Varta se queda sin batería tras 139 años: ni 300 millones públicos ha logrado evitar su caída
Varta, uno de los nombres históricos de la industria alemana de baterías, ha entrado en insolvencia tras 139 años desde sus orígenes. La pérdida de un cliente clave, la presión china y una reestructuración fallida han dejado su futuro en manos de acreedores y posibles compradores.

Una de las marcas que mejor simbolizaba la ambición europea por conservar una industria propia de baterías acaba de sufrir un golpe que hace unos años parecía difícil de imaginar. Varta ha entrado en un procedimiento de insolvencia después de que su última reestructuración no consiguiera cerrar el agujero financiero que arrastraba la compañía.
La caída llega precisamente cuando China domina prácticamente todas las etapas de la cadena mundial de baterías, desde el procesamiento de materias primas hasta la fabricación final de celdas. Varta intentó mantenerse como uno de los grandes especialistas europeos, pero el precio de competir contra proveedores asiáticos ha terminado siendo demasiado alto.
La historia empresarial se remonta a 1887, cuando Adolf Müller fundó AFA, compañía de la que posteriormente nacería Varta. Desde entonces, sus baterías han acompañado desde expediciones polares hasta las misiones Apollo, además de convertirse durante décadas en un nombre cotidiano en millones de hogares europeos.
El problema es que su prestigio histórico no ha servido para corregir unas cuentas cada vez más deterioradas.
La pérdida de un cliente clave ha sido el último golpe
Una parte fundamental de la crisis se encuentra en Nördlingen, donde Varta produce pequeñas baterías de litio utilizadas en dispositivos electrónicos. La planta dependía enormemente de un gran cliente que ha decidido cambiar de proveedor y recurrir a fabricantes chinos más baratos.
La consecuencia será el cierre de la producción de estas celdas en octubre y la desaparición de unos 350 puestos de trabajo.
Ese contrato tenía un peso enorme en una empresa que ya llegaba debilitada. Las últimas cuentas públicas disponibles, correspondientes a 2024, mostraban unos ingresos de unos 790 millones de euros, un 4,7 % menos que el ejercicio anterior, junto a pérdidas de 64,5 millones.
Varta ya había necesitado una profunda reestructuración y la entrada de nuevos fondos para continuar funcionando.
Porsche llegó al rescate, pero también se quedó con el negocio más atractivo
La industria del automóvil tiene una relación especialmente estrecha con esta historia.
Porsche se convirtió en uno de los accionistas de Varta y acabó haciéndose con el control de V4Drive, posteriormente V4Smart, la división dedicada a las baterías de alto rendimiento para automoción. No era una tecnología secundaria: las baterías de Varta forman parte precisamente del sistema híbrido T-Hybrid del Porsche 911.

La operación permitió proteger una parte especialmente valiosa del negocio y garantizar a Porsche el acceso a una tecnología estratégica, pero dejó a la matriz con una estructura todavía más complicada.
Ahora esa antigua filial queda fuera del nuevo procedimiento de insolvencia porque ya está bajo control de Porsche.
300 millones de dinero público tampoco bastaron
El caso Varta también resulta incómodo para la política industrial alemana.
En 2020, el Gobierno federal, junto a Baviera y Baden-Württemberg, aprobaron un paquete de financiación pública de hasta 300 millones de euros dentro del programa europeo IPCEI para impulsar el desarrollo y la industrialización de nuevas baterías.
El objetivo era exactamente el contrario de lo que finalmente ha ocurrido: reforzar una industria europea capaz de competir con Asia y evitar que tecnologías estratégicas acabaran dependiendo casi exclusivamente de China.
La ayuda se destinó a proyectos de desarrollo e industrialización de celdas de ion-litio de pequeño formato y nuevas aplicaciones. Conviene matizar que esos 300 millones eran el volumen total aprobado del programa, no necesariamente una transferencia única recibida de golpe por la empresa.
Aun así, el apoyo público y las sucesivas reestructuraciones no han conseguido estabilizar el negocio.
Europa vuelve a tropezar con las baterías
El paralelismo con Northvolt es difícil de evitar. La compañía sueca también fue presentada como una de las grandes respuestas europeas al dominio asiático antes de que la gran esperanza europea de las baterías terminara declarándose en quiebra.
Varta es una empresa distinta, con productos y problemas diferentes, pero ambos casos muestran lo complicado que está resultando construir una cadena de baterías europea capaz de competir en costes y escala.
Eso no significa que Varta vaya a desaparecer mañana.
La división de baterías de consumo ha quedado fuera del procedimiento de insolvencia y continúa funcionando. El resto de la compañía está ahora bajo supervisión judicial mientras se estudian posibles compradores y diferentes fórmulas para conservar parte de sus actividades.
En Alemania hay además más de 2.300 empleos directos vinculados al grupo y más de 3.000 en todo el mundo, por lo que cualquier desmantelamiento tendría consecuencias mucho más amplias que la desaparición de una marca histórica.
Después de 139 años, Varta todavía puede encontrar un comprador que mantenga vivo parte del negocio. Lo que ya ha terminado es el intento de demostrar que ayudas públicas, una reestructuración financiera y el apoyo de Porsche eran suficientes para mantener intacto uno de los nombres más reconocibles de la industria alemana de baterías.
