Ya he tocado el BMW Serie 3 eléctrico de casi 500 CV y 900 km de autonomía

La octava generación del BMW Serie 3 empieza a desvelarse. Así es el BMW i3 2026: más tecnología, más autonomía y una nueva forma de entender la berlina eléctrica según BMW. Tecnológicamente es un cohete pero hay algo en su diseño que no termina de convencer.

Ya he tocado el BMW Serie 3 eléctrico de casi 500 CV y 900 km de autonomía
Prmer contacto con el nuevo BMW i3 2026

Publicado: 18/03/2026 11:01

18 min. lectura

BMW ha tardado más de lo que muchos esperaban en dar forma a una berlina eléctrica de nueva generación verdaderamente importante. La marca bávara llevaba tiempo preparando el terreno, afinando su transición hacia la Neue Klasse y dejando claro que su nueva ofensiva eléctrica no iba a ser una simple evolución de lo ya conocido. Esa etapa comenzó con el BMW iX3 y ahora continúa con el nuevo BMW i3, la variante 100% eléctrica de la octava generación del Serie 3 que comienza a presentarse.

Porque este nuevo BMW i3 no es un eléctrico más dentro de la ofensiva de Múnich. Es, en realidad, una de las piezas que mejor resume hacia dónde quiere ir la marca. Una berlina de gran tamaño, completamente eléctrica, desarrollada bajo la filosofía de la Neue Klasse, con una base técnica de nueva generación, un interior profundamente digitalizado y una puesta en escena que quiere mezclar el ADN de BMW con una imagen más limpia, más tecnológica y, probablemente, más universal.

Aquí está la nueva berlina 100% eléctrica de BMW

Esta versión 100% eléctrica convivirá con variantes de combustión y estéticamente será muy parecidas, pero internamente no tendrán nada que ver, ya que sus hermanos de combustión estarán construidos sobre la plataforma de la generación anterior G20, pero actualizada. Por cierto, es normal que el nombre de i3 te suene, en 2013 ya hubo un modelo 100% eléctrico de enfoque urbano con ese nombre y en 2022 en China, se lanzó una versión totalmente eléctrica solo para ese mercado. Aunque comparten nombre el modelo que os estoy enseñando no tiene nada que ver con ellos.

Más grande y elegante, pensado para un público global

Lo primero que llama la atención del nuevo BMW i3 es que no intenta ser una simple electrificación de un modelo ya conocido. No transmite la sensación de derivado, de adaptación o de compromiso. Tiene presencia propia que encaja en los cánones actuales del mercado. Es más grande, más rotundo y visualmente más asentado que lo que muchos podrían esperar al escuchar por primera vez el nombre i3.

MedidasBMW i3 2026BMW Serie 3 G20
Largo4,763 m4,713 m
Ancho1,865 m1,827 m
Alto1,482 m1,440 m
Batalla2,897 m2,851 m

Medidas facilitadas por la marca

Tiene una longitud de 4,763 metros, una anchura de 1,865 y una altura de 1,482. Respecto al Serie 3 G20 al que da relevo generacionalmente, crece 5 cm de largo, 4 cm de ancho otros 4 cm de altura y añade 4 cm más a su batalla.

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En directo se percibe como un coche elegante. No parece una berlina diseñada para impresionar a base de agresividad visual o de recursos efectistas, sino para proyectar una imagen más limpia, moderna y transversal. Y eso tiene una lectura positiva y otra más debatible.

Toma de contacto con el BMW i3 2026

Habrá quien eche en falta un punto adicional de tensión visual, de deportividad o incluso de descaro, aunque los pasos de rueda son bastante abultados. Parece diseñado para agradar a un público más amplio, más internacional y más heterogéneo. Sin duda esa decisión puede ayudarle a seducir a nuevos clientes, pero también deja abierta la duda de si por el camino se ha perdido algo de la personalidad tan marcada que antes asociábamos con ciertas berlinas de BMW.

En mi caso hay un detalle que me choca: la reinterpretación del frontal. Puede que se me considere chapado a la antigua, pero la desaparición del riñón físico como elemento reconocible no me termina de convencer. Entiendo la lógica del nuevo lenguaje formal, entiendo el deseo de integrar identidad y tecnología en una lectura más limpia del frontal, pero personalmente me habría gustado ver unos riñones físicos de verdad, como sí ocurre en el BMW iX3.

Aquí BMW ha optado por una reinterpretación digital y luminosa integrada en el conjunto delantero, y aunque es moderna me cuesta verla con la misma naturalidad con la que identifico otros BMW recientes. No quiere decir eso que el frontal carezca de personalidad, pero sí que se aleja de una de las señas más icónicas de la marca. Y cuando un fabricante toca uno de sus símbolos más reconocibles, es lógico que haya división de opiniones, ¿a ti te gusta?.

