¿Quieres estar informado diariamente con las últimas novedades del mundo del motor?

Ahora noPermitir
    Autobild.es

    Prueba Audi RS Q8, el problema cotidiano de un rico afortunado

    Prueba Audi RS Q8, el problema cotidiano de un rico afortunado
    21
    Javier Gómara
    Javier Gómara15 min. lectura

    Los SUV deportivos son raros. Los pocos que existen destacan por unas prestaciones que llevan al extremo los límites de la física. El Audi RS Q8 se encuentra en esa exclusiva categoría. Una fuerza de la naturaleza capaz de arrugar el asfalto.

    Cuando uno piensa en un superdeportivo lo hace dibujando en su cabeza las tradicionales líneas de un coche bajo, con líneas aerodinámicas, ligero, potente y rápido. El Audi RS Q8 solo cumple dos de esas normas básicas, las principales: potencia y velocidad. Motivos más que suficientes para destacarlo como una bestia de la carretera. Su formato no es el convencional, pero igualmente el sistema funciona (casi siempre).

    La imponente presencia del Audi RS Q8 le otorga ese punto extremo que enamora

    Audi presentó el Q8 como hueso para esos compradores que buscan un SUV con un toque emocional. Su línea cupé le permite ser más atractivo que un simple Audi Q7. Sus formas no tan cuadráticas resultan más atractivas, aunque en el caso particular de la unidad RS se han llevado al extremo. Como buen miembro de la familia deportiva, el RS Q8 recibe un paquete estético particular, resultando más extremo y con una apariencia descaradamente más canalla.

    A pesar de que la unidad de pruebas no es muy prolífica en elementos descarados, su sola presencia denota que estamos ante algo más que un simple SUV cupé. Su carrocería rebajada, su morro adaptado, sus tomas de aire, sus descomunales llantas de 23 pulgadas, su doble salida de escape y la presencia de mucho carbono es más que suficiente para que incluso el ojo menos entrenado comprenda que no es un Audi Q8 normal, es una bestia muy seria. Y vaya si lo es.

    Si el diseño es la fachada, el corazón es un inmenso bloque V8 turboalimentado de 3.996 centímetros cúbicos con doble árbol de levas por culata, y un ratio de compresión de 10:1. Un gigantesco bloque de aluminio que se apoya en un esquema eléctrico auxiliar de 48 voltios que le permite, gracias a una fisura en la normativa, homologar la etiqueta ECO de la DGT. Gracias a ello podrá moverse por zonas de bajas emisiones y circular sin problemas en algunos de los más estrictos protocolos anticontaminación. El chiste se cuenta solo.

    Pero no nos dejemos cegar por la "electrificación", porque ni es eficiente ni pretende serlo. En cuanto a cifras, el Audi RS Q8 desgrana 600 caballos de pura potencia alemana entre las 6.000 y las 6.250 vueltas. A eso hay que sumar 800 Nm de par motor entre las 2.050 y las 4.500 revoluciones. Para la gestión de semejante poderío se instala un cambio automático tiptronic de convertidor de par con ocho velocidades, quedando la fuerza repartida en las cuatro ruedas mediante un esquema de tracción total quattro.

    Un V8 de cuatro litros y ascendencia Porsche pone el corazón al Audi RS Q8

    La potencia es sinónimo de estatus, de lujo. Los superdeportivos no son baratos por el simple hecho de mantenerse alejados del humilde mortal. El RS Q8 no es barato, y su exclusiva potencia lo adentra en el terreno del lujo. Para confirmar tal condición no basta con mirar la ficha técnica, pues solo hace falta meter la cabeza en su interior para descubrir de lo que hablo. La calidad de Audi llevada al extremo.

    La Alcántara y el cuero son los elementos más comunes en el habitáculo de este poderoso SUV deportivo. La sensación es la de estar ante un coche de categoría superior, similar a la sensación que obtuve meses atrás durante la prueba del Lamborghini Urus, que podría ser tachado como el hermano mellizo de este Audi. El precio es caro, pero se recibe a cambio potencia, rendimiento y calidad. Los pasajeros disfrutan de una agradable experiencia en cada viaje.

