Formula Vintage Ferrari brinda el cuarto título a Fangio en un gran año para España

A pesar del cambio de equipo, Fangio acertó de plano una vez más y obtuvo su cuarto título. Formula Vintage repasa un 1956 que fue el mejor año de España en la Fórmula 1 del siglo XX, con Paco Godia y Alfonso de Portago.


A pesar de los golpes críticos que había recibido el campeonato en sus 6 años de vida, la muerte de una de sus grandes estrellas y un aura general de negatividad hacia el deporte de motor, la Fórmula 1 seguía adelante. Ferrari y Maserati se repartieron lo mejor que Mercedes dejó atrás en su espantada, los pilotos. Después de un 1955 muy complicado, la Scuderia afrontó una completa remodelación: jubiló sus anticuados modelos y trabajó en los D50 comprados a Lancia, que ofrecieron un gran rendimiento. Para pilotarlo, nadie mejor que Juan Manuel Fangio, al que rodearon de 3 ambiciosos pilotos: Eugenio Castellotti, Luigi Musso (desde Maserati) y Peter Collins, que regresó al Mundial tras ser segundo en Le Mans. Este año repetiría segunda posición junto a Stirling Moss, que fue la contratación estrella de Maserati al no encontrar un coche británico competitivo, Le acompañarían Jean Behra y Cesare Perdisa, sustituto de un Roberto Mieres que, tras quedarse sin apoyo económico por el derrocamiento del presidente argentino Juan Perón, se había entregado a su otra gran pasión, la vela.

Gordini, que atravesaba problemas financieros, alineó a Robert Manzon y Nano da Silva Ramos, y puso en liza el T32, su primer monoplaza específicamente diseñado para el campeonato, que luciría el último L8 visto en Fórmula 1. Por último, Vanwall se lanzó a competir el año entero con su propio coche (VW 2) y motor (L4), calzando Pirelli. Maurice Trintignant, desde Ferrari, fue su fichaje estrella, junto a Harry Schell. BRM también planeó participar todo el año, con Mike Hawthorn y el debutante Tony Brooks como pilotos, pero sus compromisos con Le Mans y varios retrasos sólo les permitieron aparecer de forma esporádica. Además, Louis Rosier y Horace Gould fueron los únicos privados que compitieron con regularidad, en sus propios Maseratis. La gran ausencia, aparte de Mieres, fue Karl Kling, que pasó a ser jefe de motorsport de Mercedes para sus actividades en los rallies. Todos los países que cancelaron su Gran Premio el año anterior fueron incluídos de nuevo en el calendario a excepción de Suiza que había prohibido las competiciones de motor.

Ni Gordini ni Vanwall estuvieron presentes en Argentina, donde Maserati, que aún no había firmado a Perdisa, llevó cuatro coches extra para los locales José Froilán González y Carlos Menditeguy, y otro compartido entre el brasileño Chico Landi y el italiano Gerino Gerini, que acabarían cuartos. BRM, además, alineó un Maserati para Hawthorn, al no tener su coche listo. Así, los escasos 13 coches de la parrilla eran todos italianos. Los “Lancia-Ferrari” dominaron, y Fangio logró la pole con más de dos segundos de ventaja sobre Castellotti, Musso y Behra, pero una mala salida le complicó el día. Un sorprendente Menditeguy, que salía sexto, se puso lider en la vuelta 4, y aguantó a González, Castellotti, Fangio y Moss hasta sufrir una avería en la vuelta 42.

Poco antes, González, Fangio y Castellotti también abandonaron por problemas mecánicos, aunque Fangio se subió al coche de Musso. Tras un primer intento que acabó en trompo, pudo adelantar a Behra y atacar a Moss, pasando al británico a 30 vueltas del final para estrenarse con Ferrari en lo más alto, compartiendo el triunfo con Musso, a pesar de una reclamación de Maserati por asistencia ilegal al argentino tras su trompo. El motor de Moss llevaba varias vueltas humeando por una fuga de aceite y terminó por romperse poco después de que le pasase Behra, líder del campeonato, que acabó por delante de Hawthorn, mientras Olivier Gendebien, reserva de la Scuderia, sumaba dos puntos con el quinto coche. En primavera, durante el largo periodo de espera entre los Grandes Premios de Argentina y Mónaco, los organizadores de las carreras de Holanda (junio) y España (octubre), ambos con apuros económicos, cancelaron sus eventos.

