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    El criadero

    El criadero
    El circuito malagueño de Campillos acogió una prueba del Mundial de Karting.
    José M. Zapico
    José M. Zapico19 min. lectura

    En el Siglo II, en tiempos del emperador Adriano, Hispania estuvo regada de circos romanos, los circuitos de carreras de cuadrigas. La rima aparece cuando eres consciente de que uno de ellos estaba situado en Singilia Barba, a escasos ocho kilómetros en línea recta del circuito de karting de Campillos, Málaga, justo donde se ha disputado el capítulo final de la temporada 2021 del mundial de esta especialidad.

    Si los romanos de hace 1.800 años se volvían locos con sus monoplazas de 4 CV, caballos de los de cuatro patas, con esto del Karting hubieran alucinado. El sonido constante a chicharra sostenida, la cercanía de los contendientes de principio a fin, la aparente ingravidez de sus desplazamientos… A diferencia de los cada día más pesados Fórmula 1 los Karts de competición parecen estar atados por un invisible cable USB a una mano que ejecuta los movimientos del cursor de un ratón informático. Pero tanto los aficionados romanos como los del Siglo XXI se enfrentaban a un mismo problema: la crianza de los aurigas, hoy denominados pilotos. Y la mejor forma de entender el proceso de construcción es radiografiar a uno en uno de los momentos clave de su desarrollo: el paso de los Karts a los monoplazas.

    Cambia la potencia, los pesos, las inercias, las fuerzas; cambia la dinámica, las exigencias, la tecnología. Es un salto complejo que requiere de mucho aprendizaje en poco tiempo, de ahí que haya que pertrecharse bien, si no quieres naufragar, y la mejor manera de hacerlo es hacerse con un guía. Si Luke Skywalker estaba repleto de La Fuerza, el que le indicó dónde y cuándo cambiar de marcha no fue otro que el Maestro Yoda. Un tipo que ha participado en tres docenas de Grandes Premios de Fórmula 1 con dos equipos distintos, que ha ganado las 24 Horas de Le Mans, y que tras 17 años en Ferrari es el piloto más longevo en la plantilla de la Scuderia tiene alguna que otra cosa que enseñar. Por eso el padre de Jesse Carrasquedo no dudó un instante cuando le recomendaron que fichase a Marc Gené como asesor y guía de la incipiente carrera velocística de su príncipe heredero.

    Los pilotos esperan para saltar a la pista malagueña.

    El que paga las facturas no puede ocultar sus facciones claramente latinoamericanas. Tez morena, nariz ligeramente aguileña, ojos rasgados. Sentado en la esquina de la carpa habla poco, y mira mucho, ladeado hacia su derecha buscando la comodidad de un sofá que la silla plegable no le concede. Su iPhone de pantalla grande no para de sonar con discreción. Si esto ocurre durante la charla, se disculpa, echa la mano al bolsillo, da unas cortas instrucciones en voz baja, y retorna a la conversación; alguien al otro lado se pondrá a hacer las cosas que Carrasquedo senior decide. De su cuello cuelga una pequeña cadena dorada que sostiene una cruz de color granate. En su muñeca derecha una pulsera con cuentas rojas y negras que tienen aspecto de formar parte de un rosario. Parece un chamán, y en realidad lo es, pero del dinero. Es un asesor financiero de éxito, con clientes, ‘más bien amigos’ dice, como Checo Pérez del que es muy cercano.

    Jesse y su familia son leoneses, pero del León que está en Guanajuato, México. «Puedo hacer mi trabajo desde aquí», afirma con hablar pausado y con una amabilidad propia de un caballero clásico. «Viajo allá —a México— cada mes o mes y medio, veo a gente, arreglo cosas, y me vuelvo. Decidimos venir a vivir aquí. La comida es excelente, la gente muy amable, la atmósfera es excelente y lo mejor para Jesse. Los viajes cansan mucho, se llevan mucho tiempo. Es lo mejor para él. Aquí estamos muy bien». Basados en Bétera, al noroeste de la capital valenciana, se desplazan en un SUV blanco cuando viajan por España. «Siempre suena Luís Miguel. Eso y Mozart, aunque Jesse a veces me pide que le ponga Bon Jovi, pero Luís Miguel es una constante«, y es que lo mexicano tira mucho.

    Jesse empuja su kart en dirección a la pista.

