T&E), entre 2020 y 2030 las baterías habrán caído de precio un 58%, por lo que los costes de fabricación de los eléctricos se igualarán a los térmicos, teniendo en cuenta también las líneas de producción especializadas, plataformas dedicadas, etc.

    El informe concluye que en 2026 ya será igual el coste de adquisición de modelos de los segmentos C y D, y un año más tarde lo propio con los utilitarios del segmento B. Pasado ese punto, los costes serán más bajos todavía, por lo que el interés en modelos térmicos caerá por su propio peso.

    Es más, las cuentas van a salir antes en el caso de los industriales ligeros, concretamente en 2025 para las furgonetas diésel para los modelos más compactos y en 2026 para las que son más pesadas. No obstante, los autores del estudio concluyen que las políticas europeas son fundamentales, como poner fechas claras a la muerte de los motores de combustión interna.

    Los dos instrumentos básicos para lograrlo es establecer una norma Euro 7 -se revisará en junio- que haga muy difícil la homologación de vehículos con gases de escape, salvo que estos sean excepcionalmente limpios, y eso implica sistemas antipolución más sofisticados y por ende más caros.

    Por otro lado, la corrección del objetivo de CO2 por debajo de los 95 g/km obligará a los fabricantes a destinar más recursos a los eléctricos, ya que con estos cumplir los límites es trivial: sus emisiones locales de CO2 son directamente 0. Ídem respecto a las pilas de combustible de hidrógeno.

    Pero las autoridades de Bruselas no tienen que legislar contra el ciudadano, y dichas políticas tienen que ir acompañadas de asegurarse que la red de recarga es adecuada como para desengancharse tranquilamente de los combustibles tradicionales. Si las políticas dejan hacer a los fabricantes, la transición será incompleta.

    Volviendo al estudio de BNEF, si las políticas europeas no son las adecuadas se vislumbra una cuota de mercado en la UE del 85% de eléctricos en 2035 para turismos y del 83% para industriales. En cambio, si las políticas van en la dirección adecuada, creen que se llegará al 100%, incluso en países como el nuestro. ¿Será una profecía autocumplida?

    Europa no está sola en esto, los Estados Unidos bajo control de la administración Biden también van a enderezar a los fabricantes para que abandonen la combustión y se pasen a la electricidad. China se les adelantó. Varios fabricantes se han anticipado a esto y su gama de térmicos va disminuyendo mientras se alimentan los desarrollos de los eléctricos.

    En definitiva, aunque el estudio no acierte de pleno, es bastante probable que a lo largo de esta década se producirá el «sorpasso» entre térmicos y eléctricos, invirtiéndose una tendencia que data de la primera década del siglo XX (1910-1919). Por aquel entonces, los eléctricos perdieron la partida, más que nada porque los térmicos fueron más convenientes, más baratos, etc. Esa parte de la historia se da por sabida. Esta vez será ya al revés.

    Fuente: Transport & Environment