Los coches de BRM hicieron su aparición en Mónaco, pero ni Hawthorn ni Brooks lograrían empezar la prueba por problemas mecánicos severos. Fangio repitió pole, pero Moss le pasó en la salida y el argentino se fue largo en Santa Devota, donde Schell y Musso colisionaron intentando esquivarle. Volvió a pista en quinto lugar. Por delante, Collins no era rival para un Moss intratable, y se apartó en la vuelta 28 para que pasara Fangio. El argentino, en bastante baja forma aquel día, golpeó las protecciones en la chicane y cedió su asiento a Castellotti, que quedaría cuarto con el coche reparado sobre Da Silva Ramos. El joven Collins, siguiendo órdenes, se bajó 20 vueltas después para que Fangio se subiera al coche, ante la furia de la prensa británica, que criticó duramente al argentino por éste hecho. Más inspirado, se fue a por Moss. El británico perdía dos segundos por vuelta después de chocar con su compañero Perdisa, al que le fallaron los frenos, al intentar doblarle, pero logró vencer con seis segundos de ventaja. Behra fue tercero y retuvo el liderato del Mundial.

Giuseppe Farina regresó para correr las 500 millas de Indianápolis con un Ferrari, pero se quedó con las ganas tras no estar en los primeros días de clasificación y encontrarse con una lluvia torrencial cuando apareció. El circo se movió a Bélgica, sin BRM, Gordini ni Luigi Musso, que se ausentó 3 carreras por un accidente en Nürburgring. Fangio se había mostrado visiblemente molesto con que Ferrari no le proclamase como el número 1 del equipo, y sospechaba de sus mecánicos, aunque eso no le impidió lograr la pole con una vuelta estratosférica, 5 segundos más rápida que la de Moss y Collins. Bajo una intensa lluvia, cayó al quinto puesto en la salida, pero en la vuelta 5 ya era líder y pronto dejó de llover. En la vuelta 24, sin embargo, le falló la suspensión y tuvo que ceder el liderato a Collins. Esta vez, no se subió a su coche, y el británico logró su primer triunfo.

Behra ocupaba puestos de podio hasta que un fallo en el motor a seis vueltas del final le hizo quedar séptimo, por lo que Collins empataba al frente de la general con Moss. Este perdió una rueda en la vuelta 10 subiendo Eau Rouge, aunque sin chocar con nada. Esprintó a pie para volver a boxes y cogió el coche de Perdisa, con el que acabó tercero sobre Schell y Villoresi. Por delante, el periodista-piloto Paul Frére, sustituto de Musso en esta carrera, aprovechó los abandonos para ser segundo ante su afición en el que sería su último GP. Además, fue el primero como cuarto piloto oficial en Maserati para Paco Godia. El barcelonés clasificó 13º en una parrilla de 15, pero sufrió un accidente en la lluviosa primera vuelta.


En el regreso de la Fórmula 1 a la largas rectas de Reims, la noticia fue la entrada de Bugatti, que pretendía recuperar la gloria de pasadas décadas con el T251 (motor L8, neumáticos Englebert) pilotado por Trintignant, con permiso de Vanwall. Le sustituyó Hawthorn, aún sin su BRM y desesperado por los lentos Maserati privados. Maserati sufrió en el trazado galo, siendo superados hasta por Vanwall, y Ferrari copó la primera línea, con Fangio, Castellotti y Collins, quienes dominaron la prueba al principio. A mitad de carrera, Schell se subió al Vanwall de Hawthorn, dio caza a los Ferrari y pasó a Castellotti y Collins, que pensaban que era Hawthorn desdoblándose. Cuando el equipo se percató, Fangio puso tierra de por medio y los Ferrari le repasaron, tras lo cual problemas en el depósito le hundieron. Fangio también sufrió una fuga, y tuvo que realizar un largo pit stop, perdiendo toda opción de victoria. Acabó cuarto tras un Behra que aguantó sus ataques. Collins atacó a Castellotti y se adelantaron entre sí algunas vueltas hasta que Ferrari les ordenó mantener posiciones, con lo que Collins, el tímido británico de 24 años que admitía correr sólo por diversión, logró su segunda victoria. Moss, que tuvo que coger el coche de Perdisa, sólo pudo ser quinto.

Con Musso aún fuera de combate, Ferrari había contratado a Alfonso de Portago, un noble español de vida alocada cuyas grandes pasiones eran el bobsleigh y los coches de carreras. En una parrilla de 20 coches, clasificó en noveno lugar, y se puso cuarto en la vuelta 12, pero rompió la caja de cambios en la 20 cuando alcanzaba a sus compañeros. Godia, por su parte, logró terminar en una buena séptima posición tras salir 17º. Bugatti, por otro lado, fracasó estrepitosamente. Trintignant clasificó 18º y abandonó en la vuelta 16 por culpa del acelerador. El dueño de la marca perdió el interés en desarrollar el coche, y ésta pasó a la historia como la única aparición de Bugatti en Fórmula 1. Como nota curiosa, Vanwall puso un tercer coche para Colin Chapman, que años más tarde sería el diseñador de los Lotus que dominaron la Fórmula 1 en los 60. Clasificó en un sorprendente quinto puesto, pero un accidente en los entrenamientos con Hawthorn, a quien había batido por dos décimas, le impidió empezar la carrera.