    El catorceañero Jesse es llamado a consultas. Pasa en una décima de segundo de la complicidad con Kilian, su mecánico, a enderezar su espalda, cerrarse el mono que le colgaba hasta la cintura y colocarse la gorra con los colores de sus patrocinadores. Muy profesional. Se acerca, estrecha la mano, y su cara se muestra amable aunque rígida, consciente de que la charla forma parte de su trabajo. Hoy se levantaron a las ocho. La primera salida a pista era a las diez y media y no era necesario pegarse el madrugón. Su madre le preparó un café y unas tostadas en un discreto hotel cercano a la pista. Este año rodaron casi 180 días pero para el chico este es un día más. «Asiste a clase online en un colegio de allá. El Covid ayudó mucho en esto», afirma satisfecho el padre. «Es disciplinado, no protesta, y sabe que hay que estar también en lo otro. Es importante». Es frecuente que los kartistas salten de un equipo a otro y el azteca lleva cinco temporadas con Parolin, algo que deviene en rareza. Resulta obvio que ambas partes se entienden, aunque a finales de año partirán peras. Carrasquedo salta a la Fórmula 4 española y la escudería italiana no tiene una estructura en la categoría.

    El adolescente habla mirando a los ojos, con frases cortas y precisas. No puede evitar sonreír al acabarlas. «Cuando adelanto a otro, eso es lo mejor, es la mayor alegría que me llevo cuando estoy en pista. Me gusta la sensación de adrenalina, los nervios previos, la tensión. Disfruto de todo ello. Lo echo de menos cuando no está». Parece que hablas con alguien que le dobla la edad. Se llama madurez. El año que viene se va a hinchar de rodar y correrá con Campos Racing. «Hablamos con Adrián», el padre queda en silencio, arquea las cejas y baja la cabeza echando de menos al desaparecido valenciano. La mirada extraviada vuelve a la charla, y continúa. «Nos los recomendó Marc y llegamos a un acuerdo rápido. No nos prometió futuro, ni proyectos, ni cosas que podrían ocurrir o no. Hablaba de cosas reales, cifras, acciones, y temas muy pegados a la realidad. No con promesas sino con verdades», explica el mexicano.

    Marc Gené aconseja a su pupilo sobre algunas curvas de la pista.

    Desde entonces Jesse pasa muchas horas en la factoría de Campos. En tiempos recientes la escudería amplió el gimnasio que tienen en la primera planta de sus instalaciones, pusieron a un preparador permanente, y la presencia de los pilotos se ha multiplicado. Es raro no ver a alguno a cualquier hora del día. A veces toca sudar en las máquinas, una tarde se van a hacer escalada, a correr por la playa… pero todos acaban coincidiendo en el simulador. Allí hablan, intercambian información. El chiste se hace solo: es uno de los primeros criaderos de pilotos en cautividad, como una piscifactoría, pero con carreristas.

    Marc Gené entra por la puerta, saluda a todos, y se integra en la charla con un análisis de dos o tres movimientos vistos en pista media hora antes. «En la curva tal no podías adelantar por ahí, y tenías que haberlo hecho en la siguiente por allá, la salida muy bien, en tal curva tienes un problema con la frenada, aquel tipo te achuchó mucho en la vuelta tal…», afirma el ganador de Le Mans. La charla es directa y precisa, dura poco, y al acabarla el catalán se dirige al mecánico de su Kart a preguntar algo. Jesse retoma la charla . «Marc me ha enseñado a ser más agresivo, sobre todo en la gestión de los neumáticos. En monoplazas son muy importantes las primeras vueltas de una goma nueva. Puedes abusar mucho de ellas; es más, hay que hacerlo. La frenada es distinta. Primero frenas muy fuerte, y luego vas sacando el pedal hacia fuera, modulando la energía». El mexicano se esfuerza en no decir llantas a los neumáticos. En su tierra así es como denominan al conjunto. «En monoplazas hay que ser más fino, menos violento con el volante, es muy diferente».

    Padre e hijo charlan con Marc Gené.

    Le avisan, toca salir a pista. Nos retiramos y accedemos a la zona de ingreso en la pista, justo donde una treintena de adolescentes vestidos con atuendos multicolores esperan a subirse a sus mecánicas. Todos están serios, hablan poco. Hay chicas y solo se distinguen por las incipientes curvas y la melena recogida en coleta. Ni mejores ni peores, son uno más en la parrilla. Todos observan con atención las evoluciones en pista de otra categoría. Denotan disciplina, seriedad… profesionalidad, porque esto empieza a dejar de ser un juego. Hacen pequeños grupos, reunidos alrededor de las banderas que muestran en la cintura de su mono. Aunque todos se manejan en inglés o italiano, la lengua común ayuda. Se acerca un fotógrafo y nadie se inmuta; no hay ni gestos, ni bromas. Empiezan a asumir su status de centro de atención.

