Mazda va a la contra del sector y, tras probar su compacto estrella, corroboro que es de lo mejor de su segmento

En el segmento de los compactos, se podría decir que la mayoría de marcas están muy alineadas en ciertos campos. Sin embargo, Mazda hace lo impensable y mete un motor 2.5 litros en su producto estrella. Pero ¿qué tal se mueve esta opción? ¿Es recomendable? Lo probamos a fondo.

Mazda va a la contra del sector y, tras probar su compacto estrella, corroboro que es de lo mejor de su segmento
Personalmente debo decir que el Mazda3 es uno de mis compactos favoritos.

Publicado: 14/08/2026 12:00

17 min. lectura

Durante los últimos años el segmento C ha dado un giro de 180 grados. La inmensa mayoría de fabricantes han apostado por motores de pequeña cilindrada con turbocompresor, transmisiones automáticas y un enfoque cada vez más tecnológico que, en muchos casos, ha dejado en un segundo plano las sensaciones al volante. Basta con echar un vistazo a cualquier concesionario para comprobar que prácticamente todos siguen una receta muy parecida.

La filosofía que supone esa cada vez más perdida conexión entre coche y conductor, Mazda la llama «Jinba Ittai». Y justo el Mazda3 es, probablemente, el mejor ejemplo de ir a contramarcha del resto del mercado. Lejos de dejarse llevar por las modas, el compacto japonés ha ido evolucionando con pequeños retoques, manteniendo intacta una personalidad que lo diferencia claramente de sus rivales.

Su estética es una de las más reconocibles y también de las más atractivas del segmento.

Ahora estrena una nueva motorización de acceso. Este no es otro que el conocido bloque atmosférico de 2.5 litros que alcanza una potencia de 140 CV, buscando un mejor equilibrio entre prestaciones, suavidad y eficiencia pero sin renunciar al refinamiento, uno de los mayores atractivos del modelo. Nosotros lo hemos probado para comprobar si cumple con lo que este compacto japonés lleva proponiendo desde su llegada al mercado, hace ya varios años.

Una estética inconfundible dentro del sector

Como decimos, han pasado varios años desde su lanzamiento. Sin embargo, desde entonces, el Mazda3 sigue siendo un coche que a la gente le gusta ver. La filosofía de diseño Kodo continúa funcionando especialmente bien en este modelo. Las superficies limpias, los volúmenes suaves y la ausencia de líneas innecesarias consiguen que el conjunto tenga una presencia muy distinta a la de la mayoría de sus rivales.

Sus cotas no han cambiado nada en los últimos años. De hecho, desde su llegada sigue siendo el mismo. Esto supone que el Mazda3 mide: 4.460 mm de longitud (no es pequeño), 1.795 mm de anchura y 1.435 mm de altura. De hecho, estas cotas lo posicionan entre unos de los más grandes de su segmento. Además, las llantas pueden ser de entre 16 y 18 pulgadas, dependiendo del acabado escogido.

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El Mazda3 es uno de los compactos más grandes (por tamaño) del segmento.

Ciertamente se puede decir que no es un coche que busca aparentar deportividad mediante grandes entradas de aire o molduras exageradas. Su apuesta se enfoca más bien en las proporciones correctas. El frontal mantiene la característica parrilla de generoso tamaño, la cual está flanqueada por unos faros LED muy estilizados.

Echando ahora una mirada a su línea de perfil, esta vista es inconfundible. Su largo morro juega mano a mano con un habitáculo retrasado y una caída del techo hacia la luneta trasera muy aparente. También es particularmente personal su ancho pilar D. La vista de perfil también presenta uno de los rasgos más característicos del Mazda3. La gran superficie metálica que ocupa prácticamente toda la puerta trasera elimina cualquier nervio innecesario y convierte el reflejo de la luz en parte del propio diseño.

En conjunto, el Mazda3 transmite una sensación muy poco habitual en este segmento. No parece un coche diseñado para seguir las modas del momento, sino un modelo concebido para seguir resultando atractivo dentro de varios años. Y eso, viendo la rapidez con la que envejecen algunos diseños actuales, es casi un premio para todos.

Este nuevo motor llega con llantas específicas de hasta 18 pulgadas.

Un interior ya conocido por todos

Entrando ahora al habitáculo, nada más abrir la puerta queda claro que aquí el protagonista es quien se sienta tras el volante. La posición de conducción es prácticamente perfecta. El asiento permite acomodarse bastante bajo, el volante ofrece un amplio reglaje tanto en altura como en profundidad y todos los mandos caen exactamente donde esperas encontrarlos. Es uno de esos coches en los que apenas necesitas unos minutos para sentirte completamente integrado. Esto es algo que he podido experimentar en las varias pruebas que he hecho ya al modelo, con el que incluso hice un viaje hasta Mónaco hace unos años.