    Un viaje que pasará muy deprisa y con todas las comodidades del mundo. Al lujo se suma mucha tecnología, gran parte de ella centrada en mejorar la vida a bordo. En el Audi RS Q8 se pueden montar sistemas como la visión nocturna, sistema de televisión, entretenimiento para las plazas posteriores, asientos con masaje, cuatro zonas de climatización y mucho más. Más allá de los habituales conceptos de conectividad de los que siempre hablamos.

    Mezcla de tecnología y calidad. El habitáculo del RS Q8 transmite buenas sensaciones

    Todo el equipamiento que puedas solicitar lo tienes, al igual que la personalización. Audi sabe que el cliente de un RS Q8 no quiere encontrarse ante la desagradable situación de aparcar al lado de un coche idéntico al suyo. Por ese motivo, y previo pago de cierta cantidad de dinero (no pequeña) el programa Exclusive se pone a nuestro servicio. La posibilidad de personalizar cada elemento no es tema baladí, pues está bien considerado dentro de la cartera de clientes. Problemas del primer mundo.

    La verdad es que los alemanes son únicos a la hora de crear coches extremos con un toque muy cotidiano. El RS Q8 no deja de ser un SUV, y esa condición implica ciertas comodidades lógicas. El espacio en las plazas traseras es óptimo, incluso para grandes ocupantes adultos. La segunda fila es capaz de desplazarse longitudinalmente, permitiendo flexibilizar la zona, restando o sumando espacio en función de las necesidades y la carga. Todo ello se completa con un baúl con 605 litros de capacidad mínima y 1.755 litros de capacidad máxima.

    La suspensión neumática permite cinco niveles de regulación en altura. La máxima se alcanza en el modo offroad

    Es entendible que el Audi RS Q8 no atraiga por sus capacidades habitacionales, pero es un complemento añadido a un producto muy serio. Tan serio como su precio. Te tienen que sobrar muchos euros en la cuenta corriente para poder acceder a esta bestia. Audi fija un precio mínimo de 163.220 euros, sin ofertas o promociones. Ese coste hay que tomarlo como referencia porque, como es lógico, habrá que meter chucherías, y ninguna de ellas es especialmente barata.

    Los paquetes y los opcionales resultan caros, caros en la medida de lo obsceno. El más caro, y recomendable de todos es el Paquete Dynamic RS Plus, que incluye elementos como el diferencial deportivo quattro, las barras estabilizadoras activas, los frenos carbocerámicos y la deslimitación de la velocidad punta, llegando a los 305 kilómetros por hora. Eso es, 305 kilómetros por hora en un SUV que pesa, sin pasaje ni carga, un mínimo de 2.400 kilogramos.

    Al volante del Audi RS Q8

    Estamos hablando de mucha masa en movimiento. La física ha expandido sus límites en las últimas décadas. La tecnología y la evolución de la mecánica han permitido traspasar las fronteras de lo conocido. Frenos con tecnología de un Fórmula 1, suspensión neumática activa, barras estabilizadoras con control de balanceo, diferenciales electrónicos de deslizamiento limitado, programas de conducción específicos y neumáticos adaptados a las características particulares, son solo una muestra de lo mucho que se esconde bajo la carrocería de un Q8 tan extremo.

    Gracias a todos esos artilugios resulta complicado matarse con un Audi RS Q8. En cada giro notas como todos los sistemas trabajan ordenadamente para mantener controlada la situación, aunque no siempre pueden compensar las acciones de la dinámica. La física, al fin y al cabo, sigue teniendo sus límites, aunque el RS Q8 consigue llevarlos a un nuevo nivel. El paso por curva es auténticamente demencial. Sin darte cuenta te sorprendes tomando un giro cerrado a una velocidad que haría llorar al propio Pere Navarro.

