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Prueba Mazda CX-3: Conducción, comportamiento y conclusiones (III)

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Probamos el Mazda CX-3 en su presentación europea, donde descubrimos su buen hacer en todo tipo de vías. La insonorización es muy buena, especialmente en el caso de las mecánicas de gasolina. El crossover japonés puede contar con un sistema de tracción total inteligente de nueva generación. A la venta desde 20.345 euros aunque goza de interesantes descuentos.

Durante la presentación del Mazda CX-3 pudimos probar el nuevo crossover japonés en tres versiones: el Skyactiv-G de 120 CV con cambio manual y tracción delantera, el Skyactiv-G de 150 CV con cambio automático y tracción total y el Skyactiv-D de 105 CV con cambio manual y tracción delantera.

El primero lo probamos brevemente con un tráfico muy denso mientras que con los otros dos tuvimos ocasión de hacer una ruta variada tanto por ciudad como por carreteras de montaña y tramos de autovía. Todos los motores parecen suficientes para mover con soltura al modelo japonés, incluso con el aire acondicionado conectado o cargados.

Comportamiento dinámico

Nada más arrancar el motor y recorrer los primeros metros con el CX-3 llama la atención la ausencia de ruido y vibraciones. La insonorización del habitáculo es muy buena y el motor apenas se oye, sea cual sea la mecánica que llevemos bajo el capó. Siendo exigentes con el acelerador, el propulsor de gasóleo se deja notar más, pero en ningún caso perdiendo confort.

Es un coche que transmite mucha confianza al conductor. La suspensión tiene un tarado firme, aunque no resulta incómodo. Este reglaje le permite tener un balanceo contenido de la carrocería, con una gran agilidad en zonas reviradas y un comportamiento muy noble. En vías rápidas transmite aplomo y estabilidad.

La dirección tiene una asistencia acertada y permite que el crossover japonés calque la trayectoria del volante con precisión. Los frenos también tienen un buen tacto. En general, el CX-3 es muy bueno a nivel dinámico tanto en zonas urbanas como en carretera abierta.

Sin duda, el comportamiento del Mazda CX-3 se parece más al de un turismo que al de un todocamino. Incluso al volante no notamos estar muy altos porque apenas vamos sentados 4 cm más arriba que un Mazda2, modelo del que deriva. Su ligereza también ayuda en este sentido -1.155 kg en su versión más liviana-.

Hemos tenido la impresión de que el pilar A entorpece la visión por la izquierda en algunos giros. La misma percepción tuvimos al probar otros modelos de la marca japonesa como el Mazda3 y el Mazda2, porque el diseño KODO lleva asociado una pilar A con una inclinación acusada que resta más visión que otros más verticales.

El Mazda CX-3 puede contar con un sistema de tracción total inteligente denominado i-Activ, que es una evolución del que emplea el CX-5. En condiciones normales el par se transmite al eje anterior y si las ruedas delanteras giran en vacío y se desvía par a las ruedas traseras automáticamente. No hemos tenido oportunidad de probar este sistema de tracción por vías no asfaltadas para comprobar su efectividad.

Mazda ofrece una caja de cambios manual y otra automática, ambas de seis velocidades, con las denominaciones Skyactiv-MT y Skyactiv-Drive respectivamente. La caja manual brinda un excelente manejo y resulta muy recomendable. La transmisión automática tiene un funcionamiento suave y agradable pero supone un sobreprecio de 1.800 euros.

Las versiones automáticas con motor de gasolina tienen además un modo deportivo: su funcionamiento no nos ha convencido del todo. Pulsando el botón Sport de la caja el motor siempre esté a altas revoluciones incluso cuando no hace falta, aumentando notablemente el ruido y el consumo. Se gana un poco en rapidez de respuesta, sí, pero puede llegar a resultar tedioso.

El sistema de parada y arranque automáticos i-stop actúa realmente bien y se coloca como uno de los mejores de la categoría. Su funcionamiento apenas se deja notar y el accionamiento es muy rápido: sólo necesita 0,35 segundos en las versiones de gasolina y 0,40 segundos en el diésel.

Los recorridos que realizamos con las unidades de la presentación y las condiciones de las mismas no son representativos a la hora de evaluar el consumo de combustible del CX-3. Hemos tenido la impresión de que, haciendo una conducción suave, nos podemos acercar a las cifras oficiales de consumo. Si tenemos oportunidad de hacer una prueba de mayor duración podremos concretar en este punto con datos más precisos.

Conclusiones

Mazda tiene las cosas claras en su apuesta por el diseño Kodo y la tecnología Skyactiv. Estos pilares le han permitido ganarse buenas críticas con sus últimos modelos y la misma fórmula aplica al nuevo CX-3 que llega a los concesionarios. El Mazda CX-3 puede considerarse uno de los modelos más apetecibles del segmento de los crossovers urbanos, una categoría en la que es difícil destacar por el gran número de rivales presentes.

El modelo japonés no sólo entra por el ojo por sus atractivas líneas sino que además también lo hace por la calidad visual de su interior. Un habitáculo en el que se echa en falta algo más de espacio en las plazas traseras, siendo éste el principal punto débil frente a la mayoría de sus rivales.

El CX-3 además sorprende por su intachable comportamiento dinámico, que presenta un acertado compromiso entre confort y estabilidad. El precio de entrada es elevado pero tiene justificación ya que desde la versión de acceso el Mazda CX-3 goza de un equipamiento de primer nivel.

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