El salpicadero apuesta por una distribución muy horizontal, limpia y muy sencilla. No hay artificios ni soluciones llamativas. Todo está colocado con el único objetivo de facilitar la conducción. La pantalla central, de 10,25 pulgadas, continúa situada en una posición elevada para evitar apartar demasiado la vista de la carretera y sigue manejándose mediante el conocido mando giratorio ubicado entre los asientos delanteros, aunque a baja velocidad puede ser táctil.

Hay que decir que este puede parecer un sistema algo conservador o incluso anticuado frente a las enormes pantallas táctiles de muchos rivales, pero después de varios días con él resulta fácil entender. Apenas obliga a desviar la atención mientras se conduce y permite acceder a los distintos menús con una precisión que pocas interfaces táctiles consiguen igualar cuando el coche está en movimiento.

El interior cuenta con buenos tapizados y, en general, muy correctos ajustes.

La calidad percibida sigue siendo uno de los grandes argumentos del Mazda3. La parte superior del salpicadero está realizada en materiales acolchados, los ajustes transmiten una enorme solidez y prácticamente no aparecen crujidos ni holguras incluso circulando por carreteras en mal estado. Es un coche que, sin pertenecer al segmento premium, consigue acercarse mucho a esa sensación de calidad que ofrecen algunas marcas alemanas.

Los asientos delanteros merecen una mención especial. Además de ofrecer una postura excelente, destacan por su comodidad. Tras varias horas al volante no aparece sensación de fatiga y el apoyo lateral resulta suficiente incluso cuando la carretera comienza a retorcerse. No buscan sujetar el cuerpo como unos baquets deportivos, sino acompañarnos durante muchos kilómetros.

Las plazas posteriores son el apartado donde más peca este coche. El espacio para las piernas es correcto para dos adultos, pero la altura disponible al techo resulta algo más justa debido a la pronunciada caída de la carrocería. Tampoco ayuda la reducida superficie acristalada, que resta algo de luminosidad al conjunto o unos respaldos algo duros y muy rectos.

La segunda fila de asientos, quizás, es el mayor pero de este coche.

Para terminar, el maletero ofrece 358 litros de capacidad, una cifra que queda ligeramente por debajo de modelos rivales. La boca de carga tampoco es especialmente amplia debido a la propia configuración de la carrocería, aunque el espacio está bien aprovechado y resulta suficiente para el equipaje habitual de una pareja o una pequeña familia. En caso de necesitar más espacio, la segunda fila se abate para lograr así unos 1.026 litros de volumen máximo.

Una mecánica única en su especie

Mazda ha decidido hacer exactamente lo contrario al resto de rivales. El nuevo Mazda3 abandona el conocido bloque e-Skyactiv G de 2.0 litros para adoptar un motor de 2.5 litros atmosférico, asociado a un sistema de hibridación ligera de 48 voltios, lo que le proporciona la siempre ansiada etiqueta ECO de la DGT.

Sobre el papel puede parecer un paso atrás. Al fin y al cabo, esta nueva mecánica desarrolla 140 CV y 238 Nm de par máximo, cifras que no impresionan dentro de un segmento donde muchos rivales superan con facilidad los 150 o incluso los 180 CV recurriendo a motores mucho más pequeños. Estas especificaciones hacen que el Mazda3 pueda ejecutar el 0 a 100 km/h en 9,5 segundos, firmar 206 km/h de velocidad punta o un consumo medio homologado de 6 litros a los 100 km.

El Mazda3 está disponible en España desde 28.265 euros con esta mecánica, junto al acabado «Prime-Line». Este motor se podrá escoger junto a todos los niveles de equipamiento, alcanzando así un precio de partida máximo de 34.315 euros junto al «Takumi», el más generoso de la familia.

Un compacto pensado para el disfrute de la conducción

Si tuviera que resumir el comportamiento del Mazda3 en una sola frase quizás sería esta: es un coche que no necesita impresionar en los primeros cinco minutos para acabar conquistándote. Vivimos acostumbrados a motores turbo que entregan todo el par desde apenas 1.500 rpm. Son mecánicas muy eficaces, rápidas en la respuesta y tremendamente fáciles de conducir. El Mazda juega otra partida completamente distinta.

El bloque 2.5 atmosférico exige implicarse un poco más. No porque sea lento, sino porque invita a aprovechar toda la amplitud de su régimen de giro. La entrega de potencia es completamente progresiva y muy natural. No existe esa patada característica de un turbo. Simplemente notas cómo el motor va ganando fuerza de forma constante hasta acercarse a la zona alta del cuentavueltas. Esto hace que sea un coche realmente disfrutón.

Su caja de cambios manual de 6 relaciones hacen que su conducción se vuelva más "pasional".

