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PruebaPrueba Lexus IS 300h: Exterior e interior (II)

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A un exterior con una estética de infarto y deportiva, ángulos que enamoran y una presencia de primer nivel, le acompaña un interior que a pesar de contar con buenos materiales, no es tan ordenado en sus menús multimedia ni limpio en diseño. Sin embargo, su originalidad es parte de su atractivo.

Lexus combina en un mismo coche, una apariencia de infarto con una conducción donde veremos que prima la comodidad frente a la deportividad. Sin embargo, la primera impresión transmite altas dosis de adrenalina en formato familiar. Es una berlina del segmento D, con una longitud de 4.665 mm, una anchura de 1.810 mm y una altura total de 1.430 mm. Desde fuera da la sensación de tener una gran batalla, y sobre el papel es de 2.800 mm.

Esta es la mirada que verás por el retrovisor y querrás dejar pasar para contemplar su exterior

Desde el frontal llaman la atención los ángulos tan puntiagudos que Lexus ha querido incorporar en este coche. Evidentemente, la parrilla con forma de doble punta de flecha es una seña de identidad de Lexus. Tiene luces diurnas de LED, separadas del faro principal y también con una forma peculiar que te hará distinguir el coche desde lejos. Es una solución más moderna que los anticuados faros que podemos encontrar, por ejemplo, en productos más longevos de la marca como el Lexus GS. Como comentábamos en el apartado anterior, las llantas son de 17 pulgadas en nuestro acabado, aunque opcionalmente se puede aumentar una pulgada.

Los ángulos forman parte de la esencia de los Lexus modernos

El lateral del coche tiene una cintura con una línea ascendente hacia los pilotos traseros. Es un ejercicio de diseño bastante logrado otorgando un protagonismo único a la zaga y a la vista de ¾ trasero del Lexus. Los pilotos se han dibujado en consonancia para armonizar una imagen impactante donde prima el atractivo de las formas, aunque en ocasiones ves más ángulos que armonía general e incluso uno puede atreverse a percibir rasgos familiares de otras berlinas en la propuesta japonesa.

Su silueta es atlética. Exterior trabajado en ángulos y formas

El maletero es grande, de 450 litros, es ancho y es profundo. No existe un portón, sino una tapa que da acceso a una boca de carga generosa, y una buena noticia es que el alojamiento de las baterías no ha recurrido a los respaldos traseros como ocurre en el Lexus GS, pudiendo abatirse en proporción 60/40 en esta ocasión.

El maletero es amplio y sus asientos se pueden abatir para mayor capacidad de carga

Hay pequeños detalles curiosos a lo largo del exterior de la berlina, como el anagrama lateral, que se ha estilizado en el Lexus IS 300h o que el coche detecta cuándo el usuario se aproxima y enciende algunas luces de cortesía.

Interior

Por dentro, el coche es bastante familiar a otros vehículos

de la marca, con plásticos acolchados y cuero repartido a lo largo y ancho del

coche. Toda la modernidad del exterior se ha intentado trasladar al interior

con un éxito ciertamente discutible, ya que los ángulos del salpicadero no

llegan a empatizar ni a armonizar el conjunto como lo hace el exterior. La

primera sensación es que la pantalla va a quedar parcialmente oculta a la vista

del conductor por la colocación de los diferentes elementos de la consola

central. Sin embargo, queda perfectamente visible, aunque esta sensación ocurre

cada vez que montas el en vehículo.

Los asientos son correctos, con un agarre óptimo para el estilo de conducción que se va a practicar en la mayoría de recorridos. Al principio, parece que la butaca es estrecha, pero incluso sentándose una persona voluminosa, es fácil encontrar comodidad por encima de cualquier otra sensación. Es sencillo encontrar una postura adecuada y recorrer cientos de kilómetros con poca fatiga. En las plazas traseras hay mucho espacio para las piernas. Está diseñado para 4+1 personas, como generalmente lo están las berlinas de este tamaño. Por supuesto el coche tiene salida de aire en la parte trasera.

El interior parece menos ordenado aunque está bien rematado y con buenos materiales

El volante es multifunción y el tacto es deportivo y bueno, y en el cuadro de instrumentos existe toda la información que el conductor puede necesitar, como la información de gestión de energía, ordenador de a bordo, música, teléfono, ajustes varios y muchos submenús para poder configurar gran parte del coche. Muchos ajustes se podrían haber trasladado a la pantalla central, mucho más grande, más rápida de ver y con una resolución por encima del nivel medio de su categoría. Las levas ocultas tras el volante son accesibles y bastante intuitivas, pero por su función están destinadas a ser utilizadas más bien poco, aunque hablaremos de ello en el próximo capítulo.

Mucho espacio detrás. El alto tunel central y las butacas laterales tan marcadas convierten al coche en un 4+1

El módulo del climatizador es moderno y a pesar de que parece una solución incrustada (por sus rebordes que sobresalen un poco de la consola central), tiene un aspecto de buen nivel, con una barra táctil para poder subir o bajar la temperatura. Forma un gran ángulo respecto al eje vertical que facilita su manejo al volante, lo cual es de agradecer. Si nos sentimos con ganas, también hay un menú específico para el climatizador en la pantalla central. Todo cuanto tocamos tiene una sensación de calidad elevada, al nivel que esperamos de Lexus y no echamos en falta nada. El freno de mano es en realidad de pie, situado más a la izquierda que el pedal del freno y similar al estilo que ha usado Mercedes durante años.

El cuadro de instrumentos es moderno, acorde a la tecnología de propulsión

Tras la palanca selectora de corte tradicional dos ruletas se encargan de manejar los menús de la pantalla central y los modos de conducción. Hay un pequeño hueco donde alojar un teléfono móvil tras la ruleta que maneja la pantalla. Es muy práctico y accesible. El arranque es por botón, que por supuesto lo hace en absoluto silencio, y con ello estamos dispuestos a conocer las virtudes de esta magnífica berlina híbrida.

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