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Mercedes-Benz SLK 250. Placer para dos

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Mercedes-Benz ha puesto en escena en 2011 la tercera generación de la Clase SLK, un roadster compacto que cuenta ya con quince años de exitosa trayectoria. Este atractivo biplaza rivaliza con otros descapotables de prestigio como BMW Z4, Audi TT y Alfa Romeo Spider, ante los que ni mucho menos desmerece. Las poderosas líneas del nuevo SLK han dejado obsoleto el anterior diseño, en una evolución espectacular que confiere mucho más porte a este roadster, sobre todo al compararlo con sus rivales directos.

La gama actual del SLK ofrece tres motores de gasolina aunque no se espera hasta el otoño la llegada de una versión diesel. El Mercedes-Benz SLK 250 que hemos conducido -¿o deberíamos decir disfrutado?- se encuentra en el punto de equilibrio de la gama de gasolina, con un motor turboalimentado de 1.8 litros y cuatro cilindros en línea. Nos preguntamos antes de iniciar la prueba si la potencia del propulsor estará a la altura de lo esperado, más aún conociendo el magnífico V6 que monta el SLK 350, con casi el doble de cilindrada.

Para aumentar nuestra expectación, la unidad que vamos a probar incorpora el paquete deportivo AMG, que añade sobre modelo básico un valor extra, no sólo estético y de prestigio, sino también de comportamiento.

Prueba

Exterior

Basta con dirigir la mirada por primera vez al SLK para obtener una impresión mucho más favorable que la que ofrecían las generaciones anteriores. El nuevo SLK fascina, atrae; tiene algo que a nadie deja indiferente. No se le mira como a un simple automóvil, sino como se mira a una obra de arte. De la competencia, sólo el BMW Z4 puede captar tanta atención; dentro de la propia marca, sólo el majestuoso SLS AMG supera su atractivo.


Situados frente al vehículo, nos dejamos impresionar por el diseño de la parrilla, que evoca el de los grandes coupés de la marca de la estrella. La verticalidad del frontal otorga distinción y poder. Visto de perfil, podemos sentir el aparente desequilibrio entre la longitud del capó y la recortada zaga, mientras que visto desde atrás -aunque el diseño pierda contundencia- llaman nuestra atención los escapes simétricos y la generosa medida de los neumáticos traseros. Las llantas AMG de 18” y cinco radios que equipa nuestra unidad la hacen aún más atractiva.

Techo plegable

Como ya sabemos, el techo del Mercedes-Benz SLK es retráctil con accionamiento eléctrico; bastan apenas 20 segundos para pasar de roadster a coupé y viceversa. Como en tantos otros autimóviles coupé/cabrio, el techo se esconde una vez plegado en el maletero. El precio a pagar es, obviamente, la mínima capacidad de carga del vehículo descapotado. En cambio, el maletero es bastante aprovechable (aunque sus formas no sean regulares) cuando el techo está desplegado. Como medida de seguridad, para poder abatir la capota es necesario desplegar una bandeja situada a media altura dentro del maletero; esta bandeja delimita el espacio que ocupará el techo una vez recogido.

Nuestra unidad equipaba un techo panorámico de cristal tintado. Si bien se trata de una idea muy recomendable para otras latitudes privadas de nuestras horas de sol, el trayecto de prueba realizado por el sur de nuestra península demostró que el cristal permite que pase suficiente luz como para provocar una insolación a los más despistados -o desprovistos de cabello-. Mercedes-Benz ofrece otra versión opcional con el llamado ‘Magic Sky Control’, que permite controlar mediante un pulsador el oscurecimiento de la luneta.

Interior

Una vez superada la curiosa sensación de “dejarse caer” sobre el asiento de este deportivo, nos agrada comprobar lo cómodo y envolvente que resulta. Bastan unos segundos para encontrar la postura de conducción ideal: el precioso volante deportivo de tres radios y achatado por debajo es regulable en altura y profundidad; los asientos lo son, además de en aquellos dos parámetros, también en inclinación y ajuste lumbar. Cada asiento dispone de tres memorias programables que permiten adaptar su geometría automáticamente para cada conductor o pasajero.

