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Pontiac Firebird Trans Am Super Duty 455, el último verdadero muscle car

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Las versiones Super Duty del Pontiac Firebird fueron la cúspide prestacional del modelo, siendo los últimos muscle car que llegaron precisamente durante la crisis energética de 1973.

Equipados con el motor V8 Super Duty 455 de 7.46 litros, su rendimiento llegaba cerca de los 300 caballos en 1973, siendo las versiones más potentes del modelo durante décadas.

Equipados con el V8 Super Duty 455, disponían de cerca de 300 caballos.

La era de los muscle cars llegaba a su fin mediada la década de los setenta. Tras una salvaje escalada de potencia de poco más de diez años, que comenzaba oficialmente para muchos con el nacimiento del Pontiac GTO, la crisis energética de 1973 fue un golpe mortal para una industria como la norteamericana, que desde hacía casi 100 años no se había tenido que preocupar nunca por algo tan simple como el consumo de los vehículos.

Por lo que en 1974, muy pocos modelos quedaban en el antes rico y emergente segmento de los muscle cars. Uno de los últimos en desaparecer era el Pontiac Firebird, la versión de Pontiac del Camaro, que en sus versiones más salvajes disponía de bloques de hasta 7.46 litros de cilindrada con potencias que podían llegar fácilmente cerca de los 300 caballos.

Bien conocida es la historia, en 1973 estallaba la crisis del petróleo, cuyas consecuencias alteraron en mayor o menor medida a todos los habitantes de los países industrializados. Hasta ese momento, el crudo barato llevaba fluyendo desde hacía más de un siglo, por lo que su precio o su escasez nunca habían sido tenidos en cuenta por el ciudadano de a pie.

Los últimos muscle car de la era.

En los Estados Unidos las consecuencias inmediatas fueron catastróficas, colas de vehículos para acceder a estaciones de servicio que tenían más clientes que atender que combustible, oro líquido que además de escasear había disparado su precio, ya que la Organización de Países Productores de Petróleo daba su golpe de manera certera. Esto alteró las conciencias tanto de los consumidores como de las organizaciones gubernamentales, dando por cerrado un capítulo que la Historia pasó a denominar la edad de oro del automovilismo norteamericano, la era de los muscle cars.

Hasta ese momento, todos los fabricantes norteamericanos empleaban una simple fórmula, más cilindrada es igual a más potencia, sin tener en cuenta ninguna otra variable, por lo que era posible ver motores de inmensas cilindradas con rendimientos ridículos a los ojos de europeos o japoneses. Llegado 1973, General Motors tenía entre su amplio abanico dos de los muscle cars más destacados, los Chevrolet Camaro y Pontiac Firebird, modelos compactos que compartían plataforma y que inicialmente nacían para dar respuesta al pony car de Ford, pero que pasados los años evolucionaban, adquiriendo mecánicas cada vez más grandes.

Para la segunda mitad del año 1973, Pontiac incluía una versión especial de su motor de mayor cilindrada, el V8 455 de 7.46 litros. Denominado SD455 o Super Duty 455, resucitaba el nombre de los legendarios motores de competición empleados a principios de los sesenta. Este era un motor con fuertes modificaciones en el cigüeñal y la distribución, aunque no tantas como hubieran deseado los ingenieros de Pontiac, ya que las mejoras previstas inicialmente iban a ser aún más profundas, como un nuevo cigüeñal forjado de competición.

Casi triplicaban la potencia del Firebird base pero aun así llevaban los mismos frenos.

De hecho, cambios en la dirección de la compañía casi logran eliminar la producción de estas especiales versiones Super Duty, ya que los nuevos ejecutivos no le veían salida comercial. Sin embargo, afortunadamente, la tozudez de varios ingenieros unidos a un responsable de planta que se decidió a almacenar elementos para estos modelos, lograron echar a rodar el proyecto, que tuvo un éxito rotundo, con centenares de órdenes por adelantado de los vehículos.

Debido a los numerosos nuevos componentes, el Super Duty 455 era fabricado prácticamente a mano, fuera de la cadena de producción regular, como el resto de motores, y solo estaba disponible para las versiones Trans Am y Formula del Firebird. Oficialmente erogaba 294 CV (290 hp) frente a los 250 caballos del 455 estándar más potente.

Curiosamente, la introducción de este motor no supuso demasiados cambios a nivel de bastidor. A pesar de que estaba disponible un paquete opcional con mejoras en la suspensión para todos los Firebird, los Super Duty no lo incorporaban de serie, teniendo que solicitar el paquete de manera opcional como cualquier otro modelo de la serie. De la misma manera y sorprendentemente, montaban el mismo equipo de frenos estándar que el resto de versiones menos potentes, con discos de 279 mm delante y tambores de 240 mm en el eje trasero. En el mercado aftermarket se podían conseguir kits de conversión a discos traseros, pero ningún Firebird lograba salir de la factoría sin sus tambores traseros.

Solo disponibles como modelos 1973 y 1974.

El momento de llegada al mercado de las versiones Super Duty no podía ser peor, precisamente cuando todos los fabricantes comenzaban a eliminar de sus gamas los enormes, pesados y poco eficientes muscle car, que sufrieron irremediablemente un fuerte golpe en sus cifras de venta.

Sin embargo, los Firebird Super Duty estuvieron en el mercado hasta 1974, siendo eliminados de la gama Firebird para el modelo 1975. Convirtiéndose por tanto en los últimos muscle car de la historia, ya que muchos modelos fueron eliminados para 1974.

La importancia histórica de estos modelos es clara, pero además, si atendemos a sus cifras de ventas, como en cualquier versión especial, son variantes muy raras y por tanto deseables. De las decenas de miles de ejemplares fabricados solo una pequeña porción de ellos montaron el especial SD455, y de estos, la inmensa mayoría fue combinada con transmisión automático, por lo que solo una mínima parte contó con la transmisión manual de cuatro relaciones, como los dos ejemplares que aparecen en las imágenes, que pertenecen a los 212 Firebird con el paquete Trans Am que montaron esta caja manual, de un total de 943 ejemplares del modelo 1974.

Este ejemplar alcanzaba los 111.100 dólares en subasta en 2015.

En total, solo 1.296 bloques SD455 fueron instalados en el vano delantero de un Firebird, sumando todas las variantes Firebird Formula y Firebird Trans Am, de los que apenas un 10 por ciento montaban la más deseada por los coleccionistas transmisión manual. Por lo que evidentemente son los más codiciados y complejos de encontrar disponibles en el mercado actual, los más raros de los cientos de miles de unidades que fueron ensambladas del Firebird entre 1967 y 2002.

Como los ejemplares que ilustran este artículo, ambos modelos 1974 del Firebird Trans Am. Mientras que la unidad en color azul Admiralty Blue será puesta a la venta el próximo mes de septiembre por Barrett-Jackson en Las Vegas, la unidad roja era vendida el pasado año en el mismo evento, donde obtuvo una puja máxima de 111.100 dólares, cerca de 5 veces el valor de un Firebird regular de 6 u 8 cilindros de la misma generación.

Lo cual no es de extrañar, si tenemos en cuenta que además de la propia naturaleza del ejemplar, este además mostraba un kilometraje ridículo para su edad, 9.500 millas o menos de 16.300 kilómetros.

La versión de Pontiac del Camaro, disponible desde 1967 hasta 2002.

Estos ejemplares Super Duty, no solo los pocos que contaron con transmisión manual, han pasado a la historia como el súmmun prestacional de los Pontiac F-body (nombre de la plataforma) y como los últimos muscle car de la era, la más recordada de la historia del motor americano.

Fotos: Barret-Jackson

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