Bien es cierto que, desde mi última prueba a un Mazda3, con el 2.0 litros de 184 CV, sí he notado algún cambio en la conducción. Antes la dirección era algo más rígida, al igual que sus suspensiones, que eran más firmes, y su palanca de cambios también era más directa. Esto hacía pensar que estábamos conduciendo, directamente, un Mazda MX-5 en formato de compacto y con 5 puertas. Pero como digo, la cosa ha cambiado un pelín.

La dirección sigue teniendo un peso muy natural y ofrece un nivel de información sobresaliente al conductor. No es especialmente rápida, pero sí bastante precisa. Sabes en todo momento qué ocurre bajo las ruedas delanteras. Algo parecido sucede también con las suspensiones. Mazda ha encontrado un compromiso magnífico entre comodidad y eficacia. Filtra muy bien las irregularidades sin que la carrocería muestre movimientos excesivos cuando aparecen curvas enlazadas.

La sensación, en general con este modelo, es que hay comunicación con el coche. Hay cierta conexión e incluso mucho feeling de un vehículo de hace incluso algunas décadas, con todo lo virtuoso que ello implica. Y eso, precisamente, explica por qué el Mazda3 sigue teniendo tantos seguidores entre quienes disfrutan simplemente conduciendo.

El maletero es más que correcto para el día a día.

El motor como ya hemos mencionado, además, demuestra que sus 140 CV son más que suficientes para un uso cotidiano. Evidentemente no ofrece las recuperaciones de deportivo o la clásica sensación de llevar un turbo, pero responde con solvencia cuando se reduce una marcha y se aprovecha la elasticidad del bloque. Aquí precisamente es donde más puede presumir el Mazda3.

Este bloque junto a su transmisión manual de 6 relaciones te invita a participar de la conducción, a cambiar marchas más a menudo de lo que lo harías en un coche con turbo. Lo cierto es que no hace nada por ti, sino que se podría decir que te ofrece que «juegues» con todo su potencial y sus capacidades de proporcionar sensaciones al volante. En carreteras secundarias es donde realmente empieza a sacar pecho y donde puedes divertirte con él.

También hay que incidir en el hecho de que Mazda ha hecho un buen trabajo aislando el habitáculo de ruidos externos. A velocidades legales de autopista apenas llegan ruidos aerodinámicos. Sí es más notorio el de rodadura, aunque nada exagerado ni especialmente palpable. Es un coche que transmite mucha más sensación de categoría superior de lo que cabría esperar por su precio.

El Mazda3 se podría considerar un coche único en su especie por sus inusuales características.

La parte que menos me ha convencido es lo intrusivo que llegan a ser sus sistemas de seguridad o ayuda a la conducción, especialmente el de centrado en el carril. Para silenciarlo o desconectarlo hay que navegar por varios menús hasta dar con el apartado correcto. Es muy incómodo hacer esto cada vez que el coche arranca de nuevo. Lo más sencillo sería añadir todo esto en una serie de botones, como sí lo tiene el sistema de aviso por velocidad excesiva o el Start/Stop, aquí conocido como «i-Stop».

Finalmente, hablando ahora de sus consumos, el Mazda3 no me ha sorprendido tanto en este aspecto. Bien es cierto que cuenta con un motor de grandes dimensiones, pero sí esperaría quizás unas cifras algo más bajas. En general, tras varios cientos de kilómetros con él cruzando todo tipo de vías, su media se situó en 6,2 litros a los 100 km. Esto no está mal, pero sí es más de lo que me hizo en su día el 2.0 litros en mi viaje a Mónaco, donde firmó 5,3 litros a los 100 km.

Mazda Mazda3 y sus rivales

P.V.P 27.88726.009

P.V.P 31.34227.298

P.V.P 33.47031.430

P.V.P 38.97231.884

P.V.P 35.03729.803

P.V.P 34.61431.635

Alberto Pérez

La opinión de Alberto Pérez

Vivimos una época en la que muchos coches se parecen demasiado entre sí. Motores pequeños turbo, enormes pantallas, mandos táctiles para casi cualquier función y una conducción donde el conductor cada vez tiene un papel menos protagonista. El Mazda3 continúa demostrando que todavía existe otra forma de hacer las cosas. Su nuevo motor de 2.5 litros y 140 CV no pretende impresionar con cifras de potencia ni con aceleraciones espectaculares. Lo que busca es ofrecer una conducción refinada, natural y agradable durante muchos años. Y lo consigue.

Que tiene varios ‘peros’, pues sí. Entre ellos cabría citar, quizás, la comodidad en la fila trasera, un consumo que no es para presumir demasiado o unos sistemas de ayudas muy intrusivos. Sin embargo, a mi, personalmente, es un coche que me sigue encantando. Después de pasar varios días conviviendo con él, hay algo que resulta evidente, y es que pocos coches de este segmento transmiten una sensación de calidad y conexión con el conductor como este Mazda3. ¿Lo recomendaría a la hora de comprar un coche nuevo? Sin lugar a dudas. Como ya he dicho, es un coche que me encanta.