Tengo un diésel, ¿qué hago con él?

Cada vez más gente empieza a inquietarse por el futuro de los diésel, ya se está reflejando en las ventas, ya que han retrocedido a niveles de cuota anteriores al año 2000. En realidad, la situación no es tan adversa.

A raíz del escándalo Volkswagen, estallado en septiembre de 2015, el público general se ha ido dando cuenta de que los motores diésel escondían muchas desventajas. En los últimos años ya había quedado claro que no eran tan fiables, que no salían rentables a todo el mundo, y, finalmente, que no eran ecológicos aunque emitiesen menos CO2.

Los gases tóxicos que emiten los diésel están muy muy relacionados con problemas crecientes de salud pública en grandes núcleos urbanos, principalmente por las partículas y los óxidos de nitrógeno. Los más modernos, los Euro 6, han bajado mucho las emisiones (como un 40% desde el 2000), pero eso dista de ser suficiente.

Como las normas Euro no se han cumplido en la vida real, la contaminación está muy por encima de lo esperado

Por lo tanto, varios centros urbanos no dan la calidad del aire exigida por la Unión Europea y las autoridades sanitarias, y empieza a hablarse abiertamente de limitar su circulación e incluso prohibirla. Una de las propuestas más estrictas al respecto, de Podemos, es de hacer eso en 2025. En carretera abierta no habrá pegas. Todo eso tiene que votarse en Congreso y Senado, obviamente.

Según la ley actual, los municipios de 100.000 habitantes o más tienen que tener medidas para hacer frente a episodios de alta contaminación. La Comunidad de Madrid quiere hacerlo a partir de 75.000 habitantes

Si nos salimos de los centros urbanos, los motores diésel no representan un grave peligro para la población, por lo que podrán circular sin problema durante años. Puede que en algunas comunidades autónomas o provincias, si la contaminación llega muy lejos, se limite la velocidad o haya alguna traba para los más antiguos (sin distintivo ambiental).

Es lo que propone por ejemplo la Comunidad de Madrid, pero para que eso suceda debe ser un nivel de contaminación galopante. En los últimos siete años apenas habría ocurrido más que unas jornadas aisladas en las que ha coincidido inversión térmica, mucho tráfico, días laborables, etc. Baleares cortará la entrada de nuevas llegadas a partir de la próxima década, gasolina también..

A nivel nacional no está prevista todavía ninguna legislación que afecte a gran escala a todo bicho viviente que vaya por mitad de una autopista o vía interurbana. En consecuencia, en el medio plazo seguirán siendo motores muy válidos para afrontar largas distancias, sobre todo con gran exigencia (orografícas, de remolque, etc).

Los distintivos ecológicos apenas tienen utilidad fuera de Madrid y Barcelona, progresivamente irán teniéndose en cuenta en más ayuntamientos con problemas con la calidad del aire

Es más significativa la posibilidad de ver un incremento en los impuestos. Ya hay varias voces pidiendo una revisión del impuesto de matriculación -basado en las emisiones de CO2- y el impuesto de circulación o tracción mecánica -IVTM, basado en la cilindrada-. Ambos tributos se han quedado muy desfasados.

Las propuestas más audaces están sugiriendo que se debe gravar a los vehículos más contaminantes, más pesados y más potentes, por lo que un SUV diésel con 150 CV -por ejemplo- y que no pase la Euro 6 empezará seguramente a pagar más cada año, pero no serían cifras para escandalizarse -presumiblemente-. No conocemos cuánto subirían los impuestos, no se ha desarrollado.

El combustible desde luego va a subir, gasolina y gasóleo tendrán la misma carga fiscal en un plazo de cuatro años, por lo que las cuentas no saldrán tan rápido y habrá que hacer unas cuantas decenas de miles de kilómetros más para amortizarlos. Su atractivo va a disminuir, pero tampoco va a desaparecer.

Contaminación atmosférica visible desde Vallecas - Fotografía: gaelx (Flickr) - CC BY SA

Los motivos racionales para deshacerse de un diésel a día de hoy están relacionados con un cambio de uso del coche. Si tiene pocos kilómetros y no se van a hacer muchos más -cambio de trabajo o residencia- puede salir a cuenta venderlo, pues retendrá buen valor, y cambiar a otro modelo o modalidad de transporte. En el futuro próximo se llevará más la intermodalidad.

Fuera de las grandes ciudades seguirán siendo demandados, y dada la edad media del parque español, bien tratados pueden durar mucho tiempo. Además, aunque el mercado español se atasque, pasará como en Alemania, que se le encuentra a los coches destino rápidamente en países del Este, donde no hay tanta preocupación ecológica.

En otras palabras, nadie se va a "comer con patatas" su diésel

Es cierto que en Alemania los diésel se están moviendo más rápido fuera de la frontera, pero es que varias ciudades grandes impondrán pronto limitaciones a la movidad porque el aire es de muy baja calidad. En España eso va más despacio, y fuera de Madrid o Barcelona (unos días al año), a día de hoy, no hay que preocuparse.

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