Nuestros dedos se tomarán un tiempo para percibir el tacto de los materiales empleados para fabricar esta belleza. Los asientos, puertas, volante y pomo del cambio están forrados

de cuero negro pespunteado en hilo rojo; la mayoría de los plásticos empleados son de muy buena calidad, pero el que utilizado en los parasoles, el cubre la consola central y las zonas bajas del habitáculo no está a la altura. Aunque el tacto de todos los mandos es suave y preciso, la ubicación de la palanca que gestiona el tempomat hace que lo activemos de manera accidental cuando pretendemos usar los intermitentes. La guantera es práctica y sorprende por su apertura amortiguada.

La disposición de los relojes y otros indicadores resulta muy acertada. El diseño general del salpicadero no se decide entre las líneas futuristas y los detalles retro. Precisamente esa mezcla de estilos convierten el interior del SLK en una encantadora réplica a escala del SLS AMG. La profusión de botones confundirá al nuevo propietario de este vehículo, aunque es justo aclarar que también es consecuencia inevitable del rico equipamiento,

que incluye el sistema multimedia ‘Comand Online’ (navegador de Internet, audio, teléfono y navegación). Un mando giratorio y pivotante situado en la consola central nos ayudará a controlar tanta funcionalidad puesta a nuestro alcance. Justo detrás de este joystick se encuentra, bajo una tapa acolchada, el mando que controla la apertura y cierre del techo; aunque su ubicación pueda ser la correcta para activar en parado el mecanismo, durante la conducción puede resultar molesta.

Pensando a estas alturas en arrancar el vehículo, nos fijamos en los pedales acabados en metal pulido mientras insertamos la llave en el contacto. Pero no, no es una llave metálica; pero sí, hay que insertarla en el contacto situado como en cualquier otro coche; y no, no hay botón de encendido: hay que girar la llave. Pero este detalle no tan premium tiene su agradable contrapartida...

Al volante

Nada más girar la llave, nos sorprende la rapidez con la que arranca el motor y el silencio del habitáculo. Uno quizás esperaría cierto estruendo inicial, pero cada detalle está pensado para que el SLK proporcione sensaciones adecuadas al uso. El motor de gasolina turboalimentado de cuatro cilindros en línea y un cubicaje de 1.8 litros puede ser tan sedoso o rudo como queramos: todo está en nuestro pie.

Como nuestro cerebro está deseando someter a nuestra extremidad inferior derecha, cuanto más caso le hagamos más placer llegará a nuestros oídos; es increíble cómo estos ingenieros alemanes han conseguido una sonoridad digna de una cilindrada muy superior. Evidentemente, las leyes de la física impedirán cualquier milagro respecto de la potencia máxima, pero este motor es una delicia para cualquier uso: suavidad para el día a día y agresividad de sobra para generar adrenalina. Aún así, consideramos que los 204 caballos que ofrece el motor del SLK 250, junto con la banda de potencia aprovechable que le confiere su turbocompresor, son más que suficientes para el disfrute en carretera abierta.

El paquete AMG aporta una sonoridad espectacular para un motor de esta cilindrada y potencia; un bramido que se hace más notable cuanto mayor sea el régimen de giro. Aunque la entrega de potencia es bastante progresiva, el dibujo de su curva se

eleva mucho hacia el final. El motor ya empieza a empujar dignamente entre las 2.000-3.000 vueltas, y a partir de ahí el empuje se dispara hasta superar las 6.000 antes de llegar a la zona roja. La potencia es transmitida por el eje trasero, y debemos decir que el equilibrio conseguido es tan bueno que sólo descubriremos de dónde procede la tracción ante fuertes aceleraciones con la dirección girada o sobre firme en mal estado. Gracias a ello, un conductor experto disfrutará de las sensaciones de un deportivo de tracción trasera sin miedo a perder el control del vehículo.

Para tranquilidad de quienes deduzcan una relación directa entre prestaciones y consumo, los motores de gasolina de todos los SLK están etiquetados como ‘BlueEfficiency’, sinónimo de tecnología para la eficiencia energética. Gracias a las mejoras realizadas sobre la anterior generación de motores y cajas de cambio, junto con el sistema ECO start-stop, los consumos medios son bastante contenidos. Aunque las cifras oficiales anuncian una media de 6,6 litros a los 100 kilómetros, en realidad es difícil permanecer por debajo de los 9 litros. Completada nuestra prueba, en muy variadas condiciones viales, de tráfico y conducción, el resultado final fue un promedio de 10,5 litros cada 100 kms.