Silverstone volvía a ser sede del GP del Reino Unido, y la expectación por ver al líder Peter Collins era máxima. El trazado seguía sin medir los tiempos a la décima, y Moss logró la pole con el mismo tiempo que Fangio, un 1:41. Hawthorn metió su BRM en tercer lugar, por delante de Collins, y se puso al frente en la salida junto a su compañero Brooks. Fangio sobrepasó a Brooks, pero trompeó poco después. Moss pasó más tarde a los BRM, a los que les abandonó la mecánica: Hawthorn sufrió un problema en la transmisión y Brooks, que ya era quinto por un problema mecánico y un trompo, sufrió un espectacular accidente en el que salió despedido, sufriendo sólo una conmoción y una mandíbula rota. Tras una rotura en el depósito del Maserati privado de Roy Salvadori, Fangio se puso segundo, y pasó a liderar la prueba cuando Moss tuvo que parar al sufrir una pérdida repentina de potencia. A pesar de estar muy mermado tras sufrir altas fiebres los días previos, y de sentirse “muerto físicamente”, Fangio logró una importantísima victoria.

Moss, que tenía el punto de la vuelta rápida, rompió el eje de la transmisión a sólo seis giros del final, enterrando sus opciones de título. Collins tuvo que abandonar por un problema de presión de aceite, cediendo la posición de podio a De Portago, que había remontado desde la 12ª posición. Para minimizar la pérdida de puntos con Fangio, Collins se subió al coche del español a 20 vueltas del final, y el abandono de Moss les brindó la segunda posición, a una vuelta de Fangio. De Portago, por tanto, logró el que fue el único podio de un piloto español en la Fórmula 1 durante 47 años. El Marqués acabó la carrera con estilo: pidió acabar la carrera en el dañado coche de Eugenio Castellotti, se le averió a ocho vueltas del final, lo empujó hasta la meta, y esperó a que cayese la bandera a cuadros fumándose un cigarrillo. Jean Behra completó el podio por delante del Connaught de Jack Fairman y de Horace Gould, y se agarraba a sus opciones de título, a 4 puntos de Collins y a 3 de Fangio. Paco Godia, que clasificó 25º en una parrilla de 28, rodó toda la carrera en la parte baja y aprovechó los abandonos para terminar octavo.


Con la pelea por el título en todo lo alto, llegó el Nordschleife. Vanwall se ausentó para investigar un problema con los tanques de gasolina, y tampoco viajó BRM, dejando que Maserati y Ferrari se enfrentasen sin intromisiones. Fangio, que contrató a sus propios mecánicos al desconfiar de los de Ferrari, y Collins protagonizaron una enorme pelea por la pole que ganó el argentino por 3 décimas tras casi 10 minutos de vuelta. Collins adelantó en la salida a Fangio, pero el argentino recuperaría el liderato en esa misma vuelta y terminó llevándose la victoria y su segundo Grand Chelem. Fue un día horrible para Collins, cuyos problemas brindaron el podio a Moss y Behra: sufrió una rotura de un conducto de gasolina en la vuelta 8, y los humos vertidos al cockpit le hicieron llegar a boxes casi desmayado. Tras recuperarse, se subió al coche de De Portago, que iba cuarto tras salir décimo, y llegó a ponerse tercero, pero cometió un extraño error que le hizo trompear y abandonar.

Solo 6 coches cruzaron la meta, y uno de ellos fue el de Paco Godia. 16º en una parrilla de 22, Godia terminó inicialmente quinto y penúltimo, sumando sus primeros puntos, pero el Maserati privado de Bruce Halford fue descalificado por asistencia externa, promocionando a Godia a una fantástica cuarta posición. Louis Rosier acabó último, pero logró puntuar por primera vez en cinco años, en el que sería su último Gran Premio. Tras acabar la temporada, en una carrera de deportivos en Montlhéry en la que impuso Paco Godia, el francés tuvo un grave accidente. Aunque no sufrió lesiones ni perdió la consciencia, una astilla del parabrisas le hirió en el cuello, lo que le costó la vida 3 semanas después.

