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Prueba MINI Clubman SD, un complemento sobre cuatro ruedas

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MINI sigue ofreciendo diversas carrocerías que atraen al gran público. La más "familiar" de todas ellas llega bajo el nombre de Clubman. Sus puertas traseras son tan reconocibles como la propia silueta. Un pequeño y caro familiar que te transporta a un nuevo estatus social.

Mini, la legendaria creación de Alec Issigonis y la British Motor Company, lleva desde el año 1959 conquistando el corazón de millones de clientes y aficionados. Poco queda de aquel modelo de masas que nació en lo más profundo de Inglaterra. Hoy es un sinónimo de estilo y clase social que se ha reinventado gracias a un diseño atemporal y a una gama adaptable a todo tipo de cliente. Hoy os presento la prueba del más funcional de todos ellos, el Mini Clubman SD.

La trasera del Clubman es lo más reconocido. Sus puertas dobles son funcionales a la vez que prácticas

Y aunque pueda parecer una denominación nueva, no lo es. La primera vez que la BMC la uso fue en el año 1970, para nada más y nada menos que el restyling del Mini clásico. Así que el nombre no es nuevo, y tampoco la carrocería, pues el Clubman original ya tuvo una versión Estate que extendía su trasera, aunque conservó las dos puertas.

Pero avancemos en el tiempo y vayamos al año 2007. Siendo Mini ya propiedad de BMW, los alemanes, viendo el éxito alcanzado con la nueva generación del Cooper, se atrevieron a recuperar carrocerías antiguas para así extender la gama. Una de ellas fue obviamente el Clubman, aunque también llegaron el Mini Countryman y el Paceman. Por cierto éste último ya extinguido.

Y es que de la mano de BMW tanto la marca MINI como el modelo se han reinventado. Frank Stephenson Santos dibujó la silueta que hoy ya es clásica. Un estilo atemporal que con el paso de los años se ha ido retocando poco a poco para que su filosofía no cambie en absoluto. Aunque si hay un miembro de la familia MINI que ha cambiado ese es el Clubman. El salto de la primera a la segunda generación es impresionante.

Hay que reconocer que la primera generación del Clubman no fue muy acertada desde el punto de vista estético. Aunque se vendió razonablemente bien. Y si aquella unidad lo hizo, la actual debería romper las barreras dejadas por su predecesor. El estilo es mucho mejor. La delantera es inconfundiblemente MINI, y a partir de ahí se extiende una línea hasta encontrarnos con unas puertas tan ingeniosas como poco vistas.

El frontal es como el de cualquier otro MINI, no hay diferencia de ningún tipo

Esas puertas "estilo furgoneta" son el verdadero secreto del Clubman. MINI no quería poner el típico portón, así que se sacó de la manga este sistema que ya es la seña de identidad de un coche que sirve de escalón para los futuros modelos de la firma. Y es que el Clubman inaugura una mejora en términos de calidad. Se nota que han mejorado este aspecto, aunque la generación pasada ya presentaba un interior bien acabado.

Pero hay que dar un paso adelante ante las exigencias de los clientes MINI. La verdad es que el interior está perfectamente acabado, con materiales de alta calidad. De hecho diría que tiene un toque más premium que el BMW Serie 1, y no nos vamos a engañar, aunque el estilo es inglés, mucho de lo que no se ve presenta tecnología y elementos de la marca madre, BMW.

Tras su venta a BMW, la empresa pasó de Mini a MINI. El mismo estilo aunque a un mayor tamaño

Este hecho se deja notar en el campo del equipamiento. Aunque de base es bastante limitado, si vamos añadiendo extras podemos llegar a alcanzar un nivel muy alto de elementos y gadgets tecnológicos que harán las delicias de clientes de todas las edades y tipos. Puede que por su estilo el MINI Clubman vaya a dirigido a un público más adulto, pero que no te engañe la forma, porque su interior es juvenil.

El interior tampoco es muy diferente aunque sí que incrementa la calidad con respecto a sus hermanos

Los detalles de colores son magníficos. Por ejemplo la gran circunferencia central esconde detalles geniales como los LED de colores que cambian en función de los controles que estemos manejando. Es un detalle sobresaliente y que demuestra el nivel de atención que los desarrolladores han prestado a este tipo "chucherías". Ojo esos también habrá que pagarlos una vez pasemos por caja.

Todo tiene un precio y el del MINI Clubman no es especialmente barato. Si fuéramos a un concesionario y quisiéramos hacernos con el más barato de ellos deberíamos pagar un precio de 23.900 euros. Mucho dinero para un coche de este tamaño. Aunque claro de hacerlo inmediatamente te transportarás a un nuevo estatus social. Porque seamos sinceros, no es lo mismo aparecer en un BMW Serie 1 que en un MINI. Las cosas como son.

Y ese precio sería lógicamente por la versión mecánica de acceso, es decir por el One, que viene equipado con un motor de tres cilindros de 1.5 litros que desarrolla 102 caballos. A partir de ahí encontramos el One D, Cooper, Cooper D, Cooper S, Cooper SD, Cooper S All4 y John Cooper Works. Es decir, existen tres versiones diésel y cinco gasolina con potencias que oscilan entre los 102 y los 231 caballos del JCW que cuesta la friolera de 37.200 euros.

El maletero presenta un volumen de entre 360 y 1.250 litros

Como novedad hay que destacar la posibilidad de incorporar elsistema de tracción total de MINI, denominado All4. Éste también es posible asociarlo al Clubman desde hace poco. Los cambios por otro lado son más convencionales, encontrando en la gama una caja manual de seis velocidades y otra automática de doble embrague de siete velocidades, además de ésta misma con un toque deportivo. En el caso dela unidad de pruebas la configuración mecánica fue el Cooper SD, el diésel más potente, con cambio automático de siete velocidades.