El motor del SLK 250 está asociado a una caja de cambios automática ‘7G-Tronic Plus’. Como su nombre indica, ofrece un total de siete marchas con la ventaja de un menor escalonamiento de las relaciones. Teóricamente, esto significa unas reacciones más vivas, con mayor capacidad de aceleración y recuperación; pero este objetivo requiere un cambio de marchas rápido, cosa que lamentablemente no posee este automóvil. El tiempo requerido para cambiar de una marcha a otra se hace bastante largo, lo que resta placer de conducción en modo automático. Por mucho que elijamos el programa deportivo, la reacción del coche a la presión sobre el acelerador -incluso a un kick-down- puede exasperar al conductor. La única solución es hacer uso del modo manual, seleccionar la marcha adecuada y disfrutar de la magnífica elasticidad del motor.

Como hemos dejado entrever, la caja 7G-Tronic permite elegir entre diferentes modos: Economy, Sport y manual. La elección de programa se debe realizar desde un botón situado en la consola central junto a la palanca de cambios; su ubicación nos parece inadecuada e incómoda, sobre todo con el vehículo en movimiento. Para subir o bajar marchas, se debe desplazar lateralmente la palanca de cambio, o mejor aún accionar las levas de cambio que nuestro SLK equipaba como opción. Un punto a favor del modo manual de esta caja de cambios es que subirá de marcha cuando alcancemos el régimen máximo del motor, y de manera opuesta nos impedirá reducir cuando al hacerlo el motor superase aquel límite.

El modo automático Economy hace girar el motor muy bajo de vueltas, casi siempre por debajo de las dos mil. Aunque el turbocompresor permite que el motor responda a semejante régimen, la sensación es de falta de potencia y capacidad de

recuperación. El modo Sport no sólo es más divertido, sino que transmite mayor confianza al mantener el motor en la zona de mayor respuesta. Al pisar a fondo, la caja de cambios reducirá las marchas necesarias para ofrecer la máxima aceleración; pero, como hemos mencionado, su lenta respuesta nos hará dudar ante muchos adelantamientos. Una verdadera lástima, existiendo en el mercado sistemas como el DSG de Volkswagen incluso en vehículos mucho más económicos.

Pero el punto fuerte del Mercedes-Benz SLK, hablando de comportamiento dinámico, es su chasis y el ajuste de las suspensiones. Se nota que esta Clase fue diseñada con el motor V6 (que equipa el SLK 350) en mente: el chasis supera de largo las capacidades del motor... e incluso de su conductor. Hemos conducido a buen ritmo por todo tipo de curvas, en diferentes condiciones de asfalto, cambiando el peso del vehículo de un lado a otro sin provocar ningún flaneo destacable. ¡Qué increible agilidad la de este roadster! A sus mandos, cuesta entender cómo un morro tan alargado entra tan bien en las curvas, o cómo unas llantas de gran tamaño (con neumáticos 225/40 R 18 delante y 245/35 R 18 detrás), pueden parecer confortables. Y aquí está la verdadera magia de este vehículo: se adapta a cualquier terreno y cualquier estilo de conducción, sin titubeos ni sustos. El tacto de las suspensiones es más bien duro, pero jamás incómodo. Se puede pasear con absoluto confort o buscarle las cosquillas con total confianza y precisión.

El equipo de frenos del 250 AMG, que incorpora discos perforados en el eje delantero, funciona con una eficacia ejemplar sin

caer en el desfallecimiento. Apenas hemos llegado a activar el sistema ABS, que en tantos otros modelos se inmiscuye demasiado en la conducción deportiva. Las frenadas siempre han sido intachables, incluso en curva, aunque el mérito sea más bien del conjunto tan bien equilibrado.

Otro gran detalle es el tacto de la dirección, preciso, suave y progresivo. A medida que giramos el volante, el ángulo de dirección gira a su vez, de manera que es posible trazar curvas en horquilla sin apenas realizar medio giro de volante. De nuevo, un sistema adecuado a todo estilo de conducción, aunque el SLK se decante siempre por la deportividad controlada. Y es que, nii siquiera desactivando el control de tracción y estabilidad el coche se desmelena; nada salvo nuesto pelo al viento.