La parte trasera del BMW i3 2026

Una zaga llamativa, aunque discutible desde la herencia de marca

Si el frontal abre el debate, la trasera probablemente sea la parte que más sorprende a primera vista. Los grupos ópticos traseros son muy finos, están trazados en horizontal y parecen casi unidos entre sí. No se unen para no parecer un coche asiático, que conste que lo pregunté. El efecto visual es limpio y es probablemente uno de los elementos más impactantes del coche en persona.

Ahora bien, aquí también aparece una lectura crítica interesante: cuesta encontrar una conexión clara con la tradición visual de la casa. La zaga funciona, llama la atención con animaciones razonables como muestro en el vídeo, pero no remite de manera evidente a lo que muchos identificarían de inmediato como una firma clásica de la casa. Por decirlo de otra manera, me parece menos “BMW” de lo que cabría esperar. ¿Me he quedado desfasado?

Ese es, seguramente, uno de los grandes temas de fondo del coche: hasta qué punto BMW ha preferido construir un lenguaje más global, válido tanto para el cliente europeo como para el asiático, aunque en mi opinión eso implique diluir parte de su identidad más reconocible. Es una reflexión legítima, porque el i3 transmite ambición internacional desde todos los ángulos, quiere ser bueno en todos los mercados.

Plazas delanteras BMW i3 2026

Por dentro sin peros: más digital y con sensación de salto generacional

Por dentro convence mucho más rápido. El habitáculo deja la sensación de estar ante un coche que sí representa un salto generacional serio. No se trata sólo de una evolución del sistema multimedia o de un rediseño del salpicadero: hay una nueva manera de presentar la información, de relacionarse con el conductor y de organizar el espacio.

El gran protagonista es, sin duda, el ecosistema multimedia. Es personalizable, está muy conectado y da la impresión de ofrecer mucho más de lo que uno puede asimilar en un primer contacto, aunque, también exige un proceso de adaptación para sacarle verdadero partido. No es una tecnología que se comprenda al 100% en cinco minutos. Ya me ocurrió con su hermano SUV, el BMW iX3, y aquí la sensación es similar: el sistema impresiona, pero necesita tiempo para ser dominado y valorado como merece.

Eso no es necesariamente una crítica. De hecho, muchas veces ocurre lo contrario: cuando un coche te desborda digitalmente en un primer vistazo suele ser porque detrás hay profundidad, funciones y un ecosistema pensado para evolucionar con el uso. En un mercado cada vez más dominado por interfaces superficiales o llamativas pero poco ricas, el tiro de BMW resulta muy certero.

A ello contribuye la nueva presentación visual del interior, mucho más limpia y futurista, con una instrumentación reinterpretada y una experiencia de uso que gira alrededor de la conectividad, la personalización y la interacción. El resultado es moderno, sofisticado y bastante coherente con lo que se espera de una berlina eléctrica nacida desde cero para esta nueva etapa donde tienes que pelear con marcas premium de todas las nacionalidades.

BMW i3, anchura ajustada en plazas traseras

Buen espacio, aunque no todo son milagros en la segunda fila

Otra de las sorpresas positivas del coche está en el espacio interior. El BMW i3 es grande y eso se nota. Los pasajeros traseros disfrutan de más espacio para las piernas del que cabría esperar en un primer momento, y en este sentido el coche ofrece más de lo que pensaba antes de verlo en persona.

Ahora bien, tampoco conviene venderlo como una revolución total en habitabilidad. La cota de anchura a la altura de los hombros sigue sin parecer suficiente para que tres adultos viajen realmente cómodos detrás. Dos adultos sin problemas. Puede cumplir de manera puntual, por supuesto, pero no parece la típica segunda fila concebida para tres ocupantes de gran talla en trayectos largos. Es un matiz importante porque, cuando un coche crece y se posiciona con ambición global, muchos clientes esperan una ganancia clara en todas las dimensiones interiores.

Un portento tecnológico: aquí BMW sí ha apretado de verdad

Donde el nuevo BMW i3 sí deja pocas dudas es en el apartado técnico. Aquí BMW parece haber llegado con la lección aprendida y con la intención de situarse entre los referentes del segmento. La nueva base eléctrica, la arquitectura de 800 voltios, la carga rápida de hasta 400 kW, la posibilidad de sumar mucha autonomía en muy poco tiempo, la carga bidireccional y el ecosistema digital del coche dibujan una berlina que quiere jugar en la primera división tecnológica sin complejos.

Técnicamente no hay peros en el BMW i3

Y eso es importante decirlo así, sin rodeos: tecnológicamente es un portento. De eso no hay duda. La sensación que transmite es la de un coche desarrollado con una mirada muy amplia, no sólo centrada en la autonomía o en la potencia, sino también en el conjunto de la experiencia de uso. No se trata únicamente de correr o de homologar una cifra grande, sino de integrar software, carga, conectividad, interfaz, eficiencia y vida digital en torno al automóvil.