    Pasa un tipo moreno que les hace un gesto con la mano. Es el mismo que está serigrafiado sobre una bandera alargada verticalmente y que dice algo en francés sobre la seguridad vial. Felipe Massa aún corre pero sus tiempos de Fórmula 1 pasaron. Ahora sustenta un cargo en FIA. Le saludas, le preguntas por su hijo, que también corre. Se encoge de hombros y te dice resignado «fútbol». En el grupo hay finlandeses, rusos, italianos, un chico de rasgos árabes del que no reconoces su bandera, y un… jamaicano. Automáticamente piensas en John Candy y su película del bobsleigh. La prueba anterior acaba y el grupo se prepara para salir. Los aerogeneradores que coronan la loma de enfrente presencian la escena, impávidos, sabiendo que dentro de unos años ellos serán los encargados de impulsar los Karts, y por eso guiñan su luz blanca parpadeante en la parte más alta de su metálico cuerpo.

    A pie de pista, Gené y Jesse comentan trazadas y singularidades del circuito.

    Donde mejor se ven las carreras es desde el bar, al menos en Campillos, porque tienen una terraza con mirador que apunta al asfalto. Los más pequeños dejan sus videojuegos y se disponen a ver la prueba, es importante apuntar hacia donde vas. Aparece Julia Wurz, esposa de Alex Wurz y antigua encargada de prensa en Benetton y Renault. Alex anda por Bahréin, dice, y es que en su familia tienen un problema logístico. No tienen un hijo piloto, sino dos, dos hijos piloto. Tienen que repartirse tareas, funciones… y presupuesto. El piloto de Fórmula 4 Pepe Martí, acompañado de Andreu Romera, que lleva el equipo en esa categoría, se unen a la reunión. Jesse correrá con ellos en 2022. Es más, cumplirá quince años el día de su debut. Su regalo será ese, pero todo esto se complicará.

    La parrilla está a punto, el viento parece querer arrancar la cabellera de Felipe Massa, que pasea por ella con gesto serio y brazos cruzados. Tras haber peleado por títulos en la Fórmula 1 mira la sencillez, la pureza, la verdad de las carreras en el Karting. Arranca la prueba, Gené toma nota mental de lo que hace su pupilo y te dice «eso que ha hecho no lo hacía antes», y sonríe. Han rodado mucho juntos, en pistas como la de Guadix, donde lo hicieron a bordo de un Radical biplaza. Primero se subía uno solo, luego los dos, luego el otro solo para pasar por las mismas curvas, tratando de repetir la trazada. Después se examinaba la telemetría, y se comparaban los resultados. «Cuando has sido piloto les entiendes mucho mejor. Sabes lo que sienten, lo que piensan, comprendes sus capacidades, sus posibilidades. Es muy importante gestionar las emociones. Subido a un coche es un torrente de ellas. Empatizas mucho más», afirma el de Bellaterra.

    El trazado sirve a Jesse y Marc para comentar cómo mejorar los tiempos por vuelta.

    «Es clave saber de quien te rodeas, qué hacer para no equivocarte en las decisiones. Una vez que el exterior ya está bien fijado, sin ser un manager, puedes asesorarle dentro y fuera de la pista. Crear una atmósfera favorable es primordial. Y una vez armado todo eso, se va al llamado ‘racecraft’, cómo se ataca una carrera, cómo se gestiona, qué actitud ha de tener en cada momento. Todo con miras a la búsqueda de la seguridad de sus actos, para que las acciones y decisiones sean las correctas en cada momento». Es importante ser psicólogo y ser algo así como un copiloto. La familia Carrasquedo llama a Marc dos o tres veces por semana para consultas, a veces sencillas y a veces más complejas.

    Marc está dibujando el mejor mapa posible para que un chico prometedor crezca dentro de sí para llegar lejos. Un mal año, al que desembocas debido a malas decisiones, puede condicionar los siguientes… si es que los hay. Una elección errada de equipo, de categoría, un técnico inapropiado o lo que sea puede mandar todo al traste y congelar o derruir una prometedora carrera, sobre todo si no dispones la fluidez de fondos necesaria para sustentar una mala temporada. Al final se trata de aprender, de manera continua, de aquel que hizo el mismo camino, un camino inevitable que está repleto de baches, escalones, piedras, charcos y fango. Siempre será mejor hacerlo de la mano del que ya pasó por él.

    Epílogo

    A la derecha del mirador desde el que se veía todo en Campillos, Málaga, hay un camino de tierra que lleva a los baños públicos de las instalaciones. Una invernal tarde de 2009 alguien le contó al arriba firmante en esos lavabos «menudo salto va a pegar Red Bull esta temporada. Su coche genera carga aerodinámica de forma masiva. Ha crecido la hostia en eso». Hubo más detalles. En 2010 Sebastian Vettel logró su primera corona, y adivinarlo no fue difícil sabiendo esto. A veces te enteras de cosas en los lugares más insospechados. PD: el garganta profunda no se lavó las manos, pero sí, también pasó por el Karting.

    Fotos: José M. Zapico