Prueba MINI Clubman SD

La verdad es que la jugada de BMW ha sido espléndida. No solo se hizo con una marca tan legendaria como MINI, sino que ha sido capaz de imprimirle a ésta un corazón alemán. Pues son los germanos los encargados de desarrollar todo aquello que no se ve en el MINI, aportando el tradicional toque y sello de calidad alemana.

Así que por fuera tenemos el inconfundible estilo MINI, aunque debajo de esa piel nos encontramos con los elementos de BMW. En cuanto a términos de habitabilidad, el Clubman prioriza el diseño por encima de la habitabilidad. Puede que sea el MINI más familiar de todos, pero a pesar de ello sigue presentando unas cotas de espacio bastante limitadas, al menos en sus plazas traseras. Sí que el hueco para las piernas ha crecido, pero cinco ocupantes viajarán incómodos.

Herencia aeronáutica en los botones de la consola central. Un bonito detalle

Y ojo que no es por confort, que de eso el Clubman va más que sobrado. En este punto se nota también el punto de vista inglés, pues éstos siempre han sido capaces de crear coches con una alta comodidad, y el Clubman lo es. Está bien insonorizado y bien aislado. Además los asientos recogen a la perfección y aunque su cuero es tenso la espuma es muy confortable, haciendo que los kilómetros se sucedan sin apenas notarse.

Esta sensación también se recibe gracias a una suspensión muy bien ajustada, y comprometida con el confort. Sí que es cierto que se nota cierta rugosidad proveniente de las ruedas, que en el caso de la unidad de pruebas iban equipadas con neumáticos antipinchazo. Pero creo que con algo más de goma la sensación de suavidad sería aún mayor. Pero volviendo a la suspensión hay que decir que el tarado es muy correcto, tanto para el día a día como para aquellos momentos en los que le imprimamos más ritmo al Clubman.

Para estos diferentes estilos de conducción, el MINI es capaz de adaptarse gracias a unos modos de conducción. Tres niveles de rendimiento encontramos: Green, Normal y Sport. La diferencia entre los tres es bastante clara, aunque menos en el salto del normal al Sport. El modo Green es, obviamente, el más eficiente de todos ellos. Acorta el cambio y destensa el acelerador para que la aceleración sea más progresiva y menos agresiva en términos de consumo.

Los modos de conducción están junto a la palanca del cambio

Es entonces cuando el Clubman se vuelve más tranquilo. El motor de dos litros y 190 caballos es capaz de ahorrar hasta el máximo. Hay que decir que MINI/BMW oficializan un consumo medio de 4,3 litros a los 100 kilómetros. Te confieso que este dato no lo alcancé en ningún momento de la semana de pruebas, pues en ningún caso me fue posible bajar de los 5 litros. Es más en el cómputo global el consumo medio quedó en 6,1 litros, aunque debo reconocer que hubo momentos de máxima exigencia.

La versión SD es una apuesta segura, tanto por comportamiento y rendimiento como por consumos

Y es que aunque el Clubman pueda presentar un estilo conservador, la verdad es que también puede alcanzar un ritmo muy elevado. Se nota que en esta fase del desarrollo BMW ha tomado el control. Al poner el selector en modo Sport, el SD renace mostrándose muy capaz gracias a una potencia más que suficiente y a un par de 400 Nm que te da la fuerza para salir con mucha alegría de las curvas. Algo que ya comprobé en la prueba del MINI Cooper SD 5p.

Dinámicamente hablando el Clubman SD es excelente, aunque en ciertas ocasiones se deja notar el extra de kilos. Estamos hablando de casi una tonelada y media en sus 4,253 metros de largo. Sobre todo se percibe en el paso por curva. La suspensión soporta bastante bien el coche, pero si entramos con excesiva alegría saldrá a relucir un carácter subvirador. A pesar de ello se puede ir deprisa con el Clubman con mucha confianza.

Con sus medidas recortadas, el Clubman se desenvuelve a la perfección en entornos urbanos

Hay que decir que BMW usa a MINI como conejillo de indias. Lo digo porque en las próximas generaciones del BMW Serie 1 y Serie 2 nos encontraremos con un nuevo chasis. Un chasis adaptado a un sistema de tracción delantera. Será a partir de entonces cuando ingleses y alemanes empezarán a compartir plataformas modulares para coches de tracción delantera. Y hay que reconocer que la base es buena.

Conclusión

A modo de resumen; ¿es una buena elección el MINI Clubman SD? Pues depende. El precio a pagar me parece exagerado. Hay otros modelos del segmento que ofrecen lo mismo o más por mucho menos dinero. Pero claro, éstos no son un MINI. Y es que al comprarte este inglés legendario adquirimos algo más que un coche. Un estatus. La empresa juega con eso y en realidad es lo que estamos pagando.

Ahora bien, dejando a un lado ese aspecto, el SD resulta una combinación realmente buena. El motor es sensaciones, aunque a veces pierde refinamiento cuando se circula a bajas vueltas o cuando está frío. La calidad interior es sensacional, parece un coche de segmento superior, al igual que su tecnología. En definitiva es un buen coche, aunque el hecho de valer tanto y disponer de tan poco espacio no lo harán atractivo para muchos clientes. Un complemento más que un coche.

A pesar de ser propiedad de BMW, MINI no reniega de sus orígenes ingleses

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