Por primera vez en cinco años, el título se decidiría en la última carrera, aunque Fangio lo tenía al alcance de la mano. Le bastaba con terminar entre los cinco primeros o marcar la vuelta rápida, e incluso aunque no lo lograse, Collins necesitaría ganar y hacer vuelta rápida para batirle. El argentino no quería sorpresas y logró la pole en Monza. mientras que Collins sólo pudo ser séptimo tras fallar en su mejor vuelta. Fangio aconsejó a sus compañeros Castellotti y Musso, que salían junto a él, que conservaran ruedas y le dejaran marcar el ritmo; al final de la carrera, él se dejaría pasar para que uno de los dos ganase. Estos le ignoraron y le adelantaron en la salida, pero se pasaron de agresivos y destrozaron las ruedas en apenas 4 vueltas, con lo que Moss, Schell, Fangio y Collins formaron un grupo en cabeza al que Musso se unió poco después. En la vuelta 18, Fangio sufrió una rotura en la dirección, y la reparación le hizo perder numerosos puestos. Sin opciones de puntuar, cedió su coche a Castellotti esperando subirse al de Musso. Sin embargo, al parar en boxes, el italiano se negó y continuó la carrera, poniéndose segundo tras el abandono de Schell.

Situado en tercer lugar, Collins estaba en una situación ideal para intentar ir a por Moss y ganar el campeonato. Pero no lo hizo. A 15 vueltas del final, paró a por ruedas nuevas, vio a Fangio y sin mediar palabra le ofreció su coche, ante el júbilo del argentino, que nunca olvidaría este gesto. Moss estuvo a punto de perder la victoria al quedarse sin gasolina a cinco vueltas del final, y ser empujado literalmente a boxes por el Maserati privado de Luigi Piotti, pero a Musso se le rompió la dirección en el peralte 2 giros después, y Moss repitió como subcampeón con su segundo triunfo del año. Fangio terminó segundo en el coche de Collins, que acabó tercero en la general, y ambos se ganaron las alabanzas del mundo entero. El británico explicó que no quería convertirse tan pronto en una celebridad, que eso haría que pilotar ya no fuese divertido y que tenía tiempo de sobra para ser campeón.

Los múltiples abandonos permitieron que Ron Flockhart, que ganó las 24 horas de Le Mans ese año y repetiría al año siguiente, acabase en el podio con un Connaught. Paco Godia, que salía 17º, tuvo una oportunidad de oro de subir al podio, ya que fue por delante de Flockhart hasta la vuelta 18. Se contentó con otro cuarto puesto sobre Fairman, lo que le permitió terminar el campeonato en sexta posición. Por su parte, De Portago, noveno en parrilla, abandonó pronto al sufrir un pinchazo en el peralte. Completaron, así, el que fue el mejor año de España en la Fórmula 1 hasta 2003. Ésta fue, además, la última carrera para algunos de los mejores secundarios de lujo de principios de década, como Luigi Villoresi (Maserati, en lugar de Perdisa), Piero Taruffi (tercer coche de Vanwall) y Robert Manzon (Gordini).

El campeón fue el mismo que los dos años anteriores, y no sin mérito suyo. Fangio volvió a hacer una jugada maestra al irse a Ferrari, que sacó el máximo partido a los Lancia para ser el mejor equipo del año. Sin apabullar como Mercedes, marcaron la diferencia: sólo Maserati habría rivalizado con ellos por un hipotético campeonato de constructores, a 8 puntos. Aún así, fue un año complicado y controvertido para el argentino, que no habría sido campeón de no ser por la inmensa deportividad de Peter Collins. La influencia británica empezaba a ser notoria en la parrilla, tanto en coches como en pilotos, una tendencia que no había hecho más que empezar.

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CLASIFICACIÓN DEL CAMPEONATO DE PILOTOS (excluyendo resultados de las 500 millas de Indianápolis):

Juan Manuel FangioFerrari30
Stirling MossMaserati27
Peter CollinsFerrari25
Jean BehraMaserati22
Eugenio CastellottiFerrari7,5
Paul FréreFerrari6
-PACO GODIAMaserati6
Jack FairmanConnaught5
Luigi MussoFerrari4
-Mike HawthornMaserati / Vanwall / BRM4
-Ron FlockhartConnaught / BRM4
12ºALFONSO DE PORTAGOFerrari3
-Cesare PerdisaMaserati3
-Harry SchellVanwall / Maserati3
15ºLouis RosierMaserati2
-Luigi VilloresiMaserati2
-Hermano da Silva RamosGordini2
-Horace GouldMaserati2
-Olivier GendebienFerrari2
20ºGerino GeriniMaserati1,5
-Chico LandiMaserati1,5

Sin puntos (con, al menos, dos Grandes Premios disputados): André Pilette (Ferrari / Gordini), Luigi Piotti (Maserati), Robert Manzon (Gordini), André Simon (Gordini / Maserati), Roy Salvadori (Maserati), Maurice Trintignant (Vanwall / Bugatti), Umberto Maglioli (Maserati), Bruce Halford (Maserati), José Froilán González (Maserati / Vanwall) y Piero Taruffi (Maserati / Vanwall).

Fotos: Maserati / uncredited images

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