¿Viento? Un factor importante, hablando de un descapotable. Por fortuna para nosotros, en Stuttgart suele hacer frío, y en

Mercedes-Benz se toman el serio disfrutar al aire libre sin sufrirlo. Podremos circular sin techo a velocidades legales de la manera más cómoda, gracias a las formas del parabrisas, al diseño de las ventanillas y al paravientos opcional Airguide: una sencilla luna de plástico transparente situada junto a cada arco protector que permite reducir turbulencias en el interior del vehículo. El invierno puede provocar reservas ante la idea de bajar el techo, pero el sistema Airscarf de reposacabezas calefactables actuará como una cálida bufanda alrededor de nuestro cuello. Con el techo cerrado, la insonorización es realmente efectiva, incluso a altas velocidades. Debemos decir que nuestra unidad de pruebas filtraba un molesto silbido a través de una junta, pero no sería justo extrapolar este fallo al diseño del modelo.

La visibilidad es buena en su conjunto, teniendo en cuenta las características del vehículo. Los montantes del parabrisas no complican las curvas. El campo de visión hacia atrás es aceptable con o sin techo, ya que ni la luneta trasera ni el paravientos Airguide afectan en gran medida. Los espejos retrovisores ofrecen gran ángulo de visión y facilitarán cualquier maniobra.

En resumen

El Mercedes-Benz SLK no se queda en la apariencia. Acompaña su enorme atractivo visual de magníficas prestaciones, equipamiento de confort y seguridad junto con una versatilidad inesperada. El motor 1.8 turbo del SLK 250 ofrece potencia más que suficiente para cualquier conductor (que no piloto); su chasis aceptará cualquer uso que se le pida, incluso más allá del sentido común.

Como es obvio, no puede ser considerado como opción de compra de una familia con niños -estas cosas se piensan antes...- pero cualquier pareja de economía desahogada debería tener presente las cualidades estéticas, dinámicas e incluso de comodidad de este pequeño descapotable. Un vehículo que no sólo invita a paseos por las carreteras de la Costa Azul, sino al uso cotidiano para aquellos que jamás visitan IKEA.

Datos y Equipamiento

Mercedes-Benz SLK 250 (versión estándar)

Precio
A partir de (euros): 47.600

Motor y potencia
Disposición y número de cilindros: 4 cilindros en línea
Cilindrada (cm³): 1.796
Potencia nominal (kW a rpm): (150(204CV)/5.500)
Par motor máximo (Nm a rpm): (310/2.000–4.300)
Relación de compresión: 9,3:1
Aceleración de 0–100 km/h (s): (6,6)
Velocidad máxima (km/h): (243)

Transmisión
Tracción: Propulsión trasera
Cambio: 7G-TRONIC PLUS
Desmultiplicación, automática: 4,38/2,86/1,92/1,37/1,00/0,82/0,73/R1 3,42/R2 2,23
Desmultiplicación grupo cónico: 3,07

Combustible y consumo
Capacidad del depósito/reserva (l): 60/8
Consumo, ciudad (l/100 km): (8,4–8,7)
Consumo, carretera (l/100 km): (5,0–5,4)
Consumo, ciclo mixto (l/100 km): (6,2–6,6)
Emisiones de CO2 (g/km), ciclo mixto: (144–153)
Coeficiente de resistencia aerodinámica: 0,33
Categoría de emisiones contaminantes: (Euro 5)

Tren de rodaje (de serie) y ruedas
Eje delantero: Multibrazo
Eje trasero: Multibrazo
Suspensión delante/detrás: Muelles helicoidales, amortiguador de gas a presión de doble tubo/muelles helicoidales, amortiguador de gas a presión monotubular
Neumáticos/ruedas delante: 225/45 R 17
Neumáticos/ruedas detrás: 245/40 R 17
Dirección Dirección de cremallera sin regulación de la asistencia, hidráulica
Frenos delante Discos, autoventilados
Frenos detrás Discos, macizos

Dimensiones y pesos
Longitud (mm): 4.134
Batalla (mm): 2.430
Ancho (mm): 2.006
Alto (mm): 1.301
Peso en vacío/carga útil (kg): (1.500/315)
P.M.A. (kg): (1.815)
Volumen del maletero (VDA) (l): 225–335
Diámetro de giro (m): 10,52

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