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    ¿Por qué los conductores "kamikaze" van en dirección prohibida, sentido contrario o contrasentido?

    Señales de dirección prohibida en EEUUAAA

    Un estudio de la AAA estadounidense arroja algo de luz sobre las posibles explicaciones de por qué de vez en cuando se mete algún conductor en una autopista o autovía en direccion contraria, lo cual suele acabar en accidentes mortales.

    Pasó por última vez el 20 de marzo de este año: en el kilómetro 28 de la A-2 colisionaron frontalmente dos turismos, un caso más de conductor «kamikaze» o que iba circulando en dirección prohibida. Falleció el conductor «kamikaze» y otro contra el que colisionó frontalmente. Estas noticias suelen acabar así.

    La hipótesis preliminar que baraja la Guardia Civil de Tráfico es que el conductor que iba en sentido contrario, un hombre de 35 años, no conocía muy bien la red de carreteras -era extranjero- y entró en la A-2 por error. Circuló 2 kilómetros por el arcén intentando abandonar la vía, pero otro conductor no pudo esquivarlo y los dos murieron prácticamente en el acto.

    «Kamikaze» viene del japonés «kami» (divino) y «kaze» (viento), término adoptado por pilotos de avión que en la SGM se suicidaban en los últimos compases de la guerra contra barcos o aviones aliados

    Pocas veces se pueden explicar estos accidentes por el testimonio de sus protagonistas o por haber dejado algún indicio de que fue una decisión premeditada (suicidio). La investigación forense trata de dar dichas explicaciones a partir de la información que sí se puede considerar de forma objetiva.

    Desde Estados Unidos nos llega un informe de la American Automobile Association (AAA), que ha analizado los datos de accidentes en sentido contrario en dicho país durante los últimos años. Entre 2015 y 2018 fueron 500 muertes de media cada año, un 34% más que en el periodo 2010-2014, cuando dicha media rondaba las 375 personas al año.

    Las probabilidades de que un conductor se meta en dirección prohibida en una vía de alta capacidad suele estar relacionada con tres factores por encima de los demás: alcohol/drogas, edad avanzada o viajar solo. Otros cinco factores fueron menos determinantes.

    El 60,1% de los conductores que protagonizaron accidentes en sentido contrario tenían una concentración de alcohol en sangre por encima de lo permitido, 0,8 gramos/litro. En España el límite legal está en 0,3 g/l de sangre para noveles/profesionales y en 0,5 g/l para el resto de los conductores.

    Ahora bien, la misma estadística reveló que el 36% de los kamikazes estadounidenses iban prácticamente sobrios, con una concentración de 0,1 g/l de alcohol en sangre. Para combatir este problema la AAA propone usar dispositivos como Alcolock, que impide el arranque si el conductor no va sobrio, o hacer más controles policiales.

    En segundo lugar la causa más ligada a conducir en contradirección es la edad avanzada, siendo los conductores de más de 70 años los más propensos a cometer este tipo de errores. Aunque conducen ya mucho menos que grupos de población más jóvenes, están sobrerrepresentados por la pérdida de facultades al volante.

    El tercer factor es carecer de compañía, ya que el 87% de los «kamikaze» viajaban solos, así que nadie más pudo advertir de la entrada en dirección prohibida por haber despistado alguna señal o por lo que sea. Esto con el tiempo debería ser más difícil, ya que los coches con sistema TSR reconocen las señales de dirección prohibida y al menos dan alertas en el tablero de instrumentos aunque el conductor no haya visto la señal.

    Algunos casos -muy pocos- pueden explicarse por malas decisiones al huir de la policía o en la búsqueda de sensaciones de peligro extremo (cerebros mononeuronales)

    Sin embargo, el estudio no dispone de evidencia suficiente para explicar la segunda derivada relacionada con quienes querían poner fin a sus vidas, aunque encajarían dentro del patrón «viajaba sobrio» (36%) y «viajaba solo» (87%). Pero alguien que conduce en dirección prohibida sin quererlo también puede ir sobrio y solo, una cosa no quita la otra.

    Dentro de unos años, cuando la tecnología V2V y la conectividad 5G permita que una alerta de conductor «kamikaze» se propague como la caída de fichas de dominó a quienes tienen el peligro más adelante, la incidencia de estos accidentes podría disminuir. A base de seguridad pasiva resulta complicado, difícilmente se pueden diseñar habitáculos que soporten una colisión frontal con suma de velocidades elevadas.

    De momento la AAA da sus recetas para combatir los dos primeros factores principales, ya que el tercero no tiene precisamente fácil solución, a menos que hablemos del sistema TSR. Alcolock, más controles de alcohol y drogas, mejorar la señalización para evitar despistes o que los psicotécnicos sean más eficientes retirando licencias de conducir a quienes ya no pueden hacerlo de forma segura.

    Como hemos podido ver, hablamos fundamentalmente de un error humano más que una acción premeditada. Y cuando se trata de un error, el miedo puede paralizar el raciocinio de quien se ve conduciendo en dirección contraria. La acción más racional sería orillarse a la izquierda, encender las luces de emergencia y parapetarse tras el quitamiedos o barrera hasta que venga la policía. La multa o la retirada de carné será lo de menos.

    Pero lo habitual es que quien se ve en dirección contraria trate de alguna forma de avanzar hasta la siguiente salida, incluso a baja velocidad, o que sufra un bloqueo total y simplemente conduce hasta que se come de frente a otro vehículo. También ocurre que hay conductores en contramarcha que aparentemente ignoran la situación en la que están porque siguen su recorrido.

    En cualquier caso, no hay soluciones universales ni fáciles contra este fenómeno. Y para protegerse contra la eventualidad de verse involucrado en un accidente contra un «kamikaze», sigue siendo recomendable respetar los límites de velocidad (más margen de reacción), y que si vemos faros de frente hay que evitar la colisión frontal prácticamente a cualquier precio: esquiva o frenada+esquiva.

    Fuente: AAA