    En máxima aceleración el RS Q8 te pega al asiento dejando una sensación única

    A pesar de su tonelada y media, incluyendo pasajeros, la agilidad mostrada es impresionante. Cambios de dirección precisos y rápidos son la respuesta a una dirección pesada y con mucha información. Es esencial que un coche de estas características permita al conductor tener la máxima información posible, y se agradece. Eso no pasaba en el Volkswagen Touareg R que probé hace unas semanas. En ese caso la potencia no estaba completamente comprometida con la dinámica.

    Aquí sí. La división Audi Sport ha hecho un excelente trabajo, aunque considero que el Lamborghini Urus está más afinado para esa conducción extrema. Al fin y al cabo, Audi no se olvida que su cliente quiere prestaciones sin dejar de lado el factor más sobrio de la ecuación. El RS Q8 podría ser más extremo, no hay duda, pero lo que ofrece es más que suficiente. No me entra en la cabeza que un comprador con semejante poder adquisitivo piense exclusivamente en un SUV como coche de alto rendimiento.

    El garaje de un cliente de este tipo está nutrido de coches mucho más poderosos y enfocados a semejante tacto, como es el caso del Audi R8. Pero, por si acaso, por si a alguien se le ocurre explorar las fronteras de lo conocido, debe saber que cuando el RS Q8 se lleva al extremo saca a relucir ciertos problemas de estabilidad. Si nos pasamos de ánimo en la entrada de la curva notamos como las cuatro ruedas pierden el control, perdiendo el vértice de forma notoria. Basta con levantar el pie y dar un toque de dirección para revertir la situación.

    Recomendable la opción de los discos carbocerámicos, por frenada y durabilidad

    Lo mismo pasa con la frenada. El aislamiento de la cabina es tan exagerado que los kilómetros por hora suben sin que uno se dé cuenta. Los límites legales en este coche son como ir parado. La altura, el aplomo y la rodadura transmiten una sensación de ir más despacio de lo que realmente se va. Problema habitual que notaremos a la hora de llegar a una curva. Hay que adelantarse al giro, pues semejante peso a altas velocidades no resulta sencillo de parar, ni siquiera con unos discos carbocerámicos tan grandes como las llantas de un coche convencional.

    En un uso más conservador está claro que el RS Q8 es un excelente rodador. Cómodo, silencioso, confortable y lujoso. Hay veces que no dan ni ganas de pisarle a fondo, solo disfrutar del viaje y listo. Esa sensación no va a durar mucho, lo advierto. Pisar el acelerador es una experiencia sensacional. El V8 empuja como alma que se lleva el diablo, dejándote pegado al asiento es capaz de decir adiós a todo lo que se ponga a su lado, emitiendo, de paso, un ruido gutural muy natural, aunque algo descafeinado.

    En una conducción urbana el RS Q8 es algo torpe por su gran tamaño y sus ruedas descomunales. Cuidado con los bordillos.

    La entrega del motor se corresponde con el modo de conducción con el que se circula. En modo Effiency (que lo hay) cuenta con una respuesta algo perezosa. A medida que escalamos en la oferta deportiva de los programas dinámicos la sensibilidad de los elementos va in crescendo hasta llegar a los modos RS, únicamente seleccionables desde el volante. Ahí es cuando liberamos todo el potencial, pudiendo incluso desconectar parcialmente el control de tracción. Mucho cuidado cuando se hace semejante locura.

    Todo en el Audi RS Q8 está destinado a escandalizar. Su precio, su diseño, su calidad y su rendimiento están fuera de la órbita de un mundo convencional. Obviamente si alguien quiere un superdeportivo debe comprarse algo más del estilo del R8. El RS Q8 es para aquellos que ya tengan un R8 en el garaje y busquen un coche de diario con el cual no sentirse pobre ni lento. Al fin y al cabo, hablamos de un problema del primer mundo.

    El sonido del escape es algo ligero, aunque muy natural en su frecuencia
    Prueba Audi RS Q8, el problema cotidiano de un rico afortunado