Ahí es donde BMW parece haber entendido que ya no basta con hacer “un buen coche eléctrico”, sino que hay que ofrecer una plataforma completa que satisfaga a un cliente cada vez más exigente y mejor informado. Y en ese sentido el nuevo i3 da la impresión de estar mucho más preparado que otros intentos previos de la propia marca.

Detalles técnicosBMW i3 50 xDrive
Potencia combinada469 CV / 645 Nm
Motor delantero167 CV / 255 Nm
Motor trasero326 CV / 435 Nm
Batería (NETA)108.7 kWh
Recarga CA11 kW / 22 kW
Recarga CC400 kW
Carga V2L3,7 kW
Carga V2H 11 kW
Carga V2G11 kW
Autonomía Hasta 900 km

Entre todos los datos que acompañan al modelo hay uno que inevitablemente acapara los focos: la autonomía anunciada de hasta 900 kilómetros en ciclo WLTP, siempre hablando de cifras provisionales. Es una cifra enorme, casi los cuatro dígitos. Tan enorme que coloca al BMW i3 en una conversación distinta dentro del panorama eléctrico actual.

Conviene mantener la cautela habitual mientras no existan cifras definitivas y, sobre todo, hasta comprobar cómo se traduce eso a un uso real. Pero incluso con esa prudencia, la promesa ya es de gran calado. Lo mismo ocurre con la carga rápida de hasta 400 kW, una cifra que apunta muy alto y que deja claro que no ha querido quedarse a medio camino en esta nueva generación. Sin dudas quiere ser también uno de los más avanzados sobre el papel.

Los riñones del BMW Serie 3 100% eléctrico

Promete mucho… pero todavía necesita la prueba definitiva

Y aquí conviene recordar algo esencial: de momento estamos ante un primer contacto estático. Lo hemos visto, lo hemos tocado, lo hemos examinado con calma y hemos podido hacernos una idea bastante precisa de su propuesta, pero todavía no lo hemos conducido. Y eso, en un BMW, importa especialmente.

Porque si hay una marca a la que se le exige algo más que una buena ficha técnica, ésa es BMW. Se le exige tacto, coherencia dinámica, un punto diferencial al volante y una forma concreta de entender la conducción. Todo eso todavía está por comprobar en el nuevo i3.

La buena noticia para la marca es que, antes incluso de arrancarlo, ya ha conseguido algo importante: generar la sensación de estar ante un producto serio, ambicioso y trabajado. Un coche que no parece improvisado ni diseñado a toda prisa para subirse al tren eléctrico. Se percibe como una pieza central en la nueva etapa de BMW.

La discreta curva Hofmeister en el BMW i3 2026

BMW ha tardado, pero ha llegado con argumentos

Mi impresión tras este primer encuentro es que BMW ha tardado, sí, pero cuando por fin ha movido ficha de verdad lo ha hecho con un coche que parece capaz de satisfacer a los más exigentes en el plano tecnológico. Esa es, probablemente, su gran virtud. El nuevo i3 transmite desarrollo, inversión, profundidad y visión de futuro.

La parte más discutible está en el plano emocional y estético. No todo en su diseño me convence. El frontal, sin esos riñones físicos que personalmente sigo echando de menos, me deja más frío de lo que esperaba. La trasera me parece impactante, aunque menos vinculada a la herencia de BMW de lo que me gustaría. Y en general queda la duda de si, al intentar gustar a un público más amplio y más global, el coche ha sacrificado algo de personalidad.

Pero incluso con esas reservas, el balance inicial es positivo. Porque el nuevo BMW i3 da la impresión de ser exactamente el tipo de producto que la marca necesitaba poner sobre la mesa en este momento. Un coche moderno, grande, bien resuelto por dentro, cargado de tecnología y con una ambición que se nota desde el primer vistazo.

La etapa que comenzó con el iX3 continúa ahora con el i3. Y si todo lo que promete sobre el papel se confirma después en carretera, BMW puede tener entre manos una de las berlinas eléctricas más importantes de su nueva era.

Francisco Valle

La opinión de Francisco Valle

Tras verlo y tocarlo en persona antes de su llegada al mercado, tengo claro que BMW ha traído un coche que, tecnológicamente, satisface a los más exigentes. No todo en su diseño me convence por igual y hay detalles, como la pérdida del riñón físico delantero o cierta desconexión visual de la trasera con la tradición BMW, que invitan al debate.

La etapa que comenzó con el iX3 continúa ahora con el BMW i3. Y si todo lo que promete sobre el papel se confirma cuando llegue el momento de conducirlo, BMW puede tener entre manos una de las berlinas eléctricas más importantes de su nueva generación.

Sin duda la marca ha dado un paso importante en tecnología, digitalización, autonomía y propuesta global de producto. No parece el típico coche eléctrico hecho para cumplir expediente o para completar una gama. Se percibe como una apuesta central, una de esas piezas diseñadas para abrir etapa y no simplemente